“El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que Él le agrada. Aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano.” Salmo 37 23 24. Muchas veces en medio de este camino he sido atormentada por la idea de caer. Una vez que el Señor me quitó la venda de los ojos y pude ver mis pecados y mis errores he luchado mucho por no volver a caer en ellos. Es cierto que la lucha es 50/50, tenemos que esforzarnos por cambiar pero también dejar que el Señor nos cambie. Ahora a más de un año y medio en la lucha puedo verlo como un entrenamiento. ¿Pero un entrenamiento a qué? ¿Han visto aquellos atletas que se esfuerzan por llegar a las olimpiadas? Ellos practican, hacen cambios en su rutina, entrenamientos, dietas especiales, vitaminas (metafóricamente el cambio que tratamos de hacer), pero llega el momento de la carrera (las pruebas o circunstancias). A mi particularmente me ha pasado que yo he creído en mi cambio y resulta que cuando llega una circunstancias por más que hago el esfuerzo por quedarme callada o no reaccionar de la manera diferente, vuelvo a caer en lo mismo. Ha eso le llamo exactamente caer. Antes me atormentaba sobremanera y me sentía que había fracasado en mi esfuerzo. Por alguna razón solía creer que ahora que había fallado se iba retrasar aún más el regreso de mi esposo. “El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que Él le agrada. Aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano.” Salmo 37 23 24. Ahora me doy cuenta lo equivocada que estaba. Estas caídas no solo son necesarias sino además enriquecedoras. Al igual que aquel atleta, estás caídas no nos hacen más que recordarnos que aún no estamos listos y nos enseñan qué punto es el que debemos reforzar. Quiero resaltar un punto muy importante para mí. Sí está permitido llorar, está permitido clamar, ésta permitido dudar, pero es ahí cuando vamos a necesitar más de aquel entrenamiento para volver a levantarnos, no solo dejar de llorar, dejar de dudar, sino para construir la certeza, construir la confianza, construir la fe. Porque la fe de ustedes es como el oro: “su calidad de be ser probada por medio del fuego.” La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca. 1 Pedro: 7 Hay una cosa más importante aún que la caída y es el levantarse. Es tu decisión el rendirte y quedarte en el suelo después de tropezar (eso quiere decir que no estuviste muy preparado, que falta más rosarios, más Santísimo, más Biblia, más qué? (Solo tú lo sabes) o darte cuenta que es tiempo de volver a levantarte y de andar. “Pues el Señor ama la justicia y no abandona a quienes le son fieles.” Salmo 37:28. Hoy miro atrás y me doy cuenta lo valiosa que ha sido cada caída en esta lucha, sin ella definitivamente no podría haber llegado hasta donde estoy. Ahora, aún sigo cayendo, ahora aún sigo llorando y ahora estoy segura que las pruebas siempre se van a dar. ¿Saben cuál es la diferencia? Las caídas nos van enseñando a levantarnos con mayor rapidez, a no verlas como fracasos sino darnos cuenta de la importancia de ellas en nuestro desarrollo y avance personal, a tener fe y creer en las promesas del Señor a pesar de las circunstancias. Escogí este tema porque personas en el grupo me han dicho ‘como me gustaría tener la fe, o la confianza que ustedes tienen’. Quiero decirles a todas esas personas y sobre todo a los nuevos que ninguno de nosotros somos superhéroes, que está fe que ahora podemos tener (y estoy convencida que aún me falta mucho camino por recoger para que esa fe sea lo suficientemente fuerte) solo es el resultado de las caídas. Entonces ¿qué vas a hacer con esa caída que tienes hoy? Sácale el mejor provecho, aprende a caer pero sobre todo aprende a levantarte. “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo a Él en todos tus caminos y El allanará tus senderos, no seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal”: eso será un remedio para tu carne y savia para tus huesos. “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todas tus ganancias: así tus graneros se llenarán de trigo y tus lagares desbordarán de vino nuevo.” Proverbios 3:5 10. Muchas bendiciones para todos ustedes. Miembro de JSMF.