La segunda lectura de hoy fue la Carta de San Pablo a los Efesios 5,21 35. “Sométanse los unos a los otros, por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a su marido como al Señor, porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo. Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido. Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, para santificarla. Él la purificó con el bautismo del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida. Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. En todo caso, que cada uno de ustedes ame a su esposa como así mismo, y que la esposa respete al esposo.”

Hoy una amiga me escribía en tono feminista diciéndome que cómo es eso de estar sometidas a un hombre, que para donde iba la iglesia, que con razón estábamos como estábamos, que la iglesia era una retrograda, que no estaba de acuerdo, mas luego de la respectiva explicación todo tomó forma. La explicación fue dada según este contexto: La Iglesia no es machista para nada y el tema es más de roles y de orden divino, si buscamos en las escrituras y en la historia de los santos, Dios da al varón la misión de pastorear, cuidar, orientar, guiar, y proteger; y a la mujer le entrega los secretos y los grandes misterios, así ha ocurrido con Santa Faustina (la divina misericordia), Santa Catalina de Siena, Santa María Margarita de Alacoque (la devoción al Sagrado Corazón), Santa Teresita del Niño Jesús (la infancia espiritual), Santa Teresa de Jesús y muchas otras más. En la iglesia, el ser más importante en dignidad después de Dios es la Santísima Virgen María, pues ella es mucho más importante que todos los ángeles y santos reunidos y como tal la venera la iglesia. En conclusión la Iglesia no es machista, la iglesia está ordenada según las disposiciones de Dios. ¿La mujer sometida a su esposo y el esposo qué? Este tema siempre levanta ampolla, pero volvamos a la Virgen María, ella siendo quien era, estuvo sometida a las órdenes de San José, fue a él quien Dios le reveló que debía escapar a Egipto y a él a quien se le reveló el regreso a Nazaret y nuestra Santísima Madre obedecía (notemos que Dios no se contradice), en ningún momento hizo gala de su dignidad, obedecía en todo a su esposo. Pero el tema no solo queda en la esposa, va más allá y es más exigente el esposo tiene que hacer como Cristo: Dar la vida por la esposa, entregarse para santificarla, y llevarla santa e inmaculada a la presencia de Dios. Amar a la mujer como a sí mismo, amar a la mujer como si fuera su propio cuerpo y cuidarla como cuida su propio cuerpo y este elemento oculto, Jesús se sometió en todo a la Voluntad de su Padre, por lo tanto el orden en sumisión es el esposo se somete a Cristo, la mujer se somete al esposo (Esta es la razón por la cual cuando las esposas esperan a sus esposos en restauración, no deben volver con ellos hasta que dicen: “Jesús es mi Señor”, pues si el esposo no es fiel a Dios no le será fiel a la esposa, caso diferente en el hombre que espera el regreso de su esposa, pues el esposo debe someterse completamente a Jesús todas sus aéreas para que Dios lleve al orden su hogar, y ella se someta e El. Esta es la razón por la cual algunas esposas no han vuelto, los hombres no estamos sometidos del todo a Jesús, o la conversión en ellas no es suficiente para someterse a Dios y a nosotros los hombres. En fin conversión en el hombre y la mujer, para que haya restauración, sino habrá fracaso. Entonces no es sencillo el tema para el hombre, ¿qué entender entonces? El Espíritu Santo por letra de San Pablo toca dos temas sensibles, y en los que fallamos los matrimonios, las mujeres respetar a los esposos (pues no duda que ame a su esposo) los hombres amar y dar la vida por las esposas (no se pone en duda que las respeten) Eso no exime que las mujeres amen a sus esposos, los hombres respetar y someterse sus mujeres. Solo que toca los temas delicados en la relación de pareja, el respeto de la mujer a su esposo y el amor de hombre a su esposa. Volviendo a la sumisión y a la entrega si vamos más allá, esa sumisión es en el amor, una sumisión en Cristo, ser manso y no menso, no se trata que permitamos que nos atropellen, no malinterpretemos ni pongamos la Palabra de Dios fuera del contexto del verdadero amor. Cristo no golpearía a su esposa, ni la maltrataría, ni dejaría sin alimento a sus hijos, ni se pasearía con su amante por enfrente de su esposa, ahí no aplicaría una sumisión, ahí es más válido pensar en defender la integridad propia, de los hijos y la familia. (Igual en el caso contrario) Respecto a dar la vida por la esposa, no está contextualizada en el escenario de la dependencia emocional y estar arrodillado y sumido en el dolor y la depresión por una mujer. Dios quiere que nos sacrifiquemos por ellas (y ellas por nosotros) dándolo todo por ellas, mas no dándoles el culto que es debido a Dios. Son elementos diferentes. El amor, da sentido a la verdadera sumisión y a la verdadera entrega. Termino diciendo como finalizó el apóstol: “En todo caso, que cada uno de ustedes ame a su esposa como así mismo, y que la esposa respete al esposo” Efesios 5,35. Coordinación JSMF.