En mayo de este año 2013 cumplo 15 años con mi esposo. Hace 7 años una hija se nos murió y nos separamos por primera vez. Yo no busqué a Dios sino que me entregué a la vida mundana; sin embargo cuando me sentía en depresión le pedía a Dios que me devolviera mi esposo y hacía promesas para Dios. Mi esposo volvió a los 3 meses. Tenemos un hijo ya de 5 años. En septiembre del año pasado, una mañana mi esposo se levanta y me dice que esta aburrido y quiere la separación. Durante este mes no recibí sino ofensas y humillaciones por parte de él así como desprecios y rechazos. Lloré día y noche, tuve altos niveles de depresión al punto de doparme y tener pensamientos fuertes de no vivir más. Desesperada buscaba respuestas en todas partes.

Una compañera que vive la misma situación me habló de la página de Jesús salva mi familia. La examiné totalmente, leí varios documentos, libros, testimonios y demás. Me pegué a Dios, a su Palabra, a sus promesas. Y comencé con mi conversión, y después intercesión por mi esposo. Me fui de vacaciones con mi hijo y mis padres y esto hizo que me alejara de mi esposo. Realicé fuerte oración, ayunos, lectura de Biblia diaria y pedí fervorosamente que Dios tocara el corazón de mi esposo, no fue nada fácil.

Al final del año y comienzos de éste, mi esposo se siente solo, nos extraña, llora y junto con otras experiencias que él vive, decide buscarnos y darnos otra oportunidad. Es así que volvemos a nuestro hogar. Sin embargo queridos hermanos en Cristo, la lucha no termina, pues por una parte mi esposo me dice que me quiere pero que no me ama, esto es duro y por otra parte yo me siento insegura, con baja autoestima y desconfiada, siento que necesito mucho pero mucho de Dios. Si algo me di cuenta fue del error gravísimo que venía cometiendo y fue endiosar a mi esposo y esto me llevó a la dependencia en todo sentido hacia él. Me di cuenta que no tenía vida propia, dejé mi trabajo, mi profesión, mi vida social cuando nació mi hijo para dedicarme a un hijo, un esposo, un hogar. Me olvidé de mi misma y lo más importante de Dios.

El aprendizaje que me deja esta prueba son varias: Primero darle el primer lugar a Dios, solo Él es mi Dios, Señor y Salvador. Ponerlo a él siempre en todo lo que hago y me propongo. Pase lo que pase seguir los caminos del Señor. Dedicar un tiempo diario para leer su Palabra, reflexionar y hablar con Dios. Hacer vida su palabra y creer y vivir que Dios y solo Dios es la fuente de mi vida, es el único que llena mi copa de gozo, felicidad, paz, tranquilidad y sabiduría. Como dice el autor del libro: ‘El amor es una decisión’. Si no espero nada de nadie podré amar como amó Jesús, incondicionalmente. Hermanos sigo en la lucha, y orando por todos los matrimonios del mundo, ayunando y orando por cada miembro del grupo y por mi propio matrimonio. Ahora que Dios me regala de nuevo mi hogar pido sabiduría para saber edificar mi hogar como lo dice la Biblia y que Dios siga tocando el corazón de mi esposo por su conversión también. Quiero que Dios sea el gobernador, el centro de mi hogar y de mi corazón, así como el de mi esposo e hijo.

Muchas veces quise rendirme, pero me ayudaron las lecturas, los testimonios, la lectura de la Biblia y hablar con Dios cada noche, pidiendo sobre todo paz y tranquilidad que es lo más difícil de tener en esos momentos. Saber y reflexionar acerca del dolor y sufrimiento que sintió Jesús en su crucifixión, ofrecer cada lágrima, cada desprecio, cada dolor a Jesús y creer que algún día el Señor pondrá de nuevo todo en orden. Creo que si cada ser humano logra hacer vida esto, cada prueba que tenemos que vivir será más llevadera. Cuando entregamos nuestra vida a Dios, cuando seamos capaces de cerrar los ojos del alma y abandonarnos totalmente a Dios, las duras pruebas se sobrellevarán en Cristo Jesús.

Hermanos: Hay historias mucho más duras, yo tuve que ver una hija sufrir durante dos años y verla morir. Algo que hace hasta dudar de Dios. Pero pensemos que hay un Dios ¡Vivo! que nos está salvando y ganando para su Reino. Cuando se sientan destrozados, de rodillas pidan en el Espíritu Santo, paz y tranquilidad. Traten de vivir normalmente distrayéndose en sus trabajos, estudios, con los demás y leyendo. Busquen lecturas que hablen de Dios.

Ahora estoy leyendo varios libros que me han ayudado bastante. El Señor dice: ‘Sean fuertes y valientes’, pues demos hasta de las fuerzas que ya no tenemos para agradarle a Dios. El mismo nos da las fuerzas.

De todo corazón espero que algo de mi experiencia ayude a alguien, es lo importante de los testimonios. El Señor les de la paz y la tranquilidad que cada uno necesita para seguir en la lucha por nuestros matrimonios. ¡Dios los bendiga!.