Queridos(as) en Cristo: Pocas veces comprendemos que este momento presente, con sus luces y sus sombras, está dentro de la Voluntad de Dios ¿Cómo? ¿El Señor “quiere” que los matrimonios estén desunidos? La respuesta contundente es NO. Pero bien puede valerse de nuestras negligencias, de las negligencias de nuestros cónyuges y de todos los males que padecemos para enseñarnos a perdonar, para acrisolarnos, para hacernos santos. ¿Rehusaremos la invitación? Recordemos que “ni una sola hoja de un árbol se mueve sin que el Señor lo quiera y hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados”. ¿Desde dónde se ve mejor la ciudad: ¿desde la montaña más alta o desde el subterráneo? Todos pensaron de manera correcta. Pues bien: el Señor está más allá de la montaña. Él ve nuestra vida con claridad infinita mientras nosotros apenas somos capaces de percibir algunos fragmentos de la realidad. Donde nosotros vemos mal el Señor ve oportunidad de santificación. Es por eso, importantísimo, comenzar a enfocarnos en la Voluntad de Dios. No es tan difícil: sabemos que Dios es Padre, que nos ama infinitamente, que dio su Vida por nosotros, que nos da los Sacramentos para que tengamos vida en abundancia. Y uno de esos sacramentos es el que aquí y en medio de nuestra realidad defendemos. No somos dos, somos muchísimos reunidos por un objetivo común: no son “nuestros matrimonios” sino el sagrado vínculo del matrimonio. El Señor nos dice que debemos buscar primero el Reino de Dios y que lo demás se nos dará por añadidura. Somos un tanto egoístas (yo lo confieso, pienso mucho en mis propias necesidades) pero creo que estamos maduros para dar el salto. ¿Queremos salvar nuestros matrimonios? Seamos ambiciosos. Finalmente Dios nos congrega y Él es nuestro Padre. ¡Queramos salvar los matrimonios! ¿No es este el Reino de Dios? La familia, Iglesia doméstica, la familia, semillero de vocaciones; la familia, escuela de fe, la familia a imitación del hogar de Nazaret. Y Toda familia nace de un matrimonio. Unámonos en una oración común: la defensa valiente y aguerrida, con los ojos y el corazón en el Cielo, del sagrado vínculo del matrimonio y nuestros matrimonios se nos darán por añadidura. Emprendamos ahora mismo, ¡ya! esta Cruzada con oración enfocada hacia un mismo fin. Seamos, pues, luz del mundo, sal de la tierra y fermento en medio de la masa. Dios nos bendiga, llene de amor nuestros corazones, restaure nuestros hogares y nos haga valientes soldados de un Dios, Trinidad, que desea reflejarse en cada matrimonio y familia del mundo. Abrazos en Jesús Eucaristía. Miembro de JSMF.