Hace mucho tiempo que tenía deseos de escribirles, de compartir mis experiencias en este camino de la mano de Jesús y María, pero la verdad no lo había hecho antes porque también pensaba ¿qué les voy a decir?, no sabía cómo empezar ni por dónde empezar. Bueno, El Señor ha puesto este momento para que lo haga y aquí estoy, voy al grano mejor para no aburrirlos.
Antes de que me casara, yo conocí al Señor, a través de un grupo carismático, de esto hace ya como 25 años atrás, pero lamentablemente, cuando uno no se entrega completamente, cualquier cosa que pase, nos hace olvidar todo lo bueno que conseguimos, y así pasó conmigo. Luego me casé y más aún me alejé de Dios, tengo 16 años de casada, pero ya desde antes mi esposo y yo teníamos muchos problemas, discusiones, por mis celos, celos que ciertamente tenían fundamento, pero celos al fin, y cada vez que celaba a mi entonces novio y luego esposo, era razón para discusiones, terribles discusiones y alejarnos cada vez más el uno del otro, tanto así que a los 4 meses de casados, mi esposo y yo nos separamos porque comprobé que me engañaba con una ex enamorada, yo realmente estaba enamorada y quería mucho a mi esposo y me dolió mucho lo que había hecho.

Al cabo de 4 meses nuevamente volvimos, la verdad él nunca me pidió perdón por lo sucedido, pero yo lo busqué, y supuestamente lo había perdonado, pero resultó no ser así, recién después de muchos años me he dado cuenta que no fue así, porque yo no había olvidado lo sucedido y cada que podía se lo echaba en cara y me ponía como víctima, al principio esta ‘treta’, daba el resultado que yo quería, o sea mi esposo se sentía mal, se sentía culpable y yo tranquila, pero con el paso de los años ya no era así, sino por el contrario, ahora el me echaba la culpa de todo, me decía que yo era la culpable de que él se haya portado así por mis celos, que yo lo había empujado a hacer eso, y todo el tiempo, ya con 3 niños, nuestra vida eran discusiones y malos tratos, hasta que nuevamente volvió a serme infiel, pero esta vez a diferencia de la anterior, yo reaccioné más calmada, llevada por los consejos de mis hermanas mayores, conversé con él, dijo que eso no significaba nada y que eso iba a terminar, y supuestamente así sucedió.

Mi esposo aunque yo quería saber detalles de esa relación, jamás quiso hablar de ello, y traté como se dice de llevar la ‘fiesta’ en paz, pero no fue así, las discusiones se acentuaron, y yo como estaba ‘harta’ de él, en muchas ocasiones le sugerí, el divorcio, porque según yo, era la mejor solución, para que nuestros niños no sufrieran, pues ninguno de los dos, estaba dispuesto a cambiar, a ceder, siempre estábamos a la defensiva. Yo pobre víctima, sufría, y mis hijos también, gracias a Dios, tengo una madre, muy religiosa y siempre me aconsejó a dejar todo en manos de Dios, pero yo no comprendía en ese entonces la magnitud de esas palabras, o no quería comprenderlas, rezaba, a veces oraba, pero no me entregaba ni entregaba a Dios completamente toda mi carga.

Hasta que un buen día, Dios, lanzó su red sobre mí, y no saben cómo se lo agradezco, el Señor me atrapó, me capturó a este grupo, aquí he vuelto a tomar el camino desandado todos estos años, aquí el Señor me ha mostrado su inmenso amor hacia mí y los míos, sé que aún me falta mucho, muchísimo por recorrer, pero me he entregado a Él, ahora sí, porque reconozco que sin El mi vida no tenía sentido, le he entregado a mi esposo, si hasta hace más o menos 5 meses, no dejábamos de discutir un solo día, ahora las cosas son distintas, no lo hacemos, hay discusiones aún, pero ya no como peleas, sino como un intercambio de pareceres, hay paz, se respira un ambiente de tranquilidad, de respeto.

Les decía que aún falta mucho camino que recorrer porque aunque yo quiero, mi esposo aún se resiste al amor, pero ¿saben?, eso no me desanima, antes cuando le hacía cariño, (él no es cariñoso, no demuestra sus emociones, siempre fue así) al verme no correspondida, me sentía, como que hacía un papel de tonta, de ridícula, sentía como que estaba mendigando amor y eso me ponía de muy mal humor, era una amargada, ahora no, ahora siento que al contrario, debo demostrarle a mi esposo todo el amor que siento por él, no me importa si el me ve ridícula o tonta, no me importa lo que los demás piensen o digan, y aunque él no me corresponda en la medida que yo deseo, no me importa, debo confesarles que muchas veces él se ríe cuando me ve rezar con ustedes, una vez cuando me vio leyendo el libro: “El poder de la esposa que ora”, me dijo: ¿qué crees?, ¿que con eso me vas a cambiar?, yo solo sonreí y dije: no yo no.

Estoy en una lucha, para que él se rinda completamente a Dios, para que lo reconozca como su Señor, él se resiste, pero no sé cuánto más podrá aguantar. Oro para que su corazón se ablande, pero sobretodo oro para que el Señor me cambie a mí completamente, sé que yo voy a ser el mejor ejemplo para que él crea y se convierta a Dios. ¿Saben?, nosotros nos hemos herido mucho, nos hemos dicho cosas terribles, esas cosas feas que salen en momentos de rabia, de ira, pero el Señor está sanando, y aunque por ahora el me ve como una almohada más en la cama, no me duele, no me hiere, no me importa, porque sé, confío en el Señor, que sólo EL puede cambiarlo y que lo está haciendo conmigo, si antes era una reclamona, ya no, si era una llorona, ya no, si gritaba y renegaba, lo hago menos, si antes provocaba discusiones, ahora no, no es fácil, sobre todo con el temperamento explosivo que tenía, pero Dios me ha seducido y yo me estoy dejando transformar.

Si hermanitos, no se imaginan lo maravilloso que es estar enamorada de Dios, ha tocado las fibras más profundas de mi ser, con ese amor que sólo Él sabe brindar, es que ahora no puede hacer nada sin consultarle, no quiero hacer nada que pueda ofenderlo, es casi como cuando uno conoce a una persona y se enamora, bueno muy parecido, con la diferencia que a esa persona, a veces uno se preocupa más por agradarle externamente, sin embargo a Jesús, sólo me interesa agradarle interiormente, que es lo que El realmente ve; si me pide orar, oro, si me pide perdonar, Perdono, si me pide amar, Amo, si tengo que arrodillarme, me arrodillo, si tengo que agradecer, agradezco, todo para que Él se sienta contento y orgulloso de mí, y cuando no lo hago,(porque también me pasa), a diferencia como les decía de esos amores ‘terrenales’, Él no se molesta, sino me habla con Amor, a veces me reprende, pero con Amor. Y me da tantos abracitos y me hace tantos cariñitos, ¿que quién no se rinde a eso?! Y trato de tenerlo conmigo mañana, tarde y noche, juntitos, abrazaditos los dos, pensando sólo en El.

Ah y como buena ‘novia’, lógicamente también busco agradar a la ‘suegrita’, o sea a María, su Madre Santísima, y sí, creo que ya me la gané, porque me ayuda tanto, en todo, fíjense que nos ama tanto, tanto, que yo que le pedí para que mis hijos oraran y fueran también a Misa, bueno ya comenzamos, mis dos niñas de 11 y 7 años, estamos yendo todos los días y la mayorcita hasta comulga junto conmigo. ¿Qué creen, obra mía? No! De Dios por intercesión de María! Por eso queridos hermanos, déjense enamorar, déjense amar por Jesús. Hermanitas especialmente, no se desanimen, sean firmes en su fe, si ustedes creen en el Señor y todo lo bueno que hace, entonces ¿por qué dudan?, ¿por qué reclaman?,¿ por qué se cansan? El Señor nunca dijo que el camino era fácil, pero si dijo: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré.” Ánimo, adelante, alaben y ¡bendigan a Dios!, den gracias por todo lo que ha creado y acontecido para nuestro bien. Porque nos ama. ¡Dios los bendiga! enormemente! y la Virgen María los cubra con su santo manto! Los amo!.