En el libro de los Hechos de los Apóstoles de las sagradas escrituras, en donde el evangelista Lucas comienza su segundo volumen de su historia relatando como Jesús derrama el Espíritu Santo sobre los apóstoles y el Espíritu Santo a su vez los va inspirando a difundir el mensaje de salvación, se nos es de suma utilidad a la hora de nosotros defender nuestra fe y sobre todo de no dejarnos confundir, en tan cotidianas vivencias diarias en nuestras familias y vida en general. En el capítulo 22 de Hechos, leemos toda la apología de San Pablo, cómo fue tocado por El Señor y cómo fue llamado a su misión; en la audiencia y por algunas de sus palabras, San Pablo ocasiona una disputa, que produjo una división entre los fariseos y los saduceos, que se relata en el siguiente capítulo, 23. Basándome en estos hechos y pidiendo al Espíritu Santo luz, quise sacar una reflexión: Las Primeras palabras de San Pablo en el capítulo 23 fueron: “Hermanos míos yo hasta el día presente he observado tal conducta, que en presencia de Dios nada me remuerde la conciencia.” (Hechos 23,1), fueron estas palabras de San Pablo que produjo ser golpeado en su boca, a esta injusticia San Pablo responde en el versículo 3: “Herirte Dios a ti, pared blanqueada. Tu estas sentado para juzgarme según la ley y contra la ley manadas a herirme? ¡Qué verdad!, qué palabras y que fuerte revelación!, paredes blanqueadas: se notaba en personas que sin pecado, aparente en su interior permanecía su dureza de corazón. Nada lejos de nuestra actual realidad, juzgamos porque defendemos la ley de Dios, pero sin saberlo o engañados, no meditamos la manera cómo lo hacemos hiriendo a nuestro prójimo, es decir, creemos estar obrando en beneficio de la ley y contra la misma ley pecamos, pecando en la falta de amor y caridad. Pasan a diario estás acciones en nosotros, en nuestras familias, en nuestro trabajo, nuestra iglesia, en fin en todo nuestro entorno. El creernos dueños de la verdad, sin pecado por haber sido purificados, muchas veces nos ha llenado de arrogancia, de muchos sentimientos negativos, los cuales nos hacen perder la humildad y nos hace creer que por defender somos superiores a los demás. Qué cuidados tenemos que tener a la hora de entrar en esta difícil tarea, lo mejor será siempre no salir de la principal virtud ‘ El amor’ y pedir siempre a Dios las mejores palabras, actos y estrategias para servir a su reino. Luego de esta disputa, en el Capítulo 24 de Hechos, nos dice, que San Pablo fue apresado y llevado a juicio, en estos momentos San Pablo tuvo la oportunidad de hablar en su defensa, a partir del versículo 10 del mismo capítulo, Pablo, empero, habiéndole hecho señal el gobernador para que hablase, (otra enseñanza, San Pablo guardó respeto y silencio ante las palabras acusadoras, aun no estando en acuerdo, guardó respeto y esperó su momento para expresar su defensa), siguió San Pablo en estos términos: “Sabiendo yo que hace muchos años que tú gobiernas esta nación, emprendo con mucha confianza al Justificarme.” (Pablo habló con respeto, sin poner previo juicio de nada ni de nadie, sin faltar la ética de los acontecimientos, ni discutir posición), esto nos muestra que aunque su posición y por la autoridad dada en Cristo Jesús, San Pablo jamás dejó su respeto, ni dejó a un lado su humildad, ni mucho menos se llenó de arrogancia, a pesar de su misión, no dejó de ser más que el más pequeño de los maestros, tal cual nos enseña Jesús. Tanto que aprender en estas lecturas de Hechos de los Apóstoles, que nos ayudarán a defender nuestra fe, la verdad y sobre todo rescatar almas para Cristo Jesús, nunca olvidándonos que solo somos instrumentos pues el poder, el plan, la estrategias vienen solo del Señor, El nos dirá cómo, cuándo, donde y sobre todo cómo llevar a esa persona, bien sea creyente o no a los pies de Jesús, esta es nuestra labor , esta es una de nuestras metas, aún más en nuestros hogares, hemos orado por reclamar las almas en el nombre de Jesús , de nuestros seres queridos, pues aprendamos más y más de San Pablo, para lograrlo sin caer en pecado, en dureza, en arrogancia, en falta de amor y caridad todo para la gloria de Dios. Amén. Los pecados de omisión, no son pecados cuando hasta por nuestro comportamiento, expresas al prójimo el engaño, el error, falta o pecado de este, denunciando su error o pecado como se nos indica hacerlo, omitir es cuando intencionalmente por soberbia también hacemos silencio de palabras y hechos, sobre algo que debemos denunciar, difundir y expresar desde la verdad del evangelio y por medio de Cristo Jesús nuestro Salvador. Cuando llegué a mi confesor, a confesar mis pecados por omisión, recibí una gran enseñanza, pues me explicaba el sacerdote que no siempre que guardaba silencio, caía en pecado de omisión, pues mi actitud estaba mostrando al prójimo su error, sin muchas palabras, hasta que Dios me diera la oportunidad y las palabras exactas para expresar la verdad según el evangelio. San Pablo no omitió su fe, pero si esperó que Dios le diera las palabras, el momento y la manera de defender su fe ante el Juicio formado en su contra. ¡Gloria a Dios! Bendiciones. Miembro de JSMF.