Nuestro Sumo Sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que, a El, no lo llevaron al pecado. Por lo tanto, acerquémonos a Dios, dispensador de la gracia; conseguiremos su misericordia y, por su favor, recibiremos ayuda en el momento oportuno. Hebreos 4,15-16