Creo firmemente que uno de los pasos más difíciles de dar es ‘El Perdón’, bien sea el perdón así mismo, el perdón a los involucrados y el pedir sincero perdón al Padre. Pero no cabe duda que sea uno de los primeros pasos a dar en nuestra sanación y restauración. La Palabra nos dice que: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.”(1 Juan 1,9) Reconocer nuestro pecado ante Dios, será un gran paso y un gran alivio de las cargas que nos aprisionan, será el mejor paso a la reconciliación con Dios e inicio de nuestra sanación y restauración. ¿Cómo debemos llegar al Padre?, en completa humildad, con un corazón contrito y humillado y reconociendo nuestro pecado, pidiendo a Dios Padre misericordia y perdón. “El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; Tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido” (Salmos 51,17) “Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado.”(Salmo 51,3), el perdón así mismo, es un paso sumamente necesario, pues David expresa al Padre que siempre reconoce el pecado en su vida, pero el quedarse con el mirar el pecado por siempre, no permitirá que avancemos en el crecimiento espiritual. Tener una y otra vez más el pecado ‘pasado’ ante nuestros ojos, nos hará pensar que de esta misma manera, no hemos sido perdonado por el Padre, lo cual nos llevará a una tristeza, una desesperanza y sobre todo a bloquear el camino a perdonar a otros. “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.”(Salmos 51,10). Es muy difícil si por ejemplo una persona, ‘robó’, y en espíritu contrito y humillado pidió por el sacramento de confesión el perdón al Padre, cumpliendo su penitencia y convicción de no volverlo hacer, siga agobiado por este evento en su vida, por experiencia los seres humanos, actuamos según nuestras experiencias personales ante ciertas circunstancias en nuestras vidas, esto conllevaría a que esta persona se le haga más difícil perdonar a otros si no siente el verdadero perdón de Dios en su corazón. “Yo les perdonaré sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados.”(Hebreos 8,12).

“Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.”(Mateo 6,14.) Esta es la más hermosa condición de amor, porque si nosotros logramos perdonar a otros sus ofensas, inclusive la de nosotros mismos, nuestros pecados serán perdonados. Es tremendo esto, porque seremos liberados del yugo en el cual el enemigo nos mantenía ciegos a lo que significa el verdadero amor. Me parece también un resto, pues si nuestro(a) esposo(a), están en adulterio, trabajar a diario en el perdón sincero a nuestra pareja, representará lo cerca o lo lejos que estamos en vivir el amor verdadero, ese amor que es incondicional y que viene de Dios. Más que una decisión como debe ser en nuestros comienzos, en este camino debería ser un acto de amor a nuestro prójimo y para glorificar a Dios con nuestros actos. Por esto te digo: “Si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.”(Lucas 7,47) El pedir perdón a Dios, el perdonarse a sí mismo y el perdonar a otros, deben ser ejercicios de simultaneo trabajo, si no pedimos perdón a Dios, no entraremos en su gracia de reconciliación, si no nos perdonamos a nosotros mismos, no podremos perdonar a otros y finalmente si no perdonamos a los otros, nuestro Padre no perdonará nuestros pecados. Difícil tarea, pero por experiencia propia cuando llegamos a entender que no somos de este mundo, aunque vivamos en él, cuando hacemos propio el sacrificio de Jesús en la cruz por nosotros, muchas cosas se nos facilitan y una de ellas es el verdadero perdón. Es una experiencia hermosa perdonar, es un alivio enorme, recibir y dar perdón, es un proceso tan lleno de bendiciones el sentir la sanación mediante el perdón. No olvidemos que por ser un solo cuerpo con nuestro conyugue, a medida que nosotros somos liberados ellos serán liberados, a medida que nosotros somos perdonados ellos serán perdonados, si nosotros sanamos ellos también sanaran, si somos perdonados ellos también recibirán perdón. ¡Gloria a Dios! Por último una de las claves de la oración eficaz, es que si tenemos algo que perdonar a nuestro prójimo, primero vamos y perdonamos y finalizamos presentando nuestra intensión ante el Padre. ¡Cuán importante es el perdón!, Trabajemos en él. “La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará.”(Santiago 5,15). Dios Padre Todo Poderoso pueda siempre darnos un corazón lleno de perdón, un espíritu humillado y una liberación mediante su perdón en el Nombre de su hijo nuestro Señor Jesucristo. Amén. Bendiciones. Miembro de JSMF.