Hace aproximadamente 8 años, conocí a una señora, la conocí a través de su cuñada, vivíamos en los mismos departamentos y me la llevó para ver si yo podría maquillarla, puesto que se iba a casar. Ellos habían tenido un niño al que habían perdido…¡que descanse en paz!. Pues llegó el día de la boda, la maquillé y ella ya estaba lista con su vestido blanco, y claro que todo aquello era para estar sumamente alegre, pero ella no sonreía. Y así paso el tiempo y la volví a ver en diferentes lugares varias veces, lo que más me llamaba la atención es que ella por más que uno se esmerara por visitarla y fuera con ella, nunca sonreía.

Un día Ulises mi esposo recibió una llamada, era de un familiar y le comentaba que si no hubiera manera de que nosotros fuéramos a verlos para invitarlos a ‘algo’ o ‘algún lugar’ que les ayudara a ellos porque estaban pasando por muy malos momentos, mi esposo me lo hizo saber y fuimos muy gustosos ese día y con muchas ganas de llevarles la invitación a un fin de semana, pidiéndole a Dios que nos ayudara para poder transmitirles y compartirles lo que nosotros ya habíamos experimentado gracias a esa hermosa experiencia.

El cuadro que vimos esa tarde era triste, el señor de la casa nos recibió con cierta inseguridad y ella con una cara de querer salir corriendo de ahí. Ella ante todo seguía sin sonreír, ni siquiera chistaba o hacia una mueca cuando los demás nos reíamos, era como si todo lo que había estado pasando en su matrimonio le había robado totalmente hasta un gesto amable en su rostro. Dimos la información, compartimos nuestro testimonio y yo me dirigía a ella tratando de acercarme y decirle con mis palabras: ‘Dios te ama, Dios te entiende y Él sabe lo que estás pasando, ¡no estás sola!’, así que allá en el cielo ‘se pusieron’ a trabajar muy duro ya que ellos dijeron ‘si’… si vamos a vivir a el f.d.s.

Durante las siguientes semanas fue un poco difícil porque él le decía a ella que ya no quería ir o que sí iba se llevaría su carro, para regresarse en caso de que no le gustara, pero llegó el día del f.d.s. Ellos acudieron, ese día tuvimos la fe y la esperanza completa de que les iba a ir muy bien y que ya no tendrían esas caritas tristes. Cuando los volvimos a ver, (como encontrados, ustedes ya saben cuándo…), no sabemos cómo o con qué palabras expresar lo que sentimos al verlos especialmente a ella, primero que nada era una sonrisa plena, llena de felicidad y lo que en verdad pensamos es: “que si uno se deja llevar por ‘El’, estas son las maravillas y los milagros que el Señor sabe hacer y vaya que si lo sabe hacer”, porque levanta escombros pesados y nos crea un templo nuevo así como lo hizo cuando vino Jesús. A ellos les llevo 8 años derrumbar ese templo que Dios les dio a través de su matrimonio, pero llega la gracia del Señor y por el más puro amor se los limpia, restaura y levanta en menos de tres días, aquella dicha era inmensa y por supuesto que en cuanto nos vimos a los ojos corrimos a abrazarlos, ellos no dejaban de llorar y dar gracias y nosotros también, pero de darle las gracias a Dios de habernos dados la oportunidad de llevarles esa invitación.

Esta pareja ha sido un gran ejemplo para nosotros, porque se han ¡levantado desde el piso hasta lo más alto y poder así tocar junto con sus hijos un pedacito del ¡cielo! Fue haber visto ante nuestros ojos ‘un milagro’ felicidades! Jorge y Lupe Magaña los queremos mucho. De lo que estamos muy seguros y convencidos es que el sacramento del matrimonio es ¡maravilloso! Y que el amor de Dios existe más de lo que nosotros nos imaginamos. Que Dios los bendiga, con mucho cariño de la familia Ponce, Ulises & Rosy, Ulysses, Abraham y Leonardo. P.D. El amor de Dios y el matrimonio son un milagro y Dios no desperdicia ningún milagro.