Queridos hermanos: Hoy me tocó escribir el editorial, he estado orando y pidiéndole al Señor que me ilumine y ponga el tema a tocar y aquí estoy, espero que sea el Espíritu Santo quien tome mi mano, mis pensamientos y mis palabras y sólo fluyan las suyas, la que mi buen Señor Jesús quiera. Siempre he observado, que la mayoría de las ocasiones en que escribimos, mejor dicho, enviamos un correo al grupo, es para pedir oración, para quejarnos de nuestro cónyuge, de lo que nos dijo, de lo que hizo, y en algunas ocasiones, lo hacemos para ayudar a otro que necesita de una palabra de aliento, de consuelo, o para dar un consejo, y en otras épocas, pero muy pocas, contamos lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Si bien es cierto, que casi nunca he escrito pidiendo oración, casi nunca también lo he hecho, contando lo que Dios está haciendo en mi vida, en la de mi esposo y mis hijos. No es mi intención en este momento, compartir un testimonio, sino mis queridos hermanos, pretendo que juntos veamos, hacia dónde estamos yendo, qué es lo que estamos esperando de Dios, si es que realmente esperamos en El, que hagamos un alto en nuestras vidas, en nuestros quehaceres cotidianos, y meditemos y reflexionemos si es que estamos siguiendo el camino que Dios nos ha trazado o ¿estamos siguiendo el camino que nosotros mismos nos hemos trazado? el estar en este grupo todos sabemos que no es por casualidad, sino porque El Señor así lo quiso, porque estábamos dentro de sus planes y yo pregunto, si estamos dentro de sus planes, si Él está permitiendo que vivamos la vida que estamos llevando, las situaciones que estamos viviendo ¿Por qué nos cuesta tanto aceptarla? ¿Por qué dudamos tanto, si muchas veces decimos que creemos en El, que Él nos ha dado una promesa? Y decimos y repetimos que Él es un Padre de amor, ¿realmente lo creemos? ¿Verdaderamente hemos tomado conciencia de quién es Dios? ¿Somos conscientes lo que significa llevar una vida en Dios? Hermano(a), mira dentro de ti, piensa. ¿Quién es Dios para ti? ¿Es un Dios al que debes rezar y orar tan sólo para que te dé lo que tanto anhelas? ¿Es un Dios al que debes alabar y bendecir sólo cuando vas a misa, cuando lo visitas en el Santísimo? ¿Es un Dios al que debes agradecer, solamente cuando te concede algo que consideras bueno para ti? No hermanos, no, si algo de lo mencionado es cómo tú estás sintiendo, viendo a Dios, estás yendo por un camino equivocado, ¿cuánto de lo que aconsejas a otros es lo que tú vives, lo que practicas? Dios es un ser que todo lo ve, que todo lo oye, a Él no lo podemos engañar. Nosotros, tú, yo, todos, tenemos que ser imagen de Dios, reflejar a Dios, el buen olor de Cristo, como nos dice San Pablo, y por dónde debemos comenzar por casa, sí, en nuestras familias, no nos pide El Señor que empecemos amando al vecino, ¡No! porque es fácil amar al vecino, al de la casa de enfrente, a nuestro compañero de trabajo, a nuestros hermanos de comunidad, ¿por qué? Porque ellos no conviven con nosotros; pero qué difícil se nos hace amar, a nuestro esposo(a), quienes lo tenemos en casa, o a nuestros hijos, ¿verdad que es difícil?, sobre todo cuando nos hieren, cuando nos dicen palabras que no esperamos, y en el caso de nuestros hijos, cuando no nos obedecen, qué difícil ¿verdad? ¿Cuántas veces hemos reaccionado con cólera, ante un arrebato de nuestros cónyuges? ¿A nuestros hijos les hemos levantado la mano, o les hemos devuelto con palabras hirientes? En ese momento nos olvidamos de lo que Dios nos manda: “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo”, y nuestro prójimo ¿quién es? Ese que tenemos al lado, sí y quién está siempre a nuestro lado, nuestros hijos, nuestra familia. En el caso de nuestros hijos, a veces equivocadamente tratando de hacer valer nuestro derecho de padres, los insultamos, los castigamos físicamente. Es cierto que Dios en la santa Biblia nos llama a corregir a los hijos, pero no creo que Dios esté contento al ver que abusamos de nuestra condición de padres para darles una palmada o algo más fuerte. Es allí donde Dios quiere que le demostremos cuánto lo amamos, es allí donde Dios nos va a hacer crecer en El, donde nos vamos a ir purificando y acercándonos más a Él. Puede ser difícil, pero no imposible, si tenemos a Dios, si nos agarramos fuerte de Él, si confiamos en que Él nos va a ayudar y si pedimos con fe, entonces todo se dará, porque ¡Nada es imposible para Dios! y con ¡El todo lo podemos!. Hermanos, Dios nos llama a la paz, al amor, a la conversión, si nos decimos hijos de Dios, si creemos que hemos sido llamados por El, y hemos decidido seguirlo, entonces ¡hagamos lo que Él nos diga!, tal y cómo lo dijo nuestra santa madre María en las bodas de Caná. Estamos a tiempo, todavía hay tiempo, todavía tenemos la oportunidad de ¡hacer lo que Él nos dice!, de dejarnos llevar por su Santo Espíritu y ser dignos hijos de Dios. ¡Amemos y dejémonos amar! Los amo en Jesús y María. Miembro de JSMF.