Mis hermanos: Me encuentro partido de gozo y felicidad en el Señor, sigo alabándolo y bendiciéndolo por su infinita Misericordia. Como algunos de ustedes saben, yo soy hijo de un matrimonio restaurado. Hace algunos días con el motivo de nuestro 5to aniversario como grupo, le pedí a mi papá que me compartiera su testimonio de restauración para compartirlo con ustedes. El día de hoy lo recibí. Quiero agradecer aquí a mi papá y a mi mamá pues juntos lo escribieron y dieron su permiso para publicarlo y compartirlo. Bendigo a Dios y a mis padres, le doy gracias a mi Señor por haberme dado a estos padres, quienes me formaron y me hicieron el hombre que soy hoy, y que en esta prueba, en este caminar hacia mi propia restauración matrimonial han sido mis ángeles personales que con sus consejos y oraciones no han dejado que me quede tirado en los momentos más difíciles. Sin duda, sigo de pie gracias a la misericordia del Señor derramada en ellos y por ellos transmitida a mí.

Lo que leerán, ocurrió cuando yo tenía 3 años, ellos se restauraron cuando cumplí 4, y de esos años solo recuerdo 3 cosas, ver que mi papá ya no estaba con nosotros, orar de la mano de mi abuela por mi papá para que regresara con nosotros y el día en que lo vi regresar. Sin más palabras mías, les copio el documento que me mandó papá sin alteraciones, espero que el Señor les hable a ustedes en este testimonio…. PUEDE HACERLO POR TÍ…

En al año de 1983 durante muchos días de muchas semanas y durante algunos meses, al salir de casa y tomar las diferentes vías rápidas que me llevarían al trabajo. Saltaban constantemente en mi pensamiento ideas como ‘lee la Biblia’, ‘reza el Rosario’, ‘ve a Misa’, y yo me contestaba ‘si’ hoy cuando vuelva haré algo de esto. Al volver a casa los pensamientos volvían y yo decía ahora que llegue a casa, y llegaba a casa y me olvidaba de estos pensamientos y me convertía en un monstruo, le gritaba a mi esposa y a mi hijo lo alejaba, y de aquellos pensamientos de leer la Biblia se habían desvanecido hasta convertirme en un diablo.

La Misericordia del Señor, se mostró prodiga conmigo pues después comprendí el sentido de todo esto. Era para que se cumpliera la Voluntad de Dios y de sus Maravillosos planes para conmigo y los míos. Un mal día para mí, pero inmejorable día para el Señor, explotaron como una bomba la suma de acontecimientos que se venían suscitando durante un año desde que volvimos de un proyecto, el cual no se cumplió fuera de la ciudad, y como bola de nieve se fue agigantando. En estos tiempos hubo de todo pleitos, golpes, carencias, falta de trabajo, problemas entre las familias de ambos, enfermedades, etc. No teníamos ni casa, y vivíamos arrimados un tiempo con mi suegra y al final con mis padres.

Los problemas culminaron en una demanda de divorcio. No entendía por qué, el mundo que yo construí se vino abajo. El domingo decidí terminar todo y buscar a mi abogado. Llegué a casa de mi hermana a hablar por teléfono con mi abogado y ya dar por terminada esta situación que a mí me estaba matando. Al marcar una y otra vez sin lograr comunicarme marcando ocupado, en una de esas al colgar oigo una voz que me llama: “Eduardo”. Mas en mi dolor y mi desesperación no puse atención y continué marcando hasta que la voz fue más fuerte y escuché un “Eduardo” que me hizo revisar la casa y asegurarme que estaba completamente solo… ‘Eduardo, ¿por qué no vas con el padre Rodrigo?’ .

Tomé carretera rumbo al ‘Padre Rodrigo’ distante unos 80 km. De donde me encontraba, iba manejando y pensando en cómo mi vida se había acabado, el sentido de la misma ya no existía, por tanto lloré de dolor de desesperación de impotencia. ¿Por qué Dios?, ¿por qué me castigas así? ¡Yo nunca fui malo a nadie nunca le hice daño, con nunca nadie me he metido o molestado o lastimado! ¿Por qué permites que pase esto? ¡No es justo Dios mío, no lo entiendo! Hubo un momento que las lágrimas cegaron mis ojos y no vi más. Solté el volante sin darme cuenta y solo consciente del dolor, de mis lágrimas, de mi vida destrozada. ¿Cuánto tiempo fue así? no lo sé. Solo sé que cuando me calmé después de mucho llorar y moquear volví a tomar el volante, volví en mí y vi que estaba llegando al pueblo donde vería al padre Rodrigo.

Entré a la parroquia y su prima me dijo que el padre estaba oficiando Misa. ¡Cómo me vería que no me dijo nada ni bromeó conmigo como siempre lo había hecho! Ella y el padre me conocían desde que tenía 9 o 10 años y yo era su miembro del coro y monaguillo por muchos años. Llegó el padre y al verme me dijo: ¿Qué te pasa “Minino”? Padre quiero hablar con usted. Entramos a su cuarto nos sentamos y yo le dije lo que estaba ocurriendo, lo que a mí me pasaba y hasta lo que de él pensaba y que nunca recibí de él. En fin, me escucho pacientemente sin haber comido y sin interrumpirme una sola vez, por más de una hora estuve hablando hasta que le dije: …Pues eso es todo padre y quiero que me recomiende un buen abogado que me solucione de una vez por todas, mis problemas. “Minino Dios te ama y quiere lo mejor para ti.” ¡¿what, que?! ¡Dios me ama y quiere lo mejor para mí! Y al entrar estas palabras a mi corazón y en mi mente, mi vida se transformó, mi ser entero dio un vuelco en sentido contrario a la inercia que traía en mi vida.

El Señor me convirtió, le dio sentido nuevo a mi vida, una nueva esperanza y una paz que no conocía ni sabía que existía en forma tan grande, la convicción de que el Señor tomaba mi vida y me transformaría día tras día y paso a paso. Yo todavía dije al padre ¿Y mi abogado? No hay mejor abogado que el Señor. Me llevó a la capilla, y ante el Sagrario oró por mí, poniendo sus manos sobre mi cabeza. A partir de ese momento mis lágrimas se convirtieron en lágrimas de esperanza de gozo de confianza y en mi corazón resonaba fuertemente: ‘Espera, yo te amo y quiero lo mejor para ti’. y lo mejor ¡lo creí! Le creí a Jesús, que él había muerto por mí, porque me amaba y porque desde antes de que yo fuera siquiera un proyecto de vida, Él ya había pensado en mí y había trazado un plan bello, hermoso para mí, mejor que como yo lo había planeado y no solo para mi sino que estaba incluida mi esposa, mis 2 hijos en ese momento y todo lo que Dios dispusiera para mí a partir de ese día.

Regresé más calmado por la carretera llorando, pero ahora eran lágrimas de felicidad, de esperanza, de gozo. Y en mi corazón resonando las palabras: ‘Espera’. ‘Espera’. ‘Espera’. Yo le decía en mi oración: “Yo espero Señor” pero que no pase mucho tiempo porque yo no tengo paciencia. ¡Y además los problemas de dinero! Pronto se van a acabar. Señor ten piedad y misericordia de mí, no permitas que sufra, que no padezca soledad, que esto pase pronto.” Unos días después comencé a ver el plan del Señor iba para largo. Orando una noche en casa de mis padres el Señor, me hizo saber que mi esposa en ese momento estaba saliendo para el norte de la república. ¿Para dónde? No sé, pero ella se iba y se llevaba a mis 2 hijos. Pero a mí en unos días me llevó a San José del Altillo y comencé a participar en las asambleas de oración y tomar cursos de evangelización y más que me llevaron a conocer, comprender, descubrí, amar y quererlo todo con el Señor Jesús resucitado.

Pasaron 6 meses, yo antes había leído un testimonio de un hombre que hablaba de un caso muy parecido al mío, y decía que habían pasado 6 meses y le daba Gloria a Dios alabándolo y bendiciéndolo. Y cuando vi esto me horroricé pensando que yo no podría soportar tanto tiempo. Sin embargo habían pasado 6 meses y yo también le daba gracias a Dios. Por estos días tuve un percance de tránsito, en el cual una persona se metió en sentido contrario y chocándome, con su defensa trasera me arrancó literalmente la salpicadura delantera izquierda de mi vehículo. Yo pensé: ¡Bueno que caray que me devuelva mi salpicadera para mandarla arreglar y asunto arreglado! Pero al alcanzarlo y pedirle que me devolviera mi artefacto me enseñó una credencial diciendo que él era policía y me iba a meter a la cárcel. A lo cual de inmediato respingué y decidí ir a la delegación y demandarlo. Para hacer esto necesitaba los documentos de propiedad que me avalaran y proceder con la demanda. Así que decidí hablar con la familia de mi esposa y hacerle saber a esta que necesitaba dichos documentos, pues ella los guardaba. Que no quería pleito ni discusión, solo mis papeles del auto.

Cuando esto ocurría y yo me gozaba con la presencia del Señor. En las asambleas de oración hasta dos veces a la semana asistía, mis cursos de evangelización, y ahora también como desde el 3er mes con un grupo de oración de unos 12 o 14 hermanos que nos reuníamos una vez a la semana, y en mi casa (casa que el Señor me dio) y donde la oración era intensa y llena del Espíritu Santo.

Mientras tanto, después me enteré, efectivamente cuando el Señor me dijo que mi esposa se iba al norte, al norte se fue, a Monterrey, de trabajo en una empresa que la contrató para que trabajase en una nueva sucursal que habría en Monterrey. Con trabajo, segura casa y mi suegra para que le ayudase con los hijos, se trasladó a Monterrey y dispuesta a encontrarse o buscar su destino. Pero ¡Oh planes del Señor y amor sin límites! Pasados alrededor de 7 meses, casi 8, un buen día le llaman a personal y le comunican a mi esposa que su puesto se cancela y que se queda sin trabajo. Regresa a casa y su mamá le avisa que ese día la señora dueña de la casa que rentan, se presentó reclamando su casa porque adonde habían ido les fue mal y necesitaban su casa para ya. Y ella vio que su mamá tal vez no se sentía muy bien, así que decidió regresarse al D.F.

Así, el Señor sumando y juntando sus planes decidió que era tiempo de cumplir su promesa. Y un día sucedió… Mi hermano menor, no sabía dónde yo trabajaba ni nunca en esos meses me había visitado, así que verlo entrar al estacionamiento de mi trabajo y en un coche que no le conocía generaron en mi desazón. ¡Hermano ven pronto! ¡Aquí en la esquina está Lupita hablando por teléfono! ¡No hermano! Por aquí hay una muchacha que se parece mucho a ella pero no lo es. La primera vez que la vi ¡casi me desmayo!, pero ahora casi a diario la encuentro y comemos a la misma hora. ¡No hermano apúrate que se va ir! Y corriendo llegamos a la esquina y efectivamente estaba Lupita en el teléfono público hablando con alguien. ¡Oh Señor Bendito seas!, ¡Glorificado seas!, ¡Alabado seas! Nunca terminaré de alabarte y bendecirte por tanta Misericordia. Tus promesas nunca son incumplidas, tu Palabra siempre se cumple. La ‘Espera’, ‘Espera’ ¡Fue verdad!, Dios me ama y quiere lo mejor para mí y para mi familia. No falla. No hay Dios tan Grande como Tú.

Esto pasó en el año 1984, al siguiente año el Señor nos bendijo con un regalo enorme: nacieron unas gemelitas, y 2 + 1 fueron 4 y el Señor, nos bendijo con una hija más al otro año y una hija más en el 1988. Han pasado 27 años y aun cuando lo recuerdo, me quiebro y lloro de gratitud con la misma confianza, con la misma esperanza, con la misma fe, que entonces. Aunque en estos años ha pasado de todo pero siempre puestos nuestros ojos en Jesús mi Señor y Salvador.
Obviamente después de ese encuentro en el teléfono ocurrieron un sin fin de anécdotas, testimonios, milagros y acompañamiento filial de su parte. Aunque de la nuestra no siempre ha sido así. De momento hasta aquí. Gloria a Dios y que la paz sea siempre con todos ustedes. Eduardo y Lupita
Oran ante Dios para que este testimonio los edifique a cada una de las familias que lean esto y pedimos al señor que aumente su fe. ¡Ya lo hizo por mi puede hacerlo por ti!, ¡su gran poder es el mismo hoy no cambiará seguro estoy si Dios ha hecho un milagro puede hacerlo otra vez!

Lupita dice: “En la Biblia no existe el divorcio como tal y en nuestra fe no existen ni dispensas, el Señor es el mismo ayer hoy y siempre. Si haces a Jesús: ‘Señor de tu vida’, Tus decisiones serán guiadas por El, y jamás te equivocarás. “¡No cabe duda que es grande la Misericordia del Señor! Aunque lo he sabido toda mi vida, leer este testimonio de las manos de mi padre me llega justo en el momento que siento que las fuerzas me abandonan. Si, ¡El Señor lo hará otra vez! Contigo y conmigo. Dios nos bendice. Eduardo A.