Si hay un acto de cobardía que no puede ser justificado con nada, es el de un hombre que abandona a su familia.
Y peor aún, es que, ese cobarde le eche la culpa a ella de, haberse ido con otra, haber caído en adulterio, (cuando fue él quién abrió puertas al adulterio) o haberse arrojado a los brazos de alguien que “sí lo entendía”, lo comprendía, contenía, bla, bla, bla.
Esa clase de hombre sólo piensa en él mismo, es un egoísta y soberbio que no le importa el sufrimiento de la mujer a la que le prometió amor incondicional, ni las marcas de por vida que le dejará a sus hijos.
Sé que hay muchas mujeres que están o han atravesado una situación similar.
Mi esposa la vivió en carne propia, mi esposa tuvo que lidiar con ese cobarde que fui yo, un ser egoísta que creía que podía justificar el haber abandonado su hogar.
Yo pensaba que me había liberado de una cárcel, que me había quitado una mochila, mis hijos se habían convertido en objetos y mi hogar un lugar desconocido; ni hablar del rechazo que sentía por mi esposa, qué cobarde!, el pecado endureció de tal manera mi corazón que había creado entre nosotros un muro impenetrable.
Por su gracia y misericordia, Dios derribó esa muralla, me dio la oportunidad de recuperar a mi familia, soy sincero, si Dios me daba lo que merecía, el infierno y condenación eterna hubiesen sido mi destino en ese momento; pero la oración y el clamor y la perseverancia y la fe de mi esposa movieron a nuestro favor la mano de nuestro buen Dios, y así volvimos a estar juntos nuevamente como familia.
Dios tocó mi vida, tuve que humillarme mucho, con un corazón 100% arrepentido, muchas lágrimas y muriendo cada día, durante un año entero, a aquel hombre sucio y cobarde.
Hoy soy un hombre que ama a su familia y que tiene a Dios en su vida en primer lugar en todo.
Dios lo hizo en mí, Jesús rompió las cadenas y salvó nuestra familia.
Por eso no vamos a dejar de decir que Jesucristo cambia y transforma las vidas, los matrimonios y las familias.
Por eso oramos a favor de las familias.
Si él lo hizo con nosotros también lo puede hacer en cualquiera que se anime a creerle.
Dios te bendiga.