Hola a todos, deseo compartir la experiencia que tuvimos en la reunión del grupo JSMF en la cuidad de Bogotá en Colombia y además proponerles que hagan el mismo ejercicio que hicimos los asistentes a la reunión. Primero como buenos hijos, saludemos a Papa Dios y pidámosle que nos permita sentir, entender y obedecer, su voz y su palabra. Que el Espíritu Santo descienda sobre cada uno de nosotros en este momento en el cual nos preparamos para tener un encuentro maravilloso con Jesús. Acudamos a mamita María, para que sea ella como gran intercesora, actuando entre Jesús y nosotros. Después del gran saludo, por favor toma tu Santa Biblia y busca el capítulo 5 de San Marcos, lee detenidamente todo el capítulo. Como tú, yo encontré tres personajes en todo el capítulo: El endemoniado de Gerasa, la mujer enferma y la hija de Jairo (jefe de la sinagoga). Es muy claro que estos tres personajes tenían cada uno una necesidad diferente, pero esa misma necesidad los llevó al lado de Jesús, a estar frente a El, a recibir de las bendiciones que sólo el Padre nos puede dar a través de su hijo Jesucristo. ¿Cuál de los personajes te llamó a atención?, ¿con cuál te identificas?, ¿porqué escogiste a este personaje? (Haz el ejercicio de todo corazón y verás como Dios te habla a través de la historia del personaje). Pues te cuento que yo me identifiqué mucho con la mujer enferma, dado que desde que nos separamos con mi esposo (ya hace un año), tome la misma actitud de esta mujer, pues buscaba quien me ayudara a calmar mi dolor, quien me pudiera sanar de mi enfermedad del alma, gastaba dinero en cosas que no eran necesarias y me duele reconocerlo, hice cosas que como hija de Dios no debí nunca hacer, pero Dios es grande en misericordia y como aquella mujer, en mi camino de desesperación me encontré con Jesús, y El con su amor ha sabido curar las heridas, que había en mi corazón dolido, muchas de ellas causadas por mi misma ignorancia del camino verdadero de la felicidad y del amor. Y sabes qué fue lo que me hizo ver que Jesús estaba ahí esperando que yo lo llamara? El gran sentimiento de humildad que se apoderó de mi corazón, pues cuando vivimos inmersos en el mundo, reconocer que somos seres humanos necesitados de la presencia de Dios en nuestras vidas, es un paso difícil de dar, pero doy gracias de todo corazón a Dios, que con humildad pude dar el paso de reconocer que necesito mucho de El y sobre todo para poder seguir en el camino que tiene trazado para mi, para mi esposo, para nuestro hogar y para nuestras familias. Después de dar el anterior paso, sigo como la mujer enferma, me lleno de confianza y Fe , pues me he encontrado Jesús que es el hijo de Dios y como tal todo lo puede, para El no hay nada imposible. Y reconozco que sólo Jesús puede curarme de esta enfermedad del alma, pues su amor es tan grande que no se puede comparar con nada en el mundo y su presencia es tan maravillosa que sólo basta con que le digamos ven y El esta para siempre con nosotros. También he dicho: ‘Tan sólo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana’ y esta es la prueba de mi Fe hacia El. Bueno hermanos, después de haber hecho este ejercicio, ratifico que solo basta con que nosotros tengamos la intención de buscar al Padre y ahí mismo estará Jesús dispuesto a mostrarnos el verdadero camino hacia EL, pues en su promesa nos dice que el es el camino seguro para llegar al Padre. Sólo debemos ser humildes, tener confianza y dejar que la Fe crezca en nuestro corazón, y así podemos estar seguros que vamos de la mano de Jesús, que el no nos soltará nunca, que si nos tropezamos. El esta ahí para no dejarnos caer. Espero este ejercicio les haya gustado y ayudado como lo hizo conmigo, ahhhh una aclaración, es cierto que cuando nos encontramos con Jesús en nuestro camino, llega una paz inexplicable a nuestra vida, pero debemos tener muy claro que ese sólo es el primer paso que como verdaderos cristianos damos, pues debemos estar preparados para las múltiples pruebas a las cuales vamos a ser sometidos. Para terminar: ‘No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos, porque ustedes están unidos a Cristo Jesús’. Filipenses 4. 6 7