De Augusto Jorge Cury: el maestro del amor.

Hace unos días me había puesto yo la promesa de escribirles sobre la llave que abre las puertas de la misericordia: El perdón, bien dice Jesús en las bienaventuranzas; ‘ Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia ‘ (Mateo 5,7) y bueno como lo esbocé hace un tiempo he conocido tres formas de perdón: 1. Perdono pero no olvido: que es pésimo, acá radica la base del rencor y resentimiento y de nunca superar los problemas. 2. Perdonar es recordar sin dolor: este si es cercano a lo que Dios quiere de nosotros, y es que lo que vivimos, aquello que nos hirió, que nos ofendió, cuando lo miremos lo hagamos sin dolor. Pero aun es un perdón imperfecto pues recuerda la ofensa, la tiene presente, no le duele pero ahí está, como una cicatriz, algo que curo, pero que nos marcó. Es una gran bendición alcanzar a dar este perdón. Pero hay un peligro latente la frase “mira esta cicatriz la llevo porque tú me la hiciste, te perdoné, pero la cicatriz de lo que hiciste está, y nunca se borrará”, es una forma disimulada de rencor a un nivel más bajo, pero peligroso, pues igual impide dejar al otro libre de la ofensa. 3. Perdonar como perdona Dios: Y ¿Cómo es este perdón? pues es el perdón perfecto, (recordemos: sean perfectos como mi Padre Celestial es perfecto, en otra parte dice: “Amen como yo los amo “. Pues sí señoras y señores: el perdón perfecto es no recordando la ofensa, así perdona Dios y así debemos perdonar nosotros. Isaías 43,25 “Yo, soy el que borró tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados.” Salmo 103,12 “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones”. Con perdón perfecto, así nos invita Dios a perdonar, olvidando la ofensa, olvidando la herida, olvidando el pecado y la humillación. Se imaginan ustedes ante Dios diciéndole ¿perdóname como yo perdono? (Bueno así lo decimos en el Padrenuestro) ese contrato que firmamos cada que lo rezamos le dice a Dios: Si recuerdo la ofensa, recuerda la mía si recuerdo la herida, recuerda las heridas que cause si no recuerdo nada, Dios mío no recuerdes nada ahora que recuerdo. Cuando más joven estuve en un ministerio de liberación católico carismático contaban la historia de una señora que no podía rezar el Padrenuestro, y era que el enemigo la tenía atada a un rencor a una herida terrible que le hicieron, pero ella decidió no perdonar, y recordemos que el odio es la respiración del infierno, pues ella vivía en un infierno continuo, y hasta que lo logró con oraciones de perdón, confesión, y liberación, no logró superar esto. Pero, la clave es ¿cómo rayos perdono? ¿Cómo perdonarle todo lo que me hizo? Todos acá hemos sido heridos o sicológica o física o moral o sexualmente o todas las anteriores y con seguridad también hemos herido en uno o varios de estos aspectos. (Aclaro algo, no estoy diciendo que se expongan al maltrato. Estoy diciendo que se perdonen las ofensas, y la constante ofensa del adulterio que tanto hiere) y ¿acaso las piezas que están mas juntas no son las que más se desgastan? (Nadie puede estar más cerca de nosotros que nuestro cónyuge, que es uno con nosotros, lo que el haga bien o mal nos afecta inmediatamente) pregúntenle a un mecánico ¿para qué sirve el aceite? para que no se desgasten las piezas, ni se rompan. Ese aceite es el perdón. ¿Cómo rayos perdonar? ¿Cómo dar ese perdón perfecto como dejar de estar cargando eso que no nos deja ser felices a nosotros y a nuestra pareja? Hay varias claves: Pedir a Dios la gracia de perdonar como Él (se puede empezar perdonando de palabra, pero siempre pidiendo la gracia de perdonar de corazón) mucho sacramento de la confesión realizar oraciones de perdón y de sanación interior y esta que fue la que aprendí en el libro de Jorge Cury comprendiendo al ofensor: “Si tú lo comprendes, si tú te abajas, si ves que fue tan frágil como tú en otra situación similar, comenzarás a ser liberado, si ves que se dejó llevar, que es tan vulnerable a sus pasiones como tu (unos tienen pasiones físicas otros pasiones de la ira etc.) comenzarás a ver en ese otro a ti mismo, a Cristo que no es perdonado y que clama que le perdones.” Por algo dijo: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, El bajó de su trono, y padeció todo lo que es ser humano, tuvo hambre, fue al baño, se duchó, corrió, jugó, se rio, abrazó, lloró, exhortó, se puso la pijama, tuvo pañales, se hizo popo en los pañales, fue amantado, estuvo en la escuela, aprendió un oficio, se comió la sopa, tomó vino, mató un corderito para Pascua, todo menos el pecado. Y bajando se dio cuenta que cuando le crucificábamos no sabíamos que hacíamos y clamó perdón por nosotros. Solo cuando comprendemos al ofensor, su pasado, su historia, su carga emocional, sus pérdidas, cuando decimos bueno es tan frágil como yo y comprendo por qué lo hizo, la ventana del perdón se abre en nuestro corazón y comenzamos a recibir la gracia de perdonar con el amor de Jesús. Soltemos esas absurdas listas que nos hicieron hacer los sicólogos, o el enemigo, más bien, quemémoslas, que ardan esas listas donde pusimos todos los defectos y heridas que nos hicieron nuestros cónyuges, esas listas que usamos para borrarlos de nuestro corazón y memoria, esas listas, que repasamos con nuestros amigos para darnos valor de olvidar cuando estamos en un reunión, quememos esas listas, si quieren las escriben, y luego las queman rezando y un padrenuestro. Pero liberémoslos, liberémoslos a ellos de esa carga de habernos ofendido, demos misericordia para alcanzarla nosotros y ser bendecidos de nada sirve el rencor, o el recuerdo, nos hiere es a nosotros, es un peso que cargamos nosotros, Seamos libres, libres en Jesús y verán como comenzamos a ser bienaventurados, y a ser dignos hijos del Padre que está en los cielos ‘Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia ‘ (Mateo 5,7).