Cuántas veces en nuestra vida nos hemos vistos sumergidos en el pecado, cualquiera que sea, llámese: Depresión, odio, celos, rencor, resentimiento, lujuria (Vida sexual desordenada, adulterio, pornografía, masturbación, etc.), ambición, soberbia, drogadicción, alcoholismo, ansiedad, vanidad, (anorexia, inseguridad, bulimia) con un endurecimiento del corazón grandísimo de parte nuestra. Yo no sé ustedes, pero yo sí, y aunque el pecado sea placentero o no, llega un punto donde está tanto, lo que se posee de ese pecado que no aguantamos tanta suciedad e inmundicia en nosotros y la desesperación es nuestra compañera. La paz abandona nuestro corazón y entramos en un estado de negación absoluto, completo y radical. Sentimos que la inmundicia de nuestra vida supera nuestra capacidad, caeríamos en lo que dice Kundera, la eterna levedad del ser, la nausea, el sinsentido, y nos rondan nuestros pensamientos y los susurros del enemigo diciendo: ¿Yo para qué existo? “Dios no existe, todo lo hice mal.” Dañé todo lo que me entregaron, merezco morir , no tiene sentido esta vida y este sufrimiento, no tiene sentido tanto dolor, todo me sabe a inmundicia, nada me llena, envidiamos a los que están bien y creemos que viven una mentira, que tienen una careta y que a todos engañan, pues creemos que todos son iguales o peores que nosotros. Diría yo que tocamos fondo, y vivimos la desesperanza, y el infierno en vida, y con seguridad se lo hacemos vivir a todos cuantos nos rodean también, nuestras respuestas y palabras son palabras de muerte. Los que hemos vivido esto, ¿se imaginan que sería morir ahí?, morir en plena desesperación, dejar el estado de nuestra alma sumergido en la amargura y en la negación de la existencia. Ese es el infierno y lo será por toda la eternidad. Los que hemos vivido esto decimos es el dolor más grande que existe, y en el caso de los pecados ‘placenteros’ (pues solo ofrecen la ilusión del presente), tipo: Lujuria (vida sexual desordenada, adulterio, pornografía, masturbación, etc.), alcoholismo, drogadicción, gula, vanidad, venganza, etc. no nos llenan, nada nos llena, y tampoco ahí estaba la felicidad. Luego por misericordia Divina tropezamos con Dios, con JSMF, y comienza nuestra conversión, comenzamos a cambiar y dejamos las oscuridades, y la muerte por la luz. Y Dios nos consuela y sana, y recuperamos la paz de nuestra alma. Pero al tiempo, nuestra alma comienza a sentir sufrimiento, un dolor distinto, nos duele: Nuestra familia dividida, nuestro cónyuge sumido en el pecado (adulterio, rencor, odio, diferencia), nuestros hijos, nuestra economía, nuestro fracaso en una forma distinta (con sincero arrepentimiento,) y sufrimos y decimos: ¿Dios mío hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo más?, ¿Por qué duermes?, ¿Haz algo?, te pido perdón de corazón pero no tardes más, mira como sufro y somos tentados en darle la espalda a Dios, pero se nos olvidó algo el dolor del pecado supera por tamaño y magnitud al sufrimiento de la vida en gracia, de los caminos de Dios. Reconozco y reconozcamos que ahora sufrimos, sentimos una espina que nos hiere el corazón suavemente y a veces las lágrimas caen por nuestras mejillas, pero este camino, es camino de bendición, de amor, de consuelo, de salvación, recordemos lo que nos dice el Señor: Mi carga es ligera y mi yugo es llevadero. Mateo 11,30 “Yo vine a daros vida y vida en abundancia.” Jn 10,10 “Y el no miente, El es fiel” 2Tim 2, 13 “Ahora sufrimos pero llegará nuestro gozo, pues los que siembran ente lágrimas cosecharán entre cantares” Salmos 126,6 “Pues yo no tengo planes de bendición y no de maldición para ti.” Jeremías 29,11. Los invito a confiar, a no dar marcha atrás, a que continuemos avanzando en el camino de la gracia, en el camino del verdadero amor y la verdadera entrega y a que rescatemos a nuestros cónyuges de su infierno en vida, les aseguro, no son felices se los repito, no son felices, no se puede ser feliz lejos de Dios, nadie puede ser feliz viviendo en pecado. Así como nosotros no fuimos felices de espaldas a Dios, ellos son muertos vivientes, sus almas están muertas a la gracia y es probable que se sientan igual o peor que como nosotros lo vivimos, o peor aún es probable que no sientan más esperanza en sus vidas y estén muertos sin saber que lo están. Ustedes me dirán, pero si sintieran el pecado les dolería y no. La razón es fácil, se las ilustro con un ejemplo: Puedo poner sobre ustedes acostados, un peso muy grande, digan 200 kilos y ustedes no quejarse, falso, eso rápido empezamos a quejarnos, a pedir que nos quiten el peso, pongan esos mismos 200 kilos sobre un cadáver, él los soportará tranquilo, ¿por qué? porque está muerto, los muertos no sienten el peso, al igual que quienes están en pecado mortal y llevan mucho tiempo en él, no sienten el peso de estar muertos en vida. Nosotros a pesar de estar heridos por el pecado, fuimos hechos para la gracia, para Dios y nadie es feliz lejos de los caminos de Dios, ningún alma es feliz lejos de su amoroso padre y creador. Miren el testimonio de

Amada Rosa (lo tuvo todo y no era feliz), Gloria Polo (hacía cuanto quería y no era feliz.) Los testimonios de los santos conversos, o de cualquier converso cualquier testimonio, les demostrará que nunca se es feliz lejos de Dios. Ni de sus caminos, seamos misericordiosos con nuestros cónyuges y traigámoslos de la muerte a la vida. Ellos están viviendo un infierno en vida, aunque a viva voz digan que no y siempre entre nosotros hay quienes tienen duda entre el pecado y la gracia, elijamos a Jesús pues quien confía en El no quedará defraudado: Romanos 10,11. Tal vez ahora estamos en momentos de calvario y sentimos que nos están crucificando, pero Si morimos con el resucitaremos también con El. Romanos 6,8. Elijamos entonces vivir el sufrimiento de la gracia y rescatemos a los que viven en dolor del pecado, La Santísima Virgen les acompañe y les guíe, San José ruega por nosotros. Dios les bendiga.