le dijeron, ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar, ¡Silencio! ¡Cállate!. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo, ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?. San Marcos 4,35-41.