Quiero empezar este testimonio dando ¡Gloria a Dios por su milagro! y pidiéndote a ti, hermano que lees estas líneas a que sigas adelante, a que no te rindas, a que luches y perseveres pues ¡si Dios lo hizo con mi vida!, con mi matrimonio, con mi hogar puede y quiere hacerlo con el tuyo. A Él, al Espíritu Santo y al Padre sea toda la Gloria por los siglos de los siglos. Infinitas gracias a mi Madre, la Santísima Virgen María quien nos ha protegido y por su Gloriosa intercesión, Dios ha tocado un hogar más.

Esta es mi historia, Soy de Colombia y vivo en una pequeña ciudad en el Departamento del Valle, Casado hace 12 años y con dos hermosos hijos de 12 y 10 años. Mi vida antes de la ruptura era “normal”, sabía que Dios existía pero la verdad no me preocupaba por Él, llegando al punto de vivir a solo unos metros de una Iglesia por más de dos años y no ir a la Santa Misa, de oración… menos, solo me preocupaba por mí, por vivir, por salir adelante, por estudiar, pero de Nuestro Padre ¡nada!. Los problemas y discusiones en el matrimonio eran “normales”, sin saber que a través de ellos mi esposa estaba pidiéndome a gritos mi atención, mi amor, mi compañía. Pero, ciego e ignorante pasaba por encima de sus reclamos y llamados de auxilio tomándolos como una “pataleta” más de mi esposa.

Yo era profesor de una Universidad y se me presentó la oportunidad de irme a hacer un curso por fuera del país, el cual acepté sin siquiera consultárselo y me fui de su lado, diciéndole que era lo mejor, que nada iba a cambiar y que volvería para que siguiéramos adelante con nuestro matrimonio, pues incluso habíamos hablado de renovar nuestros votos matrimoniales al cumplir 10 años, lo cual se daría unos meses después de que volviera al país.

Fue en ese momento que Dios nuestro Señor permitió la ruptura de mi hogar. Dolor…uf, solo aquellos que hemos estado en este camino podemos entender el dolor que sentimos, lágrimas, sufrimiento, el creer al principio que es solo una mala pesadilla y que al despertarnos todo volverá a estar como antes. Mi esposa me dijo por Internet…”al volver encontraras a la mamá de tus hijos, pero no a tu esposa”. y empieza nuestra cabeza a girar, a pensar, a tratar de atar cabos sueltos, en fin todo aquello por lo que todos hemos pasado. Mi esposa cambió 180 grados, era otra mujer, completamente diferente a la que yo conocí y con la que me casé. Era obvio que algo estaba apoderándose de su voluntad, de su mente, de su alma. Mentiras, orgullo, soberbia, silencios, desprecios, fueron las señales que Dios me mostró para indicarme que algo estaba tratando de destruirnos.

De tanto buscar soluciones a mi problema, encontré un día de febrero de 2011, ¡Gloria a Dios!, la página de JSMF y decidí creerle a Dios y luchar por mi Esposa, por su alma, la de mis hijos y por mí. El cambio fue duro, pero Jesús no me dejó solo ni por un segundo, su Amor me acompañó y me acompaña todos los días de mi vida. El me mostró lo alejado que estaba de Él, los pecados que había cometido, las faltas en las que había incurrido y mis errores en la relación con mi esposa. Dios me dio las lecturas necesarias para acercarme a su lado, para cambiar mi modo de ver las cosas, para entender a mi esposa y para mejorar como persona, ser el esposo, compañero, amigo que ella necesitaba.

Las cosas empeoraron, como muchos ya también lo saben, cuando decidimos entablar la batalla; en muchas ocasiones caí, pequé pero por su infinita Misericordia fui perdonado y continué adelante. También habían momentos en que el enemigo me ponía tentaciones en el camino, me decía por medio de la boca de mi esposa: “no voy a volver contigo”, me animaba a rendirme, a dejar todo a un lado y “continuar con mi vida”. Yo seguía con mis rosarios, mis novenas, las visitas al Santísimo, la confesión, la Eucaristía, la lectura de Su Palabra, mucho silencio, mucho amor al Padre y ella cada vez más lejos, más perdida, más necesitada de mis oraciones y mi intercesión por ella ante Dios.

Hermanos: Dirijo esto especialmente a los hombres, no se rindan, no se rindan, luchen, sigan adelante, oren, confíen y crean en el Único que puede resolver nuestros problemas. ¿Qué más puedo decir? Que solo en Dios está la solución a nuestro problema, hoy mi esposa está de nuevo conmigo, Jesús la trajo a mi lado dos años después de entrar a JSMF. Les comparto, de nuevo especialmente a los hombres de JSMF, lo libros que Dios me puso a leer y a ver para entender lo que estaba pasando y lo mejor, que debía hacer para corregir mis equivocaciones: * La Batalla de Todo Hombre * Los lenguajes del Amor * Las 5 Necesidades de Amor de Hombres y Mujeres * Los videos del padre Ángel Espinosa de los Monteros. * El Desafío del Amor.

Por ahora no considero conveniente dar más detalles sobre mi o sobre mi esposa, lo único que puedo declarar es que todo esto es absolutamente cierto y que para Gloria de Dios El restauró mi vida, me restauró a mí y me devolvió a mi esposa. Sigan adelante, luchadores y si en algo puedo ayudar cuenten conmigo. Con afecto. José Jaramillo. Encomienda al Señor tu camino, confía en Él; y Él hará Salmo 37:5.

LUEGO A JOSÉ JARAMILLO SE LE HICIERON LAS SIGUIENTES PREGUNTAS PARA COMPLEMENTAR SU TESTIMONIO: Autorizas que publiquemos tu testimonio (con tu nombre o anónimo) ¿Cómo regresó ella? que sucedió? como te hablaba Dios? que consejos darías a los hombres de JSMF, quien eres hoy? que cambiaste? Estas son las respuestas:

Desde que Dios me permitió conocer a JSMF estuve convencido que algún día publicaría mi testimonio de restauración, cada vez que leía uno me decía: “Uno de esos será el mío” y ya vez, Dios hizo el milagro en mi vida; por lo cual la respuesta a la primera pregunta es sí, autorizo su publicación con mi nombre (primer nombre y primer apellido).Las reacciones de mi esposa eran, como leí en algún momento, una “montaña rusa” en ocasiones estaba alegre, cercana a mi e incluso me mencionaba que había pensado regresar a mi lado pero se arrepentía y me lo confesaba y otras veces era apática, callada, distante lo que curiosamente sucedía cuando más oraba e intercedía por ella ante Dios.
Jesús la trajo a mi lado en el momento menos esperado, una noche cualquiera hace una semana mientras sacaba a pasear nuestra mascota como lo hago de forma regular se acercó a mí y me dijo: “Quiero que dejemos el pasado atrás y que volvamos a estar juntos, que luchemos por nuestro matrimonio”, yo le dije que sí, y que lo único que le sugería es que se acercara a Dios, que tuviera fe en Jesús y que no se soltara de su mano. Dios me habló de varias maneras, a través de su Palabra, de canciones que escuchaba repentinamente y justo en la frase que me impulsaban a seguir adelante, de testimonios que leía en JSMF o incluso a través de mi esposa ya que en una ocasión me envió un correo diciéndome “No te Rindas”. También habían ocasiones en que su silencio me desconcertaba, parecía como si mis lágrimas, oraciones, peticiones estuvieran siendo dirigidas a una pared y nada sucedía; ahora comprendo que estaba fortaleciendo mi fe en Él, que a pesar de la tormenta de mi vida Él continuaba en mi barca, a mi lado, protegiéndonos, pidiéndome solo una cosa: FE, a lo que yo respondía “Señor, hágase Tú Voluntad”.

¿Qué aprendí?: Muchísimas cosas, establecí una profunda relación con Dios, aprendí a escuchar a mi esposa, comprendí cómo el demonio me tentaba y lo mejor cómo podía hacer para rechazarlo o en caso de caer y pecar aceptar mi error y pedirle humildemente perdón a Dios, aprendí a alabarlo y a darle gracias en medio de la más grande oscuridad y sequía, aprendí a leer su Palabra, a servir de apoyo a quien más me necesitaba, a comprender las necesidades de mi esposa y cómo suplirlas, a dominar mis ojos, mis pensamientos, mi forma de hablar, mis acciones al tratar con las mujeres, aprendí a depender completamente de Él para todo.

A mis hermanos el principal consejo es que dejen el orgullo, que se acerquen a Dios y le abran su corazón, me gusta ir a hablar con Él en el Santísimo y contarle mis sueños, mis proyectos, mis problemas y dejarlo todo en sus manos. Hoy sé que soy un ser humano imperfecto, pecador, una vasija de barro que está en las mejores manos: “Las manos del alfarero.” Dios los bendiga, con Afecto, JJ