Señor, gracias. Tú que un día nos diste la bendición primera para que viviéramos de Tu mano para siempre. Tú que a través de Tu cuerpo y de Tu sangre  formaste un solo cuerpo y una sola alma de nosotros como esposos sin negarnos nada…

Tú que con Tu amor llenaste las copas del mejor y más exquisito vino para que nuestra boda fuera para siempre. Hoy, después de habernos alejado, de habernos olvidado de que lo que Tú uniste el hombre no puede separarlo Nos has regalado nuevamente tu bendición al volvernos a dar el mejor de los regalos: “los segundos vinos”, de la reconciliación plena como esposos, ahora si te lo pedimos para siempre para que al caer la tarde sea el más exquisito y podamos, unidos de Tu mano, seguir caminando hasta el ocaso de nuestros días y así ser testigos de Tu amor inmenso.Y para poder, unidos en este amor de esposos, llegar a decir nuevamente… “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.

Gracias Señor por amarnos tanto y tener misericordia de nuestros corazones y nuestra familia, te lo pedimos juntos como un solo corazón por Jesucristo nuestro señor que vive y reina por siempre. Amen.