Soldaditos y soldaditas:

Les hago llegar desde mi corazón, un saludo de paz en esta Navidad y le deseo un nuevo año, lleno de bendiciones con un corazón dispuesto a recibir al Niño Dios, para que crezca en ustedes la fe y la esperanza, extensivo a todos sus seres queridos.

Quiero compartirles una reflexión, para entender que la felicidad está en nuestras manos, comencemos:

Piensa un momento, ¿Cuántos años tienes?….. Yo te respondo, tú no tienes esos años que dices tener…..Porque ya los viviste, no puedes comer hoy lo que comiste ayer, en consecuencia, ¿Entonces cuántos años tienes en realidad?…. ¡¡Solo los que te quedan por vivir!!… ¿Cuántos son?… Solo Dios lo sabe… ¿Entonces que nos queda?…. ¡¡¡Nos queda el hoy!!!….

Santa Teresita del Niño Dios, decía: “Yo vivo un día cada día, el pasado se lo dejo al buen Dios para que me perdone, y el hoy lo vivo yo”. Esta frase de esta santita, se deriva de la palabra de Dios, “Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura el pasado” (Eclesiástico 3:15 – Biblia de Jerusalén 3ª Edición). Lo que sembraste ayer, hoy recoges el resultado; lo que vas a recoger mañana lo siembras hoy.

En consecuencia, basado en lo anterior, para ser feliz, debemos cortar con el pasado, no traigamos de allá, malos recuerdos de dolor, tristeza, rencor, rechazo, falta de perdón, deseos de venganza, resentimientos, porque volveremos a sembrar lo mismo para recoger mañana. Todo esto nos daña lo único que nos queda, el día de hoy. Siembra cada día la paz en tu corazón, revivir el pasado te hace daño; perdona a quien te ofendió, perdonar no es aceptar lo que la otra persona te hizo o te hace, perdonar es descargarte de tu propio dolor; entonces , el peso de la culpa, ¿Quién debe llevarlo el que ofende o el ofendido?…. Si lo analizas bien, el peso corresponde a quien causó la ofensa, entonces, ¿Por qué, por lo regular, lo lleva el ofendido?…. “Dios acepta el pecador pero no el pecado”… Descargarte de tu dolor, perdonando, es amarte a ti mismo y seguir el ejemplo de Jesús, que nos pidió, “Perdonad a vuestros enemigos”. Ten en cuenta, olvidar no es perdonar, es igual que una herida que te has hecho en tu cuerpo, que al sanar duele y con el paso del tiempo, duele menos, hasta que se cierra totalmente, ya no duele pero te queda la cicatriz. Ya te tocas y no duele, pero te acuerdas que allí hubo una herida. Ese es el perdón, cierras las heridas de tu corazón pero la cicatriz queda, es decir el recuerdo de la ofensa queda allí, pero al recordarlo ya no te afecta….

Si dejas a atrás el pasado, que ya murió, y siembras en el hoy el perdón, la tolerancia, la alegría, entregando a Dios, en Cristo Jesús, el control de tu vida, con fe y esperanza en quien lo dio todo para que fuéramos felices, tu vida será ese paraíso tan ansiado…

En un balance mensual que hacemos, con mi esposa, le pregunté hace tres años: “¿Mi amor, yo te hago feliz?…. Me respondió, “Sí tú me haces muy feliz”. Estábamos en una cafetería y tenía un café frente a mí, en la mesa y tomé una actitud deliberada, desvié mi mirada hacia la salida, me tomé un sorbo de café, miré hacia el techo, me tomé otro sorbo de café, ella mi miraba extrañada ante mi silencio y mi actitud y, finalmente, me preguntó: “¿Qué pasa, acaso yo no te hago feliz?… “Volví mi mirada a ella y le respondí, ¿Quieres que te diga la verdad?… “ … Me respondió, “Sí”… La miré fijamente y le dije; “Ni yo te hago feliz ni tú a mí, si me das el poder para tú ser feliz, estás equivocada, porque si yo me desvío, como en el pasado lo hice tantas veces, entonces, permites que yo te haga infeliz, igual si te doy el poder para yo ser feliz, también estoy equivocado, porque tú puedes equivocarte por tu fragilidad humana. Simplemente, yo he decidido ser feliz contigo y si tú tomas la misma decisión, de ser feliz conmigo estamos en una posición perfecta… Yo disfruto de ti en todas las formas, en nuestra convivencia, orando juntos, ayudándote en los quehaceres de casa, de tu compañía, te veo linda, sexi, me siento feliz viendo televisión contigo, hablando, saliendo juntos , tomados de la mano”… Llegamos a la conclusión, de que la felicidad no depende nadie, es una decisión de cada uno. La felicidad está dentro de nosotros mismos, cuando la descubres es que encontraste a Cristo en tu corazón….

No permitas que nada ni nadie perturbe tu paz, como tampoco, esperes nada de nadie ni de nada, solo de Dios y de ti; porque si esperas mucho, lo mucho que te den te parecerá poco, pero si no esperas nada, lo poco que te den te parecerá mucho. Por eso cuando perdones es sin condiciones, ni depende de que la otra persona se arrepienta y te pida perdón. Cristo desde la Cruz, dijo: “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen”… Pero Él no condicionó Su perdón a que sus verdugos vinieran arrepentidos, a pedirle que los perdonara. Si siembras hoy la semilla del perdón, estás sembrando paz para mañana. El perdón no es un acto milagroso, es una decisión y un proceso, su duración depende de lo que seas coherente contigo mismo (a). Perdona en el nombre de Jesús y por los méritos de Su Infancia.

San Juan Pablo II, dijo algo que causó reacciones diversas en todo el mundo: “El cielo y el infierno, no es un lugar a donde ir, es un estado del alma. El cielo es la Presencia total de Dios y el infierno la ausencia total de Dios”… En consecuencia, si el cielo y el infierno es un estado del alma, podemos vivirlo desde ahora, es nuestra elección, por eso es muchos seres humanos viven un infierno y unos pocos vivimos el cielo. Dios no va a hacer lo que nosotros tenemos qué hacer, Él respeta nuestro libre albedrío, por eso permite que tomemos la decisión y no Él por nosotros, pero sí está dispuesto a darnos la fortaleza con Su amor y Su misericordia. Lo dice en Su Santa Palabra, en Apocalipsis, “Estoy a la puerta de tu corazón, si la abres, entraré y cenaré contigo y tú cenarás conmigo”… Ese es Dios en Cristo Jesús, está siempre dispuesto, lo que pasa es que el hombre, lo ignora y le cierra la puerta de su corazón. ¡¡¡Así, pues, tú eliges qué quieres, vivir el cielo o vivir el infierno, está en tus manos!!!

Con mucho amor en Jesús y María Santísima. Un abrazo fraterno para todos.

 

RODRIGO LOAIZA ÁLVAREZ

Colombia