El mandamiento del Señor es puro y llena los ojos de luz. Quítale el orgullo a tu siervo; no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha; estaré libre de gran pecado. Sean aceptables a tus ojos mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, refugio y libertador mío. Salmo 19,7-8,13-14