Estoy segura que muchos de nosotros, sino es que todos, iniciamos esta lucha queriendo ver resultados instantáneos y hasta queriendo decirle a Dios como hacer las cosas y en que momento. Eso es algo muy natural que a todos nos ha pasado, por que?, por nuestra falta de Fe y por desconocer el verdadero amor de y misericordia de Dios. Lo mas maravilloso de esta batalla es que Dios nos permite crecer, nos permite acercarnos a él, amarlo mas a sufrir junto a El; nos hace hijos predilectos, cuida de nosotros de una manera muy especial. El nos eligió entre millones y millones, confió en nosotros, nos da cada día las armas necesarias para combatir al enemigo y si caemos, ahí está siempre al pendiente de nosotros para levantarnos, para darnos consuelo, para sanar nuestras heridas y darnos más y renovadas fuerzas. ‘Pero si lo que esperamos, es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo con constancia’ Romanos 8:25. Es por todo esto que hay que ser pacientes y esperar en Dios, esperar con y por amor, no en las personas, ni en este mundo en general, es Dios quien tiene el plan y el tiempo perfectos, no nosotros. Dejémoslo actuar y decidir, por muy oscuro, confuso, incluso hasta imposible o completamente perdido que parezca o que lo veamos. Confiemos, pero hagámoslo con constancia, con Fe, con Esperanza y con la plena conciencia y certeza que Dios nos va a dar lo que pedimos, si es para nuestro bien. Hay que tener presente que para confiar en Dios debemos sacar el problema de nuestra mente, involucrarnos en otra cosa. No hablar más del problema. Porque ese gran problema, ya está en manos de Quien lo va solucionar. Suéltalo ya!. Cuando el dolor y el sufrimiento son tus compañeros, El Señor te está diciendo, ven y acércate a mi corazón. Que hermosa frase, verdad? Si hermanitos, cuando nosotros nos encontramos en medio del dolor, del sufrimiento, de la angustia, de la soledad, Dios está con nosotros y es en esos momentos cuando mas abrazados nos tiene, cuando mas al pendiente está de nosotros. El está siempre con nosotros sufriendo aún más, llorando aún más. No pensemos que Dios ya se olvidó de nosotros, que no nos escucha y peor aún que nos quiere ver sufriendo. Claro que no es así, al contrario, Dios nos permite todo esto, para que a través de ello nos purifiquemos, purifiquemos nuestras familias, nuestros matrimonios y a nuestros esposos. Que gran honor, verdad? Ese privilegio no lo tiene cualquiera!. Dios ha confiado en nosotros porque sabe que podemos hacerlo y lograr la victoria; es por eso que nuestro SI, debe de ser un ‘SI’ incondicional, un ‘SI’ que implica, sacrificios, dolor, humillación, ofrecimientos; pero todo esto es lo que finalmente va a hacer que crezcamos en la Fe, en el Amor y en la Esperanza, que renazcamos en el amor de Jesús y María y que aprendamos a amar, a buscar y a necesitar de Dios a cada instante de nuestras vidas. Vale la pena, verdad?. El día de ayer me encontré una reflexión que sé que nos servirá mucho a todos: ¿SUFRES? ¿Crees que yo no tengo dificultades? ¿Qué mis problemas son pequeños? No imaginas cuán equivocado te encuentras. Todos, en alguna medida tenemos pruebas y dificultades. Unos más, otros menos. Suelo aceptar los problemas con resignación. Pienso en estas palabras de Santa Teresa: ‘La paz, siempre la paz, se encuentra en el fondo del cáliz’ Y renuevo mis esperanzas. Hay otra frase que me anima a seguir. Cuando estoy en una dificultad muy seria me digo una y otra vez: ‘esto también pasará’. No sé que habría sido mi vida, sin la dulce presencia de Dios. ¿No entiendes porqué te pasa esto?. He aprendido que no es necesario comprender la voluntad de Dios, que es perfecta. Hay que amarla, como lo amamos a él. Creo que la perfección está en esto: En amar y dejarnos amar por el Padre. Hace mucho dejé de cuestionarme. ¿Acaso puede el barro cuestionar al alfarero? Ahora me dedico a conocerlo, a leer su Palabra y tratar de vivirla, a buscar su gracia y su amor, como el mendigo que busca favores. Descubrí que sus promesas son ciertas y verdaderas. Se cumplen siempre. Por eso me impresionan e ilusionan tanto, como estas palabras suyas: ‘No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o, ¿qué beberemos?, o, ¿tendremos ropa para vestirnos? Los que no conocen a Dios se aferran a estas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo esto. Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas’. (Mt 7,31 31). Nosotros pensamos en lo temporal, nos aferramos a la vida. Deseamos poseer bienes y lograr grandes posiciones en la sociedad. Te das cuenta cuando alguien te dice: ‘Yo soy’ Y tu que piensas admirado: ‘Oh, qué importante es’ Jesús. Él piensa en términos de eternidad. Lo suyo es el amor, la santidad, la humildad. Cada vez que he sufrido me parece escuchar a Jesús preguntando: ‘¿me ofrecerás tu dolor?’ ‘Sí, Jesús’, le respondo, ‘por tu amor, por las almas del purgatorio, por la santidad de tus sacerdotes, por los que viven en peligro de perderse’. Me han pasado cosas muy curiosas con Jesús. Recuerdo que una vez que fui a verlo para quejarme por los muchos problemas que tenía. Me acerqué y le dije: ‘Ayúdame’. Y me pareció que desde el sagrario me respondía: ‘Ayúdame’. Entonces comprendí mi error y le dije: ‘Si Señor, cuenta conmigo’. El tiene una pedagogía simpática, una manera muy particular de mostrarte el camino. Y el más certero de todos es la cruz. A sus predilectos, los hace sufrir más. El sufrimiento, ofrecido, aceptado, tiene un valor infinito. Nos llena de gracias, nos purifica. Y cuando ya no puedas más, ora con los salmos. Hay tanta riqueza en ellos. Éste en particular (el 27) te anima a enfrentar las grandes pruebas de la vida, a superar tu dolor: ‘El Señor es mi luz y mi salvación, ¿A quién he de temer? Ampárate mi vida es el Señor, ¿Ante quien temblaré?’. Contigo Señor, nada temeré. ‘JESUS, EN TI CONFIO’.