Llevo 45 años de matrimonio con mi amada esposa Hortensia, nos casamos en Agosto 01 de 1.970,  pero los primeros diez y siete años fueron un desastre. Después fue en menor proporción pero continuaba en el error. Fui el esposo infiel por excelencia, exageradamente promiscuo. Como era un empresario exitoso, abusé del poder de mi posición y del dinero, que me estaba llevando a la perdición. Era un alcohólico porque bebía continuamente y a veces varios días seguidos, mi esposa sufría mucho y me atacaba, con palabras,  cada vez que llegaba ebrio a mi hogar. Nunca fuimos violentos de hecho, pero sí de palabra.

El 4 de Febrero de 1.987 me declaré enfermo alcohólico en el Grupo Internacional de Alcohólicos Anónimos de Bogotá D.C. A partir de esa fecha no volví a beber, pero durante muchos años continuaba con los defectos de carácter, propios del alcohólico activo, aunque no bebía, continuaba visitando las discotecas con mujeres, ellas bebían yo no. Así continuaba cayendo en la adicción de la carne. Llegó el momento en que no regresé a las discotecas, pero cometía mi adulterio en el día, para llegar temprano a mi hogar y cumplía con mi esposa en todos los aspectos. Los días que iba a buscar a mi esposa, me cuidaba desde dos días antes para no fallarle. Nuestra relación matrimonial empezó a cambiar favorablemente desde ese momento, pero yo no era coherente con lo que hacía ante ella.

Estaba preparando un libro que se iba a llamar el Manual del Infiel, explicando las diferentes estrategias que utilizaba para que, mi esposa, no me descubriera, ella desconfiaba pero yo me cuidaba de darle evidencias. Lo que si hice fue cuidarme para no llevarle una enfermedad a mi esposa y para evitar embarazar a alguna chica, como tampoco se me cruzó por mi mente abandonar el hogar ni mantener a otra mujer, que no fuera mi esposa. Cuando tomé la decisión de cambio, desistí de publicar semejante libro del demonio, porque tenía reglas para hacer más difícil detectar, la infidelidad,  por la esposa. En ese desorden continué por muchos años más, pero cada vez con menos intensidad y fue cuando tuve el encuentro con Jesús. Aun así continuaba cayendo, pero me levantaba. Mientras estuve en el pecado del adulterio y después de mi encuentro conmigo mismo y con Jesús, decidí no soltarme de la mano de mi Señor, diciéndole cada día: “Señor dame la fortaleza en tu Santo Espíritu, para salir de este abismo en el que estoy”. Pero como el camino de conversión no es así, como algo mágico, es un proceso que dura toda la vida, son etapas que se van cumpliendo, hasta que el Señor no saca del pecado con Su misericordia y Su amor infinitos.

Un día decidí buscar la felicidad dentro de mí y tomé la decisión de ser feliz con mi esposa, porque la felicidad es decisión personal y cuando se toma, Cristo está allí para ayudarnos y apoyarnos en nuestra decisión, porque Dios no hace por nosotros, lo que debemos hacer. Como es tomar decisiones, porque Él respeta nuestro libre albedrío. Yo no era feliz con lo que estaba haciendo y un sentimiento de arrepentimiento sincero me llevó, como empujado, hacia un sacerdote para que le confesara mis pecados. Estaba en un seminario de mi parroquia y yo no quería confesarme con ninguno de los sacerdotes que estaban allí, porque éramos amigos. Me fui al Santísimo y le manifesté a mi Jesús Sacramentado, que si quería que me confesara, que me mostrara con qué sacerdote. Salí de la capilla del Seminario diocesano, y me regresé al salón de conferencias y me senté. Al momento sentí un impulso de levantarme, como si alguien estuviera haciéndolo por mí, y sentí la necesidad de volver ante el Santísimo, le pregunté a mi Señor qué quería, no sentí que me dijera algo, pero sentí el mismo impulso de levantarme y salir del oratorio. Cuando iba saliendo pasé por el frente de una oficina y vi un  sacerdote en ella, y sentí de nuevo la fuerza que me movía y entré, saludé y le pregunté si podía confesarme, y me dijo que sí y me mandó sentar. Hermanos, les digo que jamás había tenido una confesión igual, lloré frente al sacerdote y cada vez que me acuerdo se me salen las lágrimas.

Talvez no soy el cristiano perfecto, pero descubro que cada día soy más feliz, porque cuando Cristo entra a nuestros corazones y en nuestra vida matrimonial encontramos en nuestro cónyuge la imagen de ese Jesús que nos ama y nos muestra el camino de la salvación. “Al sobrevenir la Ley, se multiplicaron los delitos, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20) y es lo que estoy viviendo en la actualidad.

Después de estar viviendo la felicidad matrimonial en Cristo, fui impulsado a  compartir mi testimonio y empezar a servir en la restauración de los matrimonios, a partir de la Santa Palabra y de mis propias vivencias, Encontré una hermosa página que es Catholic Net, donde encontré cantidad de hijos e hijas de Dios, pidiendo oración y consejo porque estaban viendo que sus hogares se estaban desmoronando. Comencé, entonces a orientar mediante la Palabra de Dios, a estos hermanitos que se agobiaban por la desesperación por el desamor y el abandono de sus cónyuges.

Desde hace siete años me dedico a la consejería espiritual de parejas en conflictos en nombre de Jesús por medio de JSMF. Actualmente soy colaborador, con mi amada esposita, en Escuela de Parejas de la Renovación Católica Carismática de mi ciudad y fundé con mi párroco, el Consultorio de Ayuda Espiritual a las Parejas en Conflicto, sean casados o en unión libre. Ya varias parejas que vivían en pecado, contrajeron el Sagrado Vínculo del Matrimonio, ante el altar de Dios.

El perdón es la más bella bendición con que Dios nos premia por perdonar, mi amada esposa dio un testimonio de perdón que me llena de paz y amor por ella. Les cuento cómo fue el momento: Hace siete años hacemos, mi esposa y yo, un balance mensual de nuestro matrimonio, Nos vamos a un lugar imparcial, un restaurante o una cafetería, no sentamos uno frente al otro, después de orar un momento cada uno, nos miramos a los ojos y vienen dos preguntas: ¿Qué hecho malo este mes para corregir y qué he hecho bueno para mejorar?… Cada uno habla, y el otro escucha, es el momento de pedir perdón y perdonar, hemos descubierto que cada día tenemos menos qué pedir perdón y perdonar, porque el perdón construye. En un balance, hace cuatro años, me pregunto ella, “¿Cuántas veces me fuiste infiel?”…. Me sorprendió la pregunta, pero no podía dejarla sin respuesta con la verdad. Le pregunté, “¿Estás dispuesta a perdonarme?”, me respondió “Sí estoy dispuesta”. No obstante le dije, “Aunque no estés dispuesta a perdonarme, te lo voy a decir, salimos de aquí vamos a nuestra casa, empaco mi equipaje y me voy a vivir a otro sitio, te dejo en la casa, te dejo uno de los vehículos, y te garantizo que nada te va a faltar en lo económico, no quiero vivir más en la mentira, aún pague con creces mis errores”… Ella me respondió, “Sí te perdono”… Le respondí, “Entonces repíteme la pregunta”…. ¿Cuántas veces me fuiste infiel?… Le respondí, “Tantas veces que perdí la cuenta”… “Y con amigas mías”, le dije, “Si con cinco amigas tuyas”… “¿Quiénes fueron?”… “No te digo ningún nombre porque vas a odiar, es mejor callar que hacerte más daño”, le repliqué. Ella lo entendió y, en nombre de Jesús, me dio su perdón.

En la actualidad doy ese testimonio y ella no se molesta, ¡¡¡Esto es el verdadero perdón!!!…. Perdonar no es aceptar lo que el ofensor hace, sino descargarnos de nuestro propio dolor, cerrar nuestras heridas y no es que lo olvidemos, porque la cicatriz queda, sino que al recordar ya no nos duele. La idea equivocada de que  perdono pero no olvido, es cierto ¡¡¡No, es soltar un equipaje que no es nuestro!!! Es como cuando te hiciste una herida en alguna parte de tu cuerpo, duele, cuando comienzan a sanar duele más, pero con el tiempo se va cerrando hasta quedar sanada, pero la cicatriz queda, ahora te tocas donde hubo la herida pero ya no te duele y no olvidas el momento que viviste cuando sucedió el accidente. Ese es el verdadero perdón, por eso creo que mi esposa, me perdonó de verdad. Pero téngase en cuenta que, el perdón, es un proceso y nada mágico. Dale tiempo al tiempo, que el Señor te ayuda a superarlo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13), dice la Santa Palabra. ¡¡¡Sin el perdón nada se construye!!!….

Pasaron dos años, corría el año  2.006 y después de una visión que Dios me puso en un sueño, llegó el momento, 27 de Abril de ese año, en que se fundó nuestra amada comunidad virtual JESÚS SALVA MI FAMILIA. Que hoy estamos cumpliendo nuestro décimo aniversario en que Nuestro Salvador Jesucristo, se ha glorificado en muchos matrimonios y continúa mostrando caminos de esperanza y restauración a muchos más.

Ya muchos de mis hermanitos de JSMF, habrán leído la historia de cómo nació esta bendita obra, para la gloria de Dios y en beneficio de los hogares en conflicto. La multiplicación de los hogares destruidos está afectando a nuestra sociedad actual, porque su futuro está en la Iglesia doméstica que son estos hogares, producto del alejamiento de Dios y la fuerza maligna que quiere destruirnos.

Estamos celebrando estos diez años,  con cadenas de oración, eucaristías y encuentros, en la que el amor y la misericordia de Dios, en Cristo Jesús, se ha manifestado en esta obra que tanto bien está haciendo a los hogares. Unámonos en oración para que esta bendita obra siga creciendo para la honra y gloria de Dios, y para bien de los que lo aman, tienen fe y no han perdido la esperanza, porque para Dios no hay nada imposible. Demos gracias también a nuestra madre María Santísima, como modelo de esposa y madre y como nuestra Santa Patrona  y a su esposo, el casto San José, como patrono  de los matrimonios y los hogares, para que continúen intercediendo por los nuestros y los de todo el mundo.

Reciban un abrazo fraterno en Jesús y María Santísima, desde lo más profundo de mi corazón.

RODRIGO LOAIZA ÁLVAREZ

Director General de JSMF