Quien no ha querido servir a Dios como El lo merece? Espero que todos y si aun no les ha sucedido, confió en que les suceda pronto. Por estos días he estado leyendo la vida de San Agustín y algunos apartes de su obra. Me ha impresionado su inteligencia, la capacidad de verse a si mismo y el detalle con que logra escribir sobre su evolución en el camino de la Fe. Pero saben, lo que mas me atrae de este excepcional santo, es que camino por el bajo mundo de las pasiones pero, aun en su terquedad, no perdía de vista a Dios. Me parece estar viendo en muchos de nosotros y nuestros cónyuges parte de esas luchas que libró San Agustín, que sabia que debía alejarse de las tentaciones y le pedía a Dios que le diera la castidad pero aún no. Ese deseo inmenso se seguir a Cristo pero estando tan aferrado al mundo que no lo dejaba avanzar y aun de toda esa debilidad de valió Dios para sacar un santo como pocos. Me pareció muy indicado traer el tema de San Agustín y sus luchas al editorial de esta semana porque soy consiente de que la vida no es fácil, mantenerse en pie cuando la corriente quiere tragarte, no es fácil. Cada uno de nosotros tiene una lucha diaria, unos días peleamos mas que otros pero igual nuestro Señor sabe que estamos ahí, sabemos que el nos contempla y tenemos la firme confianza de que a El llegaremos. A San Agustín lo sostuvo, además de la Divina Providencia, las oraciones de su madre. Tremendo consuelo para nosotros saber que la oración de los demás si obra en nuestra vida aunque no en el tiempo que quisiéramos, pero si en el de Dios. La invitación hermanitos es a no dejarnos caer y si caemos pues a levantarnos lo antes posible, sacudirnos el polvo y seguir, con la firme intención de ver el rostro de Jesús algún día. Al fin y al cabo quien puede decirle a Dios que debe y que no debe hacer? Afortunadamente nadie y por eso el llamado a ser santos es para todos, por que la medida la da el amor. Miembro JSMF.