Alguien que conoce este grupo, estuvo a mi lado en toda esta etapa siempre mostrándome la misericordioso que es Jesús, me mostró el camino en donde pude abandonarme con la profunda fe de saber que Jesús me levantaría de su mano, sin importar lo que sucediera y fue ahí cuando lentamente empezó todo a cambiar, y no me refiero a mi esposo sino mi a mi corazón. Solo cuando pude amar con amor desinteresado y entregado a mi esposo, a mi familia, sin pretender nada a cambio, pude encontrar la maravillosa paz que me permitió entender, que podía estar en paz sin depender de lo que sucediera en mi matrimonio y solo ahí empecé a recibir la gracia de la restauración. Hoy mi esposo es el hombre amoroso que solía ser, pero más importante que eso, yo pude amarlo profundamente otra vez, ella me decía que Jesús no hace las cosas a medias y por eso la restauración tenía que ser total. Tenía toda la razón, hoy es mucho mejor que antes. “No te desanimes, confía en El y ora mucho por tu esposo(a) para lograr la bendición para el (ella)”. Solicitamos a la hermana que vivió esta restauración y nos compartió el detalle de lo vivido:

En una semana cumplimos 14 años de casados, tenemos 3 hijos y aproximadamente 2 años de evidenciar un cambio radical en mi esposo, cuando entró a trabajar en una compañía, en donde la familia es vista como un estorbo y empezaron los problemas. El empezó a ir a fiestas hasta la madrugada. Lo que nunca antes había hecho, empezó a desconectar el celular al final del día y llegar tarde, una noche no durmió en la casa. En fin a suceder cada vez más todo lo que sabemos que sucede en estos casos y yo a ponerme como una fiera, cada vez más intolerante y resentida, hasta hace 4 meses que me pidió que nos separáramos.

Si no hubiera tenido la ayuda de esta persona que los conocía a ustedes, con seguridad mi reacción hubiera sido decir: “listo voy a intentar independizarme lo más rápido posible de todo lo que nos uniera”. Pero Dios me la envío como un ángel, me enseñó que: yo tenía una responsabilidad espiritual en esta familia y por esa alma que estaba confundida, a mí inicialmente me parecía demasiado pedirme tanta entrega. Pero finalmente Dios me seguía iluminando y me ayudó a luchar; pude decirle que no, que no aceptaba la separación porque yo me había casado por la iglesia y eso no había sido para que cualquier persona lo separara. Él se quedó atónito, yo le dije que hiciera lo que él quisiera, que yo seguiría en mi familia, como una columna y asumiría la responsabilidad de nuestra relación, solo por un tiempo mientras él lograba aclarar lo que l

Le estaba pasando,(obviamente cuando conté esto mi hermana pensaba que era la más boba de todas).

Empecé a encontrarme con Jesús en mis oraciones en la madrugada cuando no aparecía y recibí como un bálsamo una tranquilidad y una paz que no había sentido antes, ahí supe que Él siempre estaba conmigo, si yo le abría mi corazón, me sentí tan segura, sabía que, nada malo podía sucederme en mi interior, si seguía agarrada de su mano así afuera todo se estuviera derrumbando, lo sentía como un Papá amoroso, protector y misericordioso como es él. Y me reencontré con Dios en mi vida, hasta el grado que ya si mi esposo cambiaba no era tan importante para mí, lo importante era continuar amando a Jesús en mi vida, que pudiera evidenciar en todo lo que hiciera su amor, por ejemplo en la forma de relacionarme con mis hijos.

Y de repente me encontré un día con mi esposo pidiendo que rescatáramos mi ¡matrimonio! Ha sido un milagro maravilloso, pero lo más importante, ha sido encontrarme con Dios otra vez. Sé que en los tiempos del Señor mi restauración ha sido muy rápida, oro mucho porque a ese ángel que me ayudó, la restauración le llegue pronto. También sé que la lucha acaba nunca, pero pido todos los días por permanecer agarrada de la mano del Señor para siempre. Para que sepan que la restauración es total en una semana estaremos renovando nuestros votos matrimoniales. Y a pesar de que el aún sigue alejado del Señor me dijo que aceptaba la invitación para la renovación, oro porque pueda recibir en su corazón la dicha que me ha regalado.

Dios los bendiga.