Esta historia comienza en un viaje de estudio que mi esposo y yo hicimos al continente europeo, quizás la soledad, la falta de familia y las condiciones hicieron que un volcán de cosas guardadas explotara y casi nos fuéramos a un divorcio. Terceras personas afectaron mucho nuestra relación, un día mi esposo me agredió y yo me enfrente a él, esto dejó nuestra relación hecha pedazos. Después de esto los malos concejos familiares y las opiniones equivocadas de ‘amigos’ nos empujaban a un abismo, yo por un lado, pensaba que tenía todas las de ganar en este juicio por que jugué a no dar motivos, a no contestar a los insultos, a no gritar, a no ofender a simplemente no escuchar a mi esposo, lo convertí en un desconocido para mí, al punto de dejar de dormir a su lado y dormir en un colchón en el piso. En cambió él pensaba que yo perdería porque yo era la mujer rebelde.

Me propuse ser muy fuerte, y conseguí serlo tanto que estaba acabando con él, con su paciencia, con su ego de hombre, ganaba más dinero que él, porque trabajaba 16 horas al día y claro me sentía la mujer maravilla y sentía que cuando nos divorciáramos el mundo tendría unos brazos abiertos y amables esperándome para conseguir tener la vida que me merecía (con un hombre diferente).

Los consejos de un gran amigo, que cuando lea esto sabrá que me refiero a él, me hicieron caer en cuenta de que estaba dejando caer a mi esposo, un día le llamé desesperada llorando a ponerle mil quejas y me contestó: ‘no le estas dando la oportunidad de defenderse, lo estás provocando a que te ataque para usarlo en su contra, hoy es él, pero mañana podes ser vos la que esté en su situación’, ‘además estás usurpando su papel de esposo, estás liderando el matrimonio y no debe ser así’ y eso me secó el llanto inmediatamente y me dejó pensando, busqué en la Biblia y efectivamente hablaba de que el esposo es la cabeza de este cuerpo que se forma en el matrimonio y la mujer es el corazón de este cuerpo, yo me creía todo solita!.

Después de un tiempo, y de negociaciones con el esposo, de cartas con reclamaciones, señalamientos y esas cosas, se me ocurrió que tener un hijo con mi esposo traería un acercamiento y un afianzamiento, le pedí al niño Jesús, hice la novena de aguinaldos en febrero y el 1 de abril día de mi cumpleaños supe que estaba ¡embarazada! De esas cosas que fui la mujer más feliz, toda la familia se alegró y preparamos de inmediato nuestro regreso a Colombia. (Ya vamos en un año de peleas y todo esto, un infierno) Nos vinimos para Colombia y nació Nicolás, es un bebé hermoso y especial pero con el paso de unos meses me di cuenta que (Nico) por más especial no era la solución a todo este problemón que venía creciendo como un monstruo imparable.

Acudí a mi Amigo que él ya sabe quién es, y le conté que me iba a volver loca, que esto no funcionaba en fin, de mal en peor cada vez. Yo no soy el tipo de mujer que acostumbra ir a misa, ni rezar el rosario, ni hacer las mil novenas, pero sí leo mucho la Sagrada Biblia. Cómo les parece que en medio de toda esta pelea yo me hice un tatuaje en la espalda, aún en contra del deseo de mi esposo y eso empeoró las cosas y un día encontré esta cita en la Biblia: (Corintios 7 versículo 4), léanla, lo sentí como una punzada en el corazón que acabó conmigo. En una oportunidad que Dios me presentó, me confesé de haber lacerado mi cuerpo, templo del Espíritu Santo, confesé todo lo que había pasado en nuestro viaje, le conté al padre cómo había comenzado el problema y me sentí mejor, pero ¿adivinen qué? todo siguió igual, ‘qué pereza, qué desgastante, qué vida tan amarga cuando uno es tan superior, tan inteligente, tan atractivo, tan interesante y tiene un marido que ni siquiera sabe ¡bailar! Sin embargo, estoy casada con él y no hay nada que hacer.

Yo pensaba que la culpa de todo la tenía el esposo por que no hacía nada para agradarme, y yo soy una mujer que no regaña porque los zapatos están en la sala tirados, o porque el esposo ve futbol, ¿qué le pasa a este hombre que no me valora? ¿Pero saben qué? Me di cuenta que todo esto ¡era mi responsabilidad! porque yo quería mandar en mi matrimonio, quería que las cosas se hicieran como yo quería, exigí aún más de lo que yo misma podía dar, de la forma más cínica y atrevida estaba empujando mi matrimonio a la destrucción y estaba echándole toda el agua sucia a mi esposo, estaba destruyendo a mi esposo, acabando con su orgullo, aminorándolo y pasando por encima de él, de lo que es correcto ante los ojos de Dios. Estaba faltando a la obediencia como esposa de este hogar y lloré, me arrepentí, sentí un inmenso temor de perderlo, lamenté que hubiéramos pasado por todo este sufrimiento, para al final entender que la mujer ocupa el lugar más importante de la familia, porque debe ser sabia, obediente a la ley Divina de Dios, sin imponerse con su potencial femenino y todo ese cuento feminista pobre y falto de contexto que nos ha vendido el mundo moderno.

Empecé a comprender a mi esposo y amarlo tal y como es, llenarlo de fortaleza y amor por su familia, bajé la guardia, dejé de imponerme, hasta el tono de la vos y las facciones de mi rostro cambiaron, comencé a decirle por ejemplo: “esposo, me encantaría que me invites a bailar”, “esposo llévame a comer”. Dejé de irme sola, dejé de humillarlo con mi dinero he irme a comer sin él, porque en fin de cuentas no lo necesitaba. Muy triste era esa situación, lean por favor Sirácida capítulo 4 versículo 11 (ventajas de la sabiduría).

Mi esposo comenzó a ser más esposo, ese que siempre soñé, y seguramente yo comencé a ser esa esposa que él siempre ha querido, respetuosa, que no señala y que consuela, que apoya, no se imaginan cuan diferente es nuestra vida ahora, no porque mi esposo allá cambiado para ser él hombre que siempre pedí, sino porque yo dejé de exigir y acogí en mi corazón al hombre que me había escogido para ser ¡su esposa!.
Lean por favor Proverbios 6 versículo 12 (el insensato), 6 versículo 20 (contra el adulterio) 27 versículo 1 31 versículo 10 (la mujer perfecta) Sirácida (eclesiástico) 9 (el trato con los hombres y trato con las mujeres) Sirácida (eclesiástico) 10 (la humildad) Sirácida (eclesiástico) 26 versículo 1 al 18. Corintios 13 (canto al amor)

A todos les deseo mucho amor para sus hogares, les deseo sabiduría y humildad, les deseo fuerza para reconocer sus errores y pedir perdón sincero por ellos, les deseo capacidad de olvidar los golpes, las palabras hirientes, les deseo amor a Dios dentro de sus corazones, cierren sus oídos a los consejos que infieran un final a sus matrimonios, ¡mujeres! alejen de sus vidas a las amigas que les dicen: “gorda estas muy joven, la vida te tiene mejores cosas preparadas, tú te mereces un hombre mucho mejor” ¡mentira! es el chucho disfrazado de amiga. ¡Un abrazo fuerte a todos!.