Queridos hermanos: Les escribo, en nombre de Cristo Jesús, sabemos que muchos de los que aquí estamos, les ha tocado pasar duras pruebas, en su fe, a su fidelidad, a su perseverancia, tal vez, en algún momento, por la rudeza de su prueba (solicitud de separación, divorcio, etc.), o tal vez, ver que el tiempo, los meses, años transcurren y no se ven visos de restauración y se han sentido, tristes, confundidos, con muchas interrogantes, porque como se ven las cosas, no las entienden, no llegan a comprender por qué o para qué, Dios ha permitido todo lo que están viviendo, sienten que Dios no ha tomado en cuenta sus oraciones, sus sacrificios, su entrega a Él, hasta han llegado a pensar o sentir que tal vez, confundieron el mensaje de Dios, y creyeron que les hablaba de una restauración pronta de sus matrimonios y no era así, y esto los ha llevado a preguntarse si deben seguir luchando por sus matrimonios, si vale realmente la pena, hacerlo. Les aseguro hermanos, que nada de lo que ustedes piensan o sienten es cierto, no se dejen confundir, ¿que sí vale la pena continuar en la lucha?, ¡por supuesto que sí!, ¿que si Dios no tomó en cuenta su esfuerzo?, desde luego que sí, Dios ha valorado y valora todo el esfuerzo que cada uno de ustedes ha realizado y realiza en pro de la conversión propia, de sus cónyuges, la restauración de sus matrimonios y el tratar de ser testimonio vivo, para que todo aquel que no crea en Él, se convierta. “Porque Dios los eligió desde el principio para que fueran salvados mediante la fe verdadera y la santificación que procede del Espíritu.” (2Tes.2, 15) Este mundo terrenal, hermanos queridos, como ya sabemos, es gobernado por el príncipe de las tinieblas, por satanás y sus huestes, y como tal, como dueños de esta vida terrenal, van a tratar de mostrarles todo lo negativo, con el único afán de hacerlos retroceder lo avanzado en el camino hacia Dios, ¡no se dejen engañar!, no dejen que el enemigo se goza en vuestro sufrimiento, más bien, gócense ustedes en su sufrimiento con Cristo, porque han vencido con Cristo, porque Él ya murió en la cruz, y derramó su sangre por nuestra salvación, la de sus cónyuges, la de nuestras familias.”

“Vosotros, hijos míos, sois de Dios y los habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo.” (Jn.4,4) “Por eso, hermanos, manténganse firmes y guarden fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra o por carta. Que los anime el propio Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios nuestro Padre, que nos ha amado, dándonos en su misericordia un consuelo eterno y una esperanza feliz, los animará interiormente a todos y los hará progresar en toda obra buena y todo conocimiento valioso.” (2Tes.2, 15 17) Y para terminar, les pido que sean pacientes y sepan ¡esperar en Dios!, porque como dice su Palabra: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: “Su tiempo el nacer y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. Su tiempo el matar y su tiempo el sanar: Su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar. Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír, su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; Su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse. Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; Su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar, Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; Su tiempo el callar, y su tiempo el hablar. Su tiempo el amar y su tiempo el odiar; Su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. (Ec.3, 1 8) Lo que es ya antes fue; lo que será ya es. Y Dios restaura lo pasado. (Ec.3, 15) ¡Animo!, ¡arriba esos corazones! En esto consiste la confianza que tenemos en Él: en que si le pedimos algo según su Voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido. (Jn.5,14 15) Los amo, en el amor del Señor, reciban un abrazo en Cristo Jesús y María.