Como parte de mi testimonio les cuento que cuando comenzó mi separación de mi esposa (que duró dos años), tomé unas tarjeticas con citas bíblicas que había en mi casa y me salió esto: Eclesiastés 11:1 nos dice: “Echa tu pan sobre las aguas, porque después de muchos días lo hallarás”. La verdad fue desconcertante, ¿qué quería decir Dios? ¿Cuál pan? ¿Cuál agua? No comprendí, patalié, hasta dije: “fuera, que se va a ir, me toca hacer fiesta por que nos separarnos” y lanzarla yo mismo al agua. Ahora después de mucho tiempo he comprendido esas palabras. Dios quería que echara mi matrimonio, mi esposa y yo a las aguas del Espíritu Santo, pues estábamos muy duros y después de mucho tiempo sumergidos en El, EL lo recuperaría. Darme cuenta de eso fue un proceso largo y sobre todo que implicaba dejarla ir, dejar perder mi matrimonio, pues el texto es claro: “echa” en otros textos dice “lanza” y a veces para ganar hay que perder. Bien dice Jesús que quien busque su vida la perderá pero el que la pierda por El, la ganará. Además bien vemos a Jesús en la cruz y ante el mundo perdiendo pero ante Dios ganándonos para la vida eterna. Esta noche quiero eso, quiero compartirles esta cita y animarlos a que lancen sus matrimonios al agua del Espíritu Santo (agua que es la oración, el sacrificio, la entrega, la luz de la Eucaristía, la luz de la Palabra) sumérjanlos en lo más profundo de la oración y del Espíritu, clamemos para que el Santo Espíritu llegue a todos los poros de ese pan.(llámese, esposo, esposa, llámese matrimonio, llámese nosotros mismos y que permee, humedezca llene de agua hasta el último rincón, que nada quede seco. Esto es un proceso y no se dará de la noche a la mañana, entre más duro esté ese pan, más tiempo debe permanecer en el agua, luego cuando este blandito podremos de nuevo recuperarlo. Y que llegue un punto donde seamos más agua que pan. Hay que cuestionarse mucho lo siguiente: 1. ¿Fui yo quien endureció el pan? 2. ¿Qué actitudes mías endurecieron a mi cónyuge o al matrimonio? 3. ¿Ya quité la viga que tengo en mi ojo para ayudar a mi cónyuge en su proceso? 4.¿ Estoy dispuesto a esperar tranquilo(a) a que el pan se ablande? o ¿estaré constantemente sacándolo del agua y deteniendo el proceso? 5. ¿Estoy dispuesto a sumergir ese pan en las aguas del Espíritu? ¿Estoy dispuesto a ahogar ese pan por completo en el mar de la oración de manera que no quede, ni un trozo de pan por fuera del agua? Se los he dicho y vuelvo y se los repito: no van a tener otra respuesta de mí y esa respuesta es Jesús, acompañado de todo esto la oración, lancen ese pan al agua y oren, solo la oración sincera ablanda, entréguense y entreguen a sus cónyuges a Jesús, ya sabemos que ni nuestros reclamos, ni persecuciones, ni nuestros ofrecimientos, ni nada va a hacer cambiarlos de parecer. Bien dice San Agustín que es mejor hablar a Dios del hombre que al hombre de Dios, debemos dedicarnos a amar a Dios y a presentarle nuestras oraciones y súplicas, el resto lo hará El a su manera y a su tiempo, Dios conoce muy bien a nuestros cónyuges, y sabrá como tocarlos, la paciencia todo lo alcanza (de Santa Teresa) un abrazo grande en Jesús Dios les bendiga nuestra madre María nos cubra y proteja con su amoroso manto. San José, ruega por nosotros. Miembro JSMF.