Cuántos de nosotros ante la posición de creernos conocedores de la verdad, cuando hemos tenido el privilegio de estar instruidos, de creer que por cumplir solo con la leyes de Dios y los hombres, donde en nuestra diminuta mente hemos hecho lamentablemente y a lo mejor sin intensión, el papel de ‘fariseos’, Hablando, diciendo y pensando: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es una pecadora.”(Lucas 7,39), Cuántas veces hemos caído en esta trampa del enemigo que nos roba nada menos y nada más lo que Jesús vino a entregarnos: El verdadero servicio, el verdadero amor y la verdadera sabiduría, único camino que nos llevará al Padre. ¡Sí!, hoy Jesús que es el mismo de ayer, de hoy y de siempre viene a decirnos: “¿Ves a esta mujer? cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume.”(Lucas 7 44 46). Hoy quiero que seas practicante de: La humildad y el servicio lavando los pies de aquellos que por el pecado están revolcándose en un lodo, lávaselos hijo, con humildad, lávaselos con la verdad expresada desde el amor, lávaselos con tu oración para que sus almas queden purificadas, porque al tener los pies limpios, todo su cuerpo estará limpio. Lávale los pies a tu prójimo con tus lágrimas, con tu dolor, con tu amor para que sus pecados queden perdonados.

Del amor: Que no importe de que raza, que color, que tamaño, que ciudad, religión, ámalo tal cual el Padre os ama, incondicionalmente, ámalo con amor que todo lo perdona, con amor que todo lo soporta, con amor que todo lo cree, que no reprocha, que no juzga.

De la unción y del don de dar: Da de aquello que tú has recibido como un tesoro grande y que por amor lo has recibido desde lo alto, unge a tu hermano hoy, llénalo de ese aceite, derrama ese perfume celestial en su cabeza, llénalo de todo lo que se te ha entregado porque gratis lo has recibido, gratis lo has de dar. No nos engañemos hermanos por que Jesús dijo: “Si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.”(Lucas 7, 47). Se necesita un verdadero arrepentimiento y un espíritu contrito para que nuestro Señor perdone y haga borrón y cuenta nueva. Para estar bien arrepentidos hay que derramar lágrimas de dolor sinceros por haber ofendido a nuestro creador, es allí cuando somos vaciados y llenados de ese amor del Padre, de ese amor incondicional, el que todo lo cree, el que todo lo soporta, el que no reprocha, el que no juzga, el que no deja de servir. Tomemos hoy esta medida: ¿Cuánto verdadero amor hemos dado? Y sabremos cuántos pecados se nos han perdonado. ¡Gloria a Dios! Bendiciones. Miembro de JSMF.