A los 18 meses de mi restauración…       He sentido hace semanas que debía escribir, mas no sabía qué y cómo, bueno… sí sabía, pero no sabía cómo ni por donde empezar. Por tanto pido al Espíritu Santo me guíe, me dé la docilidad para que sean sus palabras las que vayan en este escrito, porque solo Dios, conoce los corazones de cada uno, y solo su Palabra cala en lo mas hondo de nuestro ser.     Antes de empezar, quiero pedirles que no me vayan a responder, porque mi único deseo es compartir esta vivencia con todos ustedes. Queridos hermanos, como ustedes recordarán, mi matrimonio ha sido restaurado gracias al Señor. No ha sido, ni es fácil luego de una restauración, puesto que ambos tenemos muchas cosas por cambiar, por perdonar, por sanar, pero con la ayuda de Dios, lo vamos logrando.     Aunque mi esposo y yo, nunca estuvimos separados físicamente, porque el siempre vivió con nosotros, pues fue como si lo hubiéramos estado, porque fueron 15 años, terribles, de peleas, de ofensas, de desconfianza, de desamor.  Cuando ingresé a JSMF, me decidí gracias a la ayude de ustedes, a sus consejos y sugerencias, a rendirme al Señor, a tratar de obedecerlo, seguirlo como Él quería que lo hiciera y fue allí, desde ese momento, que mi vida empezó a cambiar, porque de lo amargada que era, ya que siempre renegaba ó estallaba en gritos y cólera ante cualquier cosa que aconteciera, Dios me fue transformando en una persona mas calmada, mas tolerante, mas amorosa con mi esposo, a quien   le había tomado fastidio y muchas veces deseaba no verlo en la casa.     Cómo empezó Dios a obrar en mí?, como les dije, cuando me rendí a Él, cuando le dije, toma mi vida, haz tú lo quieras de ella, cámbiame, hazme distinta a lo que soy!, entonces comencé a ir a misa y recibir la comunión diariamente, ya que yo era católica de misas dominicales ó fiestas de guardar, matrimonios ó misas de difuntos, cuando empecé a acercarme mas a mamita María, rezar la Coronilla a la Divina Misericordia, y aunque no tenía cerca de mi casa un Santuario de Adoración al Santísimo Sacramento, lo hacía frente al Sagrario después de la misa y a pedir por todos los matrimonios del grupo, ya no solo por mi matrimonio, fue allí, donde empecé a enamorarme de Dios y Él a trabajar, no solo en mí, sino también en mi esposo.   Yo diría que el cambio, la transformación fue en paralelo, o sea en mi esposo y en mí a la vez, no ha sido nada fácil, ya que como sabemos el enemigo no descansa, siempre fui una mujer muy insegura, muy celosa de mi esposo, y es por ese lado, donde siempre sembraba en mi pensamiento la duda, al principio de nuestra restauración, muchas veces me dejé llevar por esos pensamientos negativos, por esas dudas que me ponía el enemigo en la mente, no sabía reconocer que eran sus ataques, para que todo lo logrado por El Señor, quede en nada, pero si me pude mantener a flote, solo fue gracias a la   Misericordia de Dios y a mi frecuencia en oración, misas y comunión, esa fue mi fortaleza.     Ahora, próxima a cumplir dos años en este bendecido grupo, les puedo decir que no todo es color de rosa, que la lucha continúa, si bien es cierto que Dios me ha cambiado, que ya no soy la mujer celosa y posesiva de antes, que ya no estoy ‘colgada del brazo de mi esposo’,(porque antes para mí, todo giraba en torno a el que ahora sé reconocer los ataques del enemigo y cuando pretende distraerme, alejarme del camino, poniéndome esos malos pensamientos sobre mi esposo, los rechazo y rezo el Magníficat, repitiendo Jesús no confío en mi esposo, solo ¡¡Jesús en tí confío!!.   Pero si hay algo que realmente, he comprendido, es que primeramente, a Dios, le agrada que antes que pedirle por nosotros, le pidamos por los demás, que antes de pedirle la restauración de nuestros   matrimonios, la conversión de nuestros cónyuges, le pidamos por la nuestra, que busquemos estar mas cerca de Él, y pongamos todo en sus manos, que depositemos toda nuestra confianza en Él, solo en Él. Y algo también muy importante, el no bajar la guardia, el no confiarnos en que todo marcha bien, y descuidar por ejemplo, asistir a la santa misa, los sacramentos de confesión y comunión, nuestras oraciones por los demás, en fin, todo lo que hicimos antes de que Dios nos concediera la restauración, porque sino, el enemigo nos hace presas suyas y puede destruir con nuestra ayuda, sí, como digo, con nuestra ayuda; todo lo que Nuestro Señor, hizo y estaba haciendo.     Como dice una hermana, NO SEAMOS COMO LOS LEPROSOS, debemos ser AGRADECIDOS CON NUESTRO SEÑOR, ayudando a los demás, con nuestro testimonio de vida, no solo buscando atraer con palabras bonitas, ó del propio Evangelio a otros hermanos que están sufriendo una separación ó divorcio, ó dándonos de lleno al trabajo en algún grupo parroquial, eso está bien, pero lo primero, recuérdenlo, es nuestro testimonio de vida, en nuestras familias, con nuestros esposos (as), con nuestros hijos, que vean en nosotros a Jesús, que nuestros rostros   sean de felicidad, de amor, de paz, todo lo que solo Dios, dá, cuando lo recibimos y lo llevamos en nuestro corazón, que cuando es así, SOBRAN LAS PALABRAS.     Hemos recibido la gracia de la restauración de nuestros matrimonios, siendo miembros de JSMF, pues seamos verdaderamente agradecidos con Dios, en nuestro grupo, tenemos muchos hermanos que necesitan de nosotros, que necesitan de nuestro apoyo, de nuestras oraciones, AYUDEMOS!!     Hermanitos, a quienes están a la espera de la restauración les digo y pido, mucho, depende de nosotros   mismos, de nuestra disposición, de nuestra entrega, nuestro compromiso con Dios, no solo basta pedirle, sino también hacer, si solo nos limitamos a pedir, pedir y pedir y esperamos que las cosas nos caigan del cielo, estamos yendo por mal camino, necesitamos trabajar, y cómo trabajar?, orando por los demás, cumpliendo con los mandamientos como Dios nos pide, frecuentando los sacramentos, siendo testimonio de Dios en nuestras familias, dando amor a nuestros cónyuges, a nuestros hijos, pero sobre todo, siendo obedientes a Dios, para no caer en tentación.     Por ejemplo si solo estoy casada(o) en matrimonio civil, y mi esposo(a), vive ó frecuenta a otra persona, y viene a visitarme y a buscar intimidad conmigo, no aceptarlo, porque estaría cometiendo doble pecado, no solo vivir en unión libre, sino pecando contra el sexto mandamiento. No hablar mal del esposo(a) a nadie, no quejarme ni reclamar, por lo que me tocó vivir, por la forma como se dieron las cosas, sino mas bien reconocer, que si estoy viviendo esta situación, es porque yo estuve alejado(a) de Dios, y aceptar con humildad, ese momento, esas circunstancias y entregarlas a Dios para que sea Él, quien, en su infinita misericordia, las acoja y las cambie. Pero, como digo, mucho depende de nosotros mismos, Dios hace milagros, sí, claro, por supuesto que los hace!!!, pero si nosotros realmente creemos, confiamos, y nos rendimos en cuerpo y alma a Él y lo dejamos trabajar. Dios los bendiga hoy y   siempre, mamita María los cubra con su santo manto y los libre de todo mal.     Los quiero mucho, los abrazo en Jesús y María