Queridos hermanos, hace mucho tiempo que no escribo, aunque procuro estar al corriente en los correos, quiero contarles un poco de lo que Dios está obrando en mi vida, en mi esposo y en mi familia. Hace más de 12 años que mi esposo y yo vivimos en la misma casa, pero no como marido y mujer, sino como compañeros, sin embargo la relación cada vez se hizo más difícil al grado que apenas nos hablamos, y cuando mi esposo me dirigía la palabra lo hacía casi siempre con coraje, hubo muchos desplantes, gritos, insultos, desilusión, malos tratos, cada quien hacía su vida, pero aparentemente para los demás tanto familiares como conocidos y amigos mi esposo y yo teníamos una relación “normal”. La verdad ya era insoportable vivir juntos. Yo le pedía a Dios que nos ayudara, de mil formas se lo imploré.

Un día ya hace como tres años, buscando en la red, encontré la página de JSMF, y empecé a hacer todos los pasos, sin embargo, no pasaba nada, creo que hasta estaban peor las cosas, pero yo seguía firme en la promesa de Dios, solo le pedía fortaleza, lloraba por dentro.

Hace 11 días tuvimos una fuerte discusión, de las más fuertes que habíamos tenido, al punto que me dijo que nos divorciábamos, seguimos gritándonos hablando y no sé qué pasó, que de repente todo se calmó, dejo de reclamar y cambio el tema, me dijo que a pesar de todo este tiempo, de todos los años que habíamos estado viviendo así, él todavía me quería y que quería que lo intentáramos, fue algo extraordinario, su mirada era otra, de veras, es otra, sin coraje, ni resentimiento, me dijo que sabía que era muy difícil pero que lo intentáramos los dos, que construyéramos de nuevo nuestro amor, me abrazó con amor, lloró, y correspondí a su abrazo, no pude más que decirle que SI que lo intentáramos y pues ahí vamos.

Aunque todo está bien, quisiera que estuviéramos mucho mejor, le sigo pidiendo a Dios que no nos deje. No sé cómo explicarlo, es verdad que Dios hace milagros, no se imaginan mi cara de asombro después de estar a grito abierto los dos, de repente, después de tantos años recibo un abrazo de mi esposo, un abrazo con amor. Su mirada es diferente, sus palabras, todo va tan bien en el nombre de Dios. Crean, confíen, sigan en la lucha, Dios sabe cuándo y cómo. Ustedes, este ministerio y todos los matrimonios del mundo, están en mis oraciones. Jesús en Ti confío.