Mi Esposo Llegó a casa el 11 de diciembre 2010, acompañado de mis suegros que venían al festejo de nuestra hija que cumplía cinco años y todo era felicidad, mis suegros nunca dejaron de apoyarme y visitarme en el tiempo de la separación y aunque mi esposo y yo teníamos una bonita relación, él guardaba su distancia. Siempre que mi esposo nos visitaba dormía en otra habitación hasta esa fecha; que como en casa se encontraba mi familia y la de él no nos quedó de otra que dormir juntos (ya habíamos dormido juntos tantos años pero ahora era un poco extraño), yo actué natural y esa noche dormimos como hermanitos, platicamos de muchas cosas hasta que nos quedamos dormidos yo muerta de cansancio por todos los preparativos de la fiesta.

Al día siguiente 12 de diciembre del 2010, fue Domingo día del Señor y de la Santísima Virgen María de Guadalupe, me levanté muy temprano para asistir a la Eucaristía a las 7 de la mañana, ya que ese día sería muy ocupado debido a que también celebrábamos los cinco años de nuestra hija, cuando me acerqué a comulgar, segura de que somos una sola carne, pedí como siempre que mi esposo fuera alcanzado con la gracia de Nuestro Señor, fuera restaurado y liberado del pecado en que estaba sometido. Y como siempre me fui al altar de nuestra madre Lupita con mucha más razón porque era su día, le entregué a mi esposo y pedí su bendición especial para toda la familia.(cuantas veces me había refugiado bajo su manto entregándole mi dolor de ver a mi familia destruida y le ofrecía mis lágrimas que era lo único que tenía) Era ya un momento de madurez en mi Fe en la que yo ya había dejado de pedir el regreso de mi esposo al hogar, sabía y confiaba en que ocurriría pero ya no era mi prioridad, lo que más me importaba y me importa hasta ahora es la salvación de su alma.

Llevábamos hacia unos meses una relación de amistad, respeto y cariño un poco rara, pero sé que muchos me entienden de esas de la que todo es bonito. Pues bien ese día, todos me ayudaron para que la fiesta de nuestra hija saliera muy bonita; tomamos muchas fotos y entre ellas una familiar de nosotros cuatro. Todos nuestros amigos y algunos compadres nos acompañaron; al final ya cuando se habían ido los invitados abrimos los regalos junto a mi hija mis suegros, mi esposo, mi mamá, mi hermana, y algunos sobrinos. Fue un día lleno de trabajo pero también de muchas emociones y bellos momentos.

Al final de todo como la cosa más normal del mundo nos fuimos a dormir nuevamente juntos, hacía mucho frio recuerdo y solamente me dijo: “¿te puedo abrazar tengo mucho frio?” le dije: ¡sí¡ y dormimos abrazados toda la noche (ahora sé que se puede hacer el amor sin tener sexo) no saben qué alegría nuestra madre del cielo nos estaba uniendo de nuevo. Así de simple así de sencillo. Porque muchos(as), esperan verlos(as) de rodillas pidiendo perdón o con un ramo de flores, derrotados y humillados; pues no, ese no fue mi caso; yo simplemente por la gran Misericordia de Dios lo recibí sin reproches, sin preguntas, sin condiciones; no fue necesario que me pidiera perdón yo desde hacía mucho tiempo ya lo había perdonado.
De ahí en adelante no nos hemos vuelto a separar ni siquiera para dormir.

Quise empezar primero por lo bonito, ahora les contaré cómo fue mi prueba en la que El Señor quiso llevarme al desierto, pero nunca me dejó sola. Mi esposo y yo hemos sido siempre un matrimonio normal con buenos y malos momentos como todos, sin pasar nunca gracias a Dios por problemas de violencia física o alcoholismo. No voy a manejar fechas, porque yo siempre dije que esperaría el tiempo que fuera necesario.

Todo estaba según yo bien en mi matrimonio, hasta que de pronto a mi esposo le cambió el carácter, por todo se molestaba, buscaba cualquier pretexto para recriminarme, me decía continuamente que éramos muy diferentes que no compaginábamos. De pronto empezó a estar el menos tiempo posible en casa y cuando estaba peleaba por todo, recuerdo muy bien en una ocasión que llegó y nuestra hija pequeña que es su adoración no se quería acercar a su papá, la quería cargar y ella no quería irse con El; tiempo después vi en un video de Gloria Polo en que explica que cuando nuestros cónyuges están envueltos en pecado mortal traen pegados a ellos una especie de demonios que parecen como las manchas de un perro dálmata y pienso que mi pequeñita los percibía.

Pertenecíamos a un grupo de matrimonios de la parroquia y asistíamos a la Eucaristía todos los domingos junto con nuestros hijos. Pero de pronto sin explicación alguna ya no quiso ir al grupo, simplemente el día que nos tocaba reunión él desaparecía; aunque me prometió no dejar de asistir a la Eucaristía al poco tiempo ya ni ahí quiso acompañarnos. Yo callaba y se lo entregaba todo a Dios, y seguía asistiendo al grupo y a la Eucaristía los domingos como siempre con mis hijos.
Hasta ese momento no me explicaba qué sucedía con mi matrimonio, porque mi esposo estaba tan distante e indiferente no solo conmigo también con nuestros hijos se podía decir que le estorbábamos. De pronto empezó a encontrarme todos los defectos del mundo y a señalármelos, yo por mi parte me propuse bajar de peso (aunque no soy gorda), arreglarme más, ropa nueva, maquillaje, perfume, cremas de todo tipo etc. A procurar agradarlo en todo lo posible, su comida favorita, su ropa lista limpia, planchada y colgada en su lugar; nuestra casa impecable desde la puerta hasta el último rincón; pero nada funcionaba. Mi esposo seguía con una actitud muy rara, como que se ahogaba dentro de nuestra casa y no quería estar en ella. Después dejó de pelear y simplemente nos ignoraba, hacia planes en los que no estábamos incluidos, estaba totalmente indiferente, ni con sus padres y hermanos quería convivir, empezamos a ir a los cumpleaños de la familia sin él, porque simplemente no quería ir. Hasta que paso lo que tenía que pasar me cansé y llena de orgullo y de soberbia le puse un hasta aquí, le reclamé todo lo que le tenía que reclamar y le pedí que se fuera de la casa. Pero no se fue.

Ya para ese tiempo yo sentía que no lo soportaba, que ya estaba cansada de luchar por alguien a quien no le importaba su familia y su matrimonio; me cansé de que no pasara nada por más que me esforzara; mi Esposo seguía perdido en otra galaxia y lo ignoré, lo excluí yo también totalmente de mi vida. Y me aferré a convencerme de que no lo necesitaba. Así seguimos un buen tiempo en el que yo salía con mis amigas al café, de compras, al cine con mi hijos y ni siquiera le avisábamos (mentira y engaño del enemigo me sentía cada vez más vacía, más sola y más lastimada), pero no lo demostraba, delante de mi esposo yo me mostraba frívola, despectiva y altanera; solo le hablaba para pedirle dinero. Llena de soberbia justo como el enemigo le gusta que seamos, él se muere por convertirnos en eso: una porquería.

Para ese tiempo dejé de asistir a la Eucaristía y me despedí del grupo de matrimonios argumentando que era de matrimonios y yo no podía seguir asistiendo sola y mi esposo ya no quería seguir. Se cumplía el plan perfecto de ya saben quién, primero perdió a mi esposo y de ahí seguí yo, hasta arrasar con mis hijos. ¡Dense cuenta por favor! el maligno llenaba cada vez más mi corazón de rencor hacia mi esposo y repetía continuamente a mi oído: “córrelo, córrelo de la casa no lo necesitas, que se vaya para que lo quieres.” Y tristemente le hice caso; lejos de mi Señor no podía dejarme dirigir por su Santo Espíritu. Le pedí amablemente que habláramos y recuerdo que muy diplomáticamente le pedí que se fuera de la casa; que no tenía caso seguir viviendo juntos. Según nosotros muy maduros, y muy abiertos al mundo moderno le dije que podía ver a los niños cuando quisiera y que llevaríamos una relación de respeto y por el bien de nuestros hijos, que fuéramos amigos que era lo mejor (se dan cuenta las grandes mentiras de los que están a favor de la separación). Recuerdo que aceptó, se le llenaron sus ojos de lágrimas, apretó la mandíbula, tomó sus maletas y se fue.(Él no quería hermanitos, no quería irse, yo lo empujé) Recuerdo que cuando se cerró la puerta sentí el dolor más espantoso y desgarrador que jamás había experimentado, me derrumbé y lloré y lloré con todas mis fuerzas hasta que no me quedaron más lágrimas, me dolía el alma yo no lo sabía, entonces reaccioné y dije: “Señor no me sueltes por favor no me dejes sola.”(Después en el congreso nos explicaron que duele tanto porque es como si te arrancaran una pierna y un brazo al mismo tiempo, porque con nuestro cónyuge somos una sola carne no lo olviden) Pasó un día, llegó otro y no llamó. Luego una semana, y piensas “ni siquiera para preguntar por sus hijos”. Pasó un mes revisé mi cuenta bancaria y ahí estaba como siempre el depósito para nuestros gastos. (Por ese lado no tengo ninguna queja).

Esa misma semana me llamaron para ofrecerme un empleo y lo acepté de inmediato, había mucho trabajo en ese lugar y pensé: “fabuloso así estaré ocupada y no tendré tiempo para estar triste”; Me pagaban muy bien, el horario estaba pesado pero igual me acoplé; busqué una persona de confianza para que cuidara mi hija y ya tenía según yo todo resuelto. Pero a pesar de que inicié mi nueva vida sola, que estaba muy ocupada y no me faltaba nada económicamente, sentía una tristeza interior que no se apartaba de mí nunca, para ese tiempo ya había bajado muchísimo de peso como es común en estos casos; y como tenía que estar bien arreglada para trabajar me veía al espejo físicamente muy bonita, pero por dentro me sentía desecha.

Mi esposo seguía sin llamar, no sabíamos nada de él desde hacía ya mucho tiempo, (no dejó de depositarnos ni un solo mes). Yo no tenía pruebas pero no eran necesarias, para saber que estaba con otra persona; y pensaba yo: “por fin está feliz sin nosotros como quería con su nueva vida.” Mientras tanto yo no podía con tanto dolor dejé de comer y en las noches lo único que hacía era llorar para que no se dieran cuenta mis hijos. Los fines de semana los tenía libres y salía con mis hijos al cine y a cenar por fuera sonreía y quería a toda costa evitar que la ausencia de su papá no los afectara y me hacía la fuerte, no comentaba esta situación con nadie, ni con mi familia ni con la de mi esposo no fue difícil ya que viven ambas familias en ciudades diferentes a la nuestra. Las amistades como siempre huyen cuando está la tempestad y no se atrevían a preguntarme nada.

Hasta que un día ya no pude más con tanto dolor y ahí en mi trabajo como una niña me solté a llorar delante de todos, no me importó que me vieran, recuerdo que era un llanto de dolor que superaba mis fuerzas y no podía detenerme; nadie dijo nada todos callaron, tomé mis cosas y salí de ahí. Llamé a una amiga que hacía un año se había separado y la busqué a ella porque yo la veía muy segura, muy feliz y realizada (de lejos, nunca sabes lo que en realidad pasa), para que me ayudara en mi nueva vida de soltera y también recuerdo que la busqué porque ya no quería que me hablaran de Dios, (de esto ya le pedí perdón a mi Señor y me confesé) lo que yo no sabía es que ella ya estaba muy acercada a Dios. Le pedí que me ayudara, que me sentía destrozada, que me dijera cómo hacer para superar todo esto por lo que estaba pasando; yo quería saber cómo ella lo había logrado y me ve y me dice: ”Ten fe confía en Dios, El todo lo puede.”

Vean cuán grande y Misericordioso es nuestro Dios, que a pesar de que yo lo hice a un lado Él no me soltó de su mano, como yo se lo pedí esa noche en que sentí el dolor más espantoso de toda mi vida y el mi Señor que tiene el control de todas las cosas, me llevó con esta hija suya que yo creía lejos de Él, pero que para su Gloria y honor, la había restaurado por medio del dolor de una separación, fue ella la persona correcta porque fue así que descubrí que hay una esperanza para los matrimonios destruidos, me contó que también había sufrido mucho pero para la Gloria de Dios ella y su esposo estaban a punto de volver (de hecho me consta que a los pocos días ese matrimonio fue restaurado bendito sea Dios).

Mi amiga me llevó con otra amiga que también había pasado por lo mismo y que su matrimonio ya se había restaurado y ella nos ayudó mucho a convertir completamente nuestra vida hacia Dios. Esta última que también era mi amiga y ahora mi hermana en Cristo llena de la sabiduría que solo nos da el Espíritu Santo me dijo: “en primer lugar que debíamos orar por mi esposo ¿qué? resonó mi soberbia en mi interior, yo quiero que me ayuden a mí, ( a él por mí que se lo coma un perro), le dije entonces que no tenía caso, que él ni siquiera llamaba; que yo ya lo había dejado en libertad para que pudiera ser feliz, que yo entendí que ya no me quería y que a lo mejor nunca me había querido, solo quería que me ayudara a mí a superar tanto dolor, entonces me dijo: “oraré por ti para que puedas perdonarlo y puedas así ayudarlo a salir del lugar donde se encuentra atrapado.

Me habló también de este bendito grupo Jesús salva mi familia, al que encontré como si fuera un manantial en el desierto y volqué toda mi vida y mi ser hacia mi Señor. Seguí todos los pasos que nos indican, leí el libro de primeros auxilios para un matrimonio herido, me acerqué al sacramento de la confesión. Cerca de donde trabajaba está la Catedral, me las arreglaba para poder ir a Misa todos los días a las siete de la mañana, y comulgar claro está, comencé a rezar el Rosario diario, hacer oración ante el Santísimo, la coronilla a la Divina Misericordia a las tres de la tarde y por mucho tiempo me uní al grupo a orar a las 3 de la mañana. (Nunca descuidé a mis hijos y mucho menos el trabajo).

Poco a poco comencé a ver todo diferente y saben ¿porque? Porque ahora vivía con ESPERANZA, mi esperanza estaba puesta en mi Señor que todo lo puede, que todo lo sabe, estaba convencida de que mi matrimonio seria sanado y restaurado por su gran e infinita misericordia cuando fuera su voluntad.

Un día ocurrió el primer milagro: Me invitaron a una Misa de sanación, un sacerdote venía a nuestra ciudad a celebrar una Misa de sanación y yo asistí, había tanta gente que cuando llegué ya no había lugares para sentarse y me coloqué de pie al final pero en medio para quedar frente al Altar. La celebración duró tres horas en las que estuve de pie, pero ni las sentí, recuerdo que durante la celebración el padre hizo una oración de sanación interior, inició llevándonos desde que estábamos en el vientre de nuestra madre y yo decidí hacerla por mi esposo, no me fue difícil ya que conozco toda su vida y tomando con mi mano derecha mi anillo de matrimonio, rogué al Señor confiada en que somos una sola carne, sanara cada experiencia en la vida de mi esposo que lo había marcado y no lo dejaba ser feliz, cerré mi s ojos y me encontré y sentí que solo yo y mi Señor estábamos en ese lugar y dejándome guiar por el sacerdote pedí sanación como si yo fuera mi esposo.

La celebración terminó con la imposición de manos por parte del sacerdote a todos los asistentes y pedí que esa bendición la recibiera mi esposo también. Al final cuando ya llegué a mi coche para irme a mi casa reviso mi celular y para mi sorpresa y para la ¡Gloria de Dios! había ¡seis! llamadas pérdidas de mí esposo. Después de tanto tiempo de no saber nada de él ahí estaban sus llamadas, le llamé inmediatamente y le comenté que había dejado el celular en el carro y que acababa de ver sus llamadas, me dijo que hablaba para saber cómo estábamos y que si podía pasar el fin de semana por nuestro hijo mayor, le respondí que sí.

El sábado pasó por mi hijo según lo acordado, pero no entró, ni siquiera se bajó de su carro nada más sonó el claxon y nuestro hijo salió y se fueron. ¡Se imaginan yo adentro con ganas de verlo, de abrazarlo!. Ya para entonces el Señor me había sanado de todo rencor y todo dolor, ahora sabía que amaba a mi esposo y podía verlo con misericordia y pedir por él todo el tiempo. Así ocurrió lo mismo varios fines de semana, hasta que me decidí a invitarlo a pasar, pero no aceptó y yo no me rendí y un día por fin decidió pasar, y le ofrecía yo de comer o por lo menos un vaso de agua pero no aceptaba nada. (Por ese tiempo alguien nos había dicho en el grupo que debíamos tratarlos con cariño pero con respeto guardando distancia como si tratara del Señor Obispo) y así fue pasando el tiempo hasta que un día acepto comer con nosotros y recuerdo que mi hija pequeña comentó: “vaya ya no somos una familia rota”, (todos callamos).

Un día que se estrenaba una película para niños que nuestra hija quería ver, le comenté por mensaje que si podía acompañarnos para ir juntos a verla, me dijo que no sabía, que probablemente sí, que después me confirmaba. A los dos días me dijo que sí nos acompañaba a ver la película y así fue como fuimos juntos los cuatro al cine después de muchísimo tiempo. Y así poco a poco se fue integrando con nosotros, nos visitaba los fines de semana; ya hasta nos acompañaba a hacer las compras de lo necesario para la casa. Pero seguía distante e indiferente conmigo, tal parecía que solo le interesaba mi amistad, yo seguía esperando una mirada, una señal de que quisiera volver al hogar, pero nada, nada cambiaba, nada ocurría aparentemente.

Terminó mi contrato en el trabajo y aunque me pidieron me quedara; yo ya no quise renovarlo, quería tener más tiempo para disfrutarlo con mi hijos y con Dios, tenemos un negocio propio que estaba a cargo de una empleada mientras yo estaba en el otro trabajo regresé a atenderlo medio tiempo para estar con la familia. Hay también una intercesión que no puedo dejar pasar y es la de San Rafael Guisar y Valencia, en una ocasión que acompañé a mi hijo a la ciudad de Jalapa, Veracruz por asuntos de su escuela fui a la Catedral y ahí se encuentra el cuerpo de este santo que tanto bien hizo y que logró la conversión de muchos ganando muchas almas para Dios, esa ocasión pedí su intercesión para la restauración de mi matrimonio, también visité su museo, un lugar donde se puede respirar la santidad, compré su biografía y ahora conozco la vida de santidad que siempre llevó y nunca se rindió ante las adversidades que fueron muchas por las que pasó, siempre ante su imagen le pedía intercediera por la conversión de mi esposo y que rogara a Dios para que no se pierda esta alma redimida por la preciosísima Sangre de nuestro Señor.

Yo también al igual que ustedes pasé por el dolor de pasar sola los aniversarios de boda, sin recibir un mensaje, una llamada; llegó nuevamente un aniversario más de nuestro matrimonio por la iglesia y por primera vez me atreví a recordárselo a mí esposo, le envié un mensaje que decía lo siguiente: “Un día como hoy, recibiste el anillo que todavía llevas puesto, tu vales la pena, nuestra familia vale la pena. Esperaré el tiempo que sea necesario. A lo que no obtuve ninguna respuesta y aun sintiendo dolor en mi corazón, dije al Señor: Bendito seas, fui a Misa yo solita renové mis votos en silencio y seguí con mi lucha sin desfallecer.

Durante todo este camino de lucha en el que literalmente el Señor me ha llevado en sus brazos y no me ha abandonado, me acompañé de la página de nuestro grupo Jesús Salva mi Familia, cada vez que sentía que mi corazón se hacía chiquito leía los testimonios, los mensajes que me daban mucha esperanza, comencé a dar aliento a mis compañeros que iniciaban su lucha. Recuerdo que cuando leí por primera vez el testimonio de Flor Castro, inmediatamente le escribí y le dije lo mucho que me había ayudado a leer su testimonio y que había podido comprender que siempre hay quien lleva una cruz más pesada que la de nosotros y que lo que yo estaba pasando no se comparaba ni tantito con todo lo que ella había sufrido. Me contestó y me dio mucho consuelo leer las palabras de aliento que me escribió y desde entonces yo tengo para Flor Castro toda mi admiración, respeto y cariño.

Ya pasó más de un año, desde que mi matrimonio fue restaurado, ¿por qué hasta ahora escribo mi testimonio? Tengo dos respuestas: R 1= Quizá soy dura de cabeza y no regresé inmediatamente como el leproso del evangelio a darle gracias a Dios. R2= Ha sido todo tan bonito tan perfecto que me costaba trabajo creer que fuera realidad y llegué a pensar que en cualquier momento terminaría y volvería a estar sola. ¿Qué sucedió con la OM? No lo sé, yo nunca quise saber quién era, que hacía, donde dormía; yo solo confié ciegamente en el Señor. De lo que si estoy segura es que salió de la vida de mi esposo ¿cómo? Solo Dios sabe, El para quien nada es imposible y tiene el control de todas las cosas. Ahora vivo segura de la mano de mi Señor, ya no le temo a nada ni a nadie, ahora sé que por difícil que sea la prueba El nuestro Dios no nos deja solos ni un instante.

Después de asistir al congreso de JSMF en noviembre 2011, decidí junto a otras hermanas de la ciudad donde vivo formar un cenáculo para orar por los matrimonios en crisis y apoyar a los que quieran luchar por la restauración de su matrimonio. Hablamos con nuestro párroco nos dio permiso y ahí vamos. Yo fui restaurada, mi matrimonio y mi familia fueron restaurados completamente, mi esposo volvió, su esposo, su esposa también volverá: ¡Créalo! ya lo hizo por mí, puede hacerlo por ti! ¡Su Gran Poder es el mismo hoy! Bendiciones.