Mateo 17 20: “Porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” Hermanos queridos, hace unos días tuve la dicha de escribir y enviar mi testimonio; en él aclaré que estaba segura que el regalo de mi restauración se debió a que la misericordia del Señor abrazó mi vida, la de mi esposo y la de toda mi familia. Seguramente mucho te habrás preguntado qué es lo que te ha hecho falta o que necesita Dios para hacerte el mismo regalo. No lo sé hermano, de lo que sí estoy segura es que el Señor tiene sus tiempos y éstos son perfectos. Te aseguro que lo que yo hice es lo mismo que ahora tú haces por recuperar a tu familia. Sin embargo sí hubo una constante en mi lucha: Fe. Buscando ayuda, llegué al grupo de JSMF y lo primero que me llamó la atención fue la certeza que me dieron de que mi matrimonio se salvaría, pero como buena testaruda, aun así le pregunté a nuestro querido Jesús si era lo que El realmente me estaba pidiendo. Al obtener una afirmación de su parte, supe con fe ciega que mi esposo volvería a su hogar. En medio de la lucha viví todo lo que tú mismo estas pasando, ataques de inseguridad, amenazas de divorcios, agresiones de la tercera persona, el mundo que te aconseja otra cosa, etc. Sin embargo, mi corazón y mi mente estaban ciertos de que habría restauración, a pesar de todo y en contra de todo. ¡Tenía fe y seguía pidiendo más fe! La fe hermano es el vínculo con nuestro Señor, es un don que Él nos regala; un don que debe utilizarse pues crece en nosotros sólo cuando la usamos y mientras más lo hacemos, más se desarrolla. Por tanto, debemos insistir una y otra vez, diariamente, ‘Señor, regálame fe’, ‘Señor te imploro, ¡Sí creo! La muestra de amor más grande que podemos darle a Dios es nuestra fe; creer en su amor eterno e incondicional, creer que todo lo hace bien, creer que su poder y misericordia son ilimitados, creer con todas las fuerzas de nuestro corazón que me ama, creer y amarlo intensamente. Para tener fe hay que entregarlo todo, hay que poner toda nuestra confianza en Dios y esperar lo mejor de El; eso quiere el Señor de nosotros, que nos rindamos a Él, que reconozcamos que solos no podemos, “Pero si nosotros con El ¿quién contra nosotros?” Él nos espera amorosamente todos los días, es por ello de vital importancia que diariamente nos pongamos en su presencia a través de la oración, pero no con una oración tibia, sino con un espíritu de fe, con un espíritu de saber que por lo que estás pasando, Dios a través de la oración te va a levantar de cualquier circunstancia, ¡Va a llevar a victoria tu lucha!. Sabemos que por lo que ahora está pasando tu matrimonio es un ataque furioso del enemigo. ¡Nos ha declarado la guerra! Pero no debemos de temer, pues Dios nos ha elegido como sus soldados y cuando el Señor hace esto es porque antes ya nos revistió de las armas necesarias para el combate y como sus soldados debemos combatir con las armas infalibles de los sacramentos, asistir a misa las más veces posibles, rezo diario del rosario, en fin, todo lo que en la página de JSMF se nos ha recomendado, e indiscutiblemente con la oración. Un sacerdote me dijo que las verdaderas luchas se ganan delante del Santísimo. ¡Acude a Él y clámale! ¡Clama al Señor! ¿y sabes lo que es el clamor? Una oración que sale de lo más profundo de nuestras entrañas, desde el fondo de nuestro corazón. Ora cada día y a cada instante porque el corazón de tu pródigo sea tocado, porque vuelva sus ojos hacia Dios y porque tu matrimonio sea sanado y restaurado. Cuando se me han acercado algunos hermanos y hermanas a platicar conmigo, hay una pregunta incesante ¿Cómo sé que es la Voluntad del Señor que me restaure? ¡Claro que el señor quiere que te restaures! cómo no va a querer si él está ávido de familias creyentes y fervientes de su amor, pues son semilleros de verdaderos cristianos. ¡No entibies tu lucha pensando si el Señor quiere o no quiere. ¡Él quiere! ¿O crees acaso que estas aquí por casualidad? Estas aquí no porque un hermano te invitó sino que Dios, a través del Santo Espíritu, se valió de todo para conducirte hasta el grupo ¿Y crees que una vez que te condujo hasta aquí fue para hacerte pasar una lucha en vano? ¡Por supuesto que no! Al traerte te está haciendo una promesa implícita y afortunadamente nuestro querido Padre es un Dios fiel. Puede caerse el cielo y las estrellas, pero las promesas de nuestro Señor se cumplirán. Que tu oración se levante día a día con la fuerza de un guerrero lleno de fe: “Padre yo creo.” Gracias porque mi pródigo viene de regreso. El camino está lleno de obstáculos, con curvas peligrosas, lleno de piedras, quizás oscuro, pero mi fe, la fuerza de mi oración y tu misericordia lograran derrumbar cualquier barrera que el enemigo haya puesto y alumbrarán su camino de regreso’ Cualquier barrera hermano; maltrato, infidelidad, drogas, desamor, alcoholismo, divorcio, ¡cualquier barrera! ¡Qué no hará nuestro Dios si levantó muertos, curó ciegos, hizo caminar inválidos, pues cuanto más podre restaurar matrimonios atacados! En esta guerra, queridos hermanos, nuestro comandante en jefe es Jesús, por lo tanto es victoria segura, sólo necesitas creerlo, apropiarte de ella, seguir en lucha y esperar. No le temas al dolor. Éste es necesario, pues el Padre nos acrisola en el fuego y nos convierte en creaturas preciosas, listas para recibir a nuestro pródigo. Mi hermana en Cristo María Esther me dijo un día: Claus, en virtud del sacramento, nuestros matrimonios son iglesias domésticas, por lo tanto los poderes del infierno no prevalecerán en ellos. Amén. Así es que sigamos en batalla, llenos de fe, llenos de amor y perdón. Y si no estás aún casado por la iglesia pues pacta con Dios, pacta que serás la persona que lleve al altar al que ahora está alejado de Él y de ti. No te detengas por lo que veas o escuches, no te fijes en las circunstancias que rodean tu matrimonio, fija mejor tus ojos en nuestro Dios, confía en el amor que te tiene, confía en el amor que le tiene a tu esposo y a tu familia. Yo me alarmo, me da escalofrío pensar en que aquél viernes en que mi esposo se vino a despedir ‘definitivamente’ de mi yo le hubiese creído. No niego que traspasó mi corazón. No niego que caí de rodillas y le clamé a mi Señor. No niego que corrieron innumerables lágrimas por mi cara, pero levanté mi voz con fuerza, como debes levantarla tú: mi señor hoy me va a resolver mi problema, mi familia se restaurará y esto se rompe porque el diablo no es más poderoso que mi Señor, y mis generaciones son levantadas en el nombre de Cristo Jesús. Y si tengo que seguir una milla, la sigo y le digo a satanás ¡la voy a seguir con gusto porque mía es la victoria para gloria de Dios y testimonio de su inmenso poder y ¡misericordia! Amén, amén y amén. Hay mayor esperanza para el que tiene fe, “aunque sea en una piedra”, que lo hace mirar hacia las alturas donde mora la idea del amor que Dios inspira, que el que confía en sus manos y mira hacia abajo, creyendo que fue él quien creó los frutos que le fueron dados. Coordinación JSMF.