¿De dónde vienen los conflictos? (Santiago 4) “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?” Qué interesante reflexión que nos dicta la Palabra en Santiago 4, es muy preciso levantarnos en meditación cada día y examinar ciertas conductas que, lejos de dejarnos avanzar en el camino de la conversión y restauración, nos detienen, nos estancan, nos distraen, nos paralizan. Si buscamos la definición de malas o buenas pasiones encontraremos que: San Agustín sostuvo que las pasiones buenas o malas se distinguen por la intensión de quien la posee: Si la voluntad es buena serán buenas pasiones, si por el contrario la voluntad es mala serán malas pasiones. En la Biblia nos hablan de pasiones vergonzosas, estas que vienen de la lujuria, nos habla de bajas pasiones, las que vienen de malos deseos y de la avaricia, hablan de propias pasiones, es decir lejos de ser para ayudar al prójimo o de dar un equilibrio vienen a satisfacer nuestro propio deseo, convirtiéndose en un sentimiento neto proveniente del egoísmo etc. Es muy difícil dejar el molde del mundo y caminar en el espíritu, pero esto será una de las vías a llegar a ese equilibrio y ese cambio en nuestras vidas. Dice el texto bíblico: “Desean algo y no lo consiguen, matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren, riñen y se hacen la guerra, no tienen, porque no piden. Que sencillo, no tenemos porque no pedimos, pareciera fácil, pero esta frase tiene un profundidad, un más allá, de concebir simplemente lo que desean nuestros corazones. En nuestro caminar, los cambios en nosotros deben ser notables ante nosotros y otros, creo que uno de los primeros cambios al reconocernos pecadores, al reconocer nuestra ofensa a Dios, es la humildad y la tolerancia, seguido a esto y casi inmediatamente cambia el tono de nuestro hablar, cambia la conducta y la manera impulsiva de actuar. Siempre en nuestra nueva naturaleza se querrá colar la vieja naturaleza, dependerá de nosotros y nuestra posición ante Dios de mantenernos y avanzar al cambio de nuestros corazones, no por méritos propios sino por la gracia de Dios. Ahora bien ¿qué nos dice Santiago sobre lo que pedimos? “Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” Es claro, si no detectamos en primer lugar que nuestro punto de vista, conducta y proceder está dando pie a división, a discordias, a disputas en nuestros hogares o en nuestra vida, si esto no lo podemos ver, no podremos examinar de donde están viniendo nuestras pasiones, tal como lo dice San Agustín identificando la voluntad en primer lugar para conocer si son pasiones buenas o en su defecto malas pasiones. Este es el primer punto de inicio al nosotros pedir a Dios Padre en oración por nuestras intenciones, punto clave en realidad para que una oración sea del agrado de Dios y conforme a su Voluntad, sin embargo, siento que buena o mala nuestra oración, obtendremos una respuesta, pues Dios quiere disciplinarnos, y estoy segura que nos mostrará siempre el error o la confusión, lo que quiere decir que habrá una respuesta siempre de parte del Señor, ahora bien, nuestro principal interés es que en nuestra vidas se realice la Voluntad del Padre, que es la perfecta, para ello debemos meditar a diario nuestras intenciones, nuestro proceder, nuestras oraciones, nuestro deseo. “Así que sométanse a Dios, resistan al diablo y él huirá de ustedes.” Acérquense a Dios, y El se acercará a ustedes. Esta será la manera de seguir cambiando esta actitud que nos sembró el mundo, mientras estábamos amoldados a El, el engaño por tanto tiempo es difícil de cambiar, pero la Palabra de Dios nos hará libres. Siendo doloroso o no, esta transformación será en completo beneficio personal y familiar, siendo difícil o no, esta renovación mental será siempre agradable a Dios, es decir, nada que perder lo contrario, lo que para el mundo parece una perdida para Dios Padre en unión a Cristo Jesús es ganancia, en cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz. (Santiago 3,17) Si queremos ser sabios, debemos pedirle a Dios sabiduría y comportarnos como sabios, esta sabiduría debe ser: pacifica, bondadosa, dócil, llena de compasión, de buenos frutos, imparcial y sincera, y esto solo se puede sembrar en paz para los que quieren y hacen la paz que tanto necesitamos en cada una de nuestra relaciones en especial en nuestro matrimonios. “Habrá paz cuando se siembre, y las vides darán su fruto; la tierra producirá sus cosechas y el cielo enviará su rocío. Todo esto se lo daré como herencia al remanente de este pueblo.”(Zacarías 8,12.)

Oremos: Señor llénanos de tu Santo Espíritu para tener siempre una meditación de tu Palabra, para que cada día conozcamos más que nos está impidiendo acercarnos a Ti y a nuestras familias, danos Señor la sabiduría, la perseverancia, la fortaleza para cambiar todo aquello que no es agradable a Ti, para que conforme a Tu Voluntad podamos vivir en un matrimonio restaurado y una familia renovada en el nombre poderoso de Tu Amado hijo Jesús .Amén. Bendiciones. Miembro de JSMF.