“Venid a Mi todos los que estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré” Qué dulces Palabras salidas de los labios del Verbo Encarnado. Resuenan hoy en el corazón de cada uno de nosotros, que estamos cansados y agobiados. Deseamos dejar la carga pero, misteriosamente nos aferramos a ella. Y es que solemos pensar que amar a nuestro cónyuge es pensar en él(ella) y desean comprender lo que piensan, lo que hacen, lo que guardan en su corazón. ¿Te estás aferrando a esa carga que te agobia? ¡Suéltala! ¿Tu cansancio parece connatural a ti y este problema matrimonial se ha convertido en una obra de tres actos (mañana, tarde y noche)? ¡Suéltalo! ¿Sientes que tu vida entera ha sido absorbida por el dolor de la separación, por esa indiferencia y desamor que traspasa tu alma? ¡Suéltalo! Jesús lo recoge todo, amorosamente y a cambio te da su yugo ligero y su carga llevadera. Solo debes intentarlo. ¿Qué puedes perder? Ya lo has intentado todo y al parecer nada ha funcionado y es que la lógica de Dios es diametralmente opuesta a la lógica del mundo. El mundo quiere que mantengamos el control, que hagamos algo, que conservemos los elementos que generan resentimiento. Dios, por el contrario, quiere que todo se lo entreguemos a Él. Y es que nadie puede servir a dos señores, no podemos servir al deseo de manejarlo todo y a un Dios que nos pide que le permitamos manejar nuestra vida. ¿Cómo hacerlo? Es necesario tomar decisiones; es indispensable configurar nuestra voluntad con la de Dios y comprender que este momento particular de nuestra historia ha sido permitido o decretado por Dios para nuestro bien. ¡Cuántas cosas nos enseña con su amorosa pedagogía! Y cuántas cosas dejamos de aprender por andar ocupados en cargas extras, con nuestra cruz es suficiente y esa cruz es el día a día, con sonrisas y con lágrimas, pero en la paz de Cristo. Su dulce voz nos dice, nuevamente: “Buscad primero el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”. ¿Cuál es ese maravilloso reino que parece tan lejano? La Voluntad de Dios en tu vida y esa Voluntad siempre es buena. Dejemos, pues, que Dios mismo tome nuestra carga. Dejémosla en sus manos de una vez y confiemos, como niños. O ¿Acaso el niño hace recomendaciones a la madre cuando le confía su osito de peluche? ¿La llama, desde el colegio, para asegurarse de que su osito está bien, cómodo y contento? No. Los niños confían y nosotros estamos llamados a confiarnos a Dios como niños. ¿No es hermoso ver la ternura infinita con que Dios nos ama? Soltemos nuestras cargas, esas innecesarias que abrazamos casi con avaricia emocional. Tu esposo, tu esposa, están en manos de Dios. Tú cumple con los mandamientos, ama y confía, y lo demás, todo los deseos de tu corazón, se te darán por añadidura. Dios los Bendiga en abundancia. Miembro de JSMF.