Me conocí con mi esposo un 31 de diciembre de 1999, en mi casa materna. Desde el primer momento que lo vi me enamoré de él, se puede decir que fue amor a primera vista. Desde ese momento supe que era el hombre con el cual quería compartir el resto de mi vida. Vinieron 4 años muy bonitos de noviazgo y después de una dolorosa pérdida de un bebé que esperamos juntos, decidimos casarnos el 27 de diciembre del 2003. Todo fue hermoso, un poco duro al principio pero sé que mi Dios me regaló al mejor hombre del mundo, un ser humilde, caritativo y muy responsable. A los 8 meses de matrimonio llegó nuestra primera hija María José a llenar nuestro pequeño hogar de luz y alegría, fue la experiencia más hermosa vivida que creo yo como mujer todas hemos experimentado.

Después de 2 años de haber nacido mi hija empezaron nuestras diferencias y peleas, mi esposo por su trabajo hacía turnos de noche y a veces doblaba turno, por lo cual casi no nos veíamos, empezaron los primeros indicios de infidelidad por parte de él, sin mayores consecuencias, pero que van dejando a lo largo del camino resentimientos y sentimientos encontrados. Para esta primera crisis ya me encontraba yo embarazada de mi segunda bendición Luisa Fernanda, a la que con mucho cariño llamamos Luchis, a los tres meses de embarazo decidimos separarnos, o bueno, yo decidí echarlo de la casa, empacándole todas sus pertenencias y prácticamente obligándolo a marcharse.

Los siguientes meses fueron un infierno total, estaba embarazada, sola y sin trabajo, para Gloria de mi Dios mi esposo nunca dejó de proveernos económicamente, pero nos hacía falta mucho más, sobre todo para mi pequeña Mary. En mi corazón lo único que guardaba era un profundo odio hacia ese hombre que el Señor un día me puso por esposo y mis más oscuros pensamientos venían a mi mente tramando cosas inimaginables. Nació nuestra pequeña Luchis y fueron días muy tristes para mí, me deprimí bastante, al pensar en que me encontraba sola, con dos pequeñas que crecerían sin un padre.

A los 5 meses de vida de Luchis decidimos volver, al principio como toda reconciliación fue hermoso, pero no demoraron en venir nuevamente mi desconfianza, mis celos y mis reproches, la situación pasó de color marrón a negro total, hasta llegar al punto de sentir fastidio por mi propio esposo. Ya no nos soportábamos y yo sabía que él me mentía, que algo escondía y si bien siempre he sido católica desde pequeña, mis súplicas y oraciones eran para que mi esposo se diera cuenta de lo mal que estaba, porque según yo era demasiado buena para él. Así pasaron 3 años de tortura hasta que la copa se rebosó, pero esta vez por algo que en mi papel de inspectora descubrí: revisando la cartera de mi esposo di con una foto y una fórmula médica de una ampolla de planificar a nombre de una persona que supuse era la misma de la foto. Confronté a mi esposo y éste sin más ni que, me dijo una verdad muy disfrazada; en fin, lo volví a correr de la casa y otra vez le empaqué sus pertenencias. Eso fue en diciembre del 2011, fue una Navidad terrible.

Los meses siguientes del 2012, fueron aún más terribles, enfrentarme a la responsabilidad de criar a mis hijas prácticamente solas, con un hogar que mantener (aunque mi esposo nunca dejó de proveernos). A mediados de enero mi esposo me llama y me dice que volvamos a intentarlo, lo único que me faltó por hacer ese día fue reírmele en la cara, ya que pensaba que era una desfachatez de parte de él pedirme tal cosa, y así seguimos. Él iba los domingos a llevarse las niñas un rato y las devolvía en la noche.

En otro intento de hablar sobre nuestra relación me llama una noche y me dijo tantas cosas, una de esas es la del título de mi testimonio: LA TERCERA ES LA VENCIDA. Yo otra vez me burlé de él diciéndole que cómo se le ocurría decirme eso otra vez y me dijo tantas cosas que me hicieron pensar en una tercera oportunidad, pero como otra vez me las quería dar de inspectora, rebusqué y revolqué el número telefónico de la OM y le llamé al trabajo, muy digna ella y amable me contestó y me ratificó su relación con mi esposo, me dijo que estaban muy bien, que tenían planes de irse a vivir juntos, en fin. Hasta la fecha no se si todo eso tan bonito que me dijo hubiese sido verdad, pero yo también le comenté los planes que tenía mi esposo, le conté lo de la llamada y le propuse que nos reuniéramos los tres para aclarar la situación y ver quien mentía. Así quedamos y nos encontramos ese día en un parque cerca de mi casa. Yo llegué y los esperé, pensaba que mi esposo vendría solo en su moto y que ella llegaría de pronto en un taxi o algo así, pero para mi sorpresa y mi infortunio llegaron los dos juntos en la moto. Sentí que se me venía todo al suelo, pero muy digna me reuní a hablar con ellos, fue lo más ridículo y absurdo que uno puede hacer en esos momentos, enfrentar al pecado de esa manera, pues ya sabemos que la que siempre queda mal es uno.

Me dio tanto coraje hermanitos ver como mi esposo la prefería a ella, cómo le creyó cada palabra a ella y no a mí, su esposa, eso me destruyó. Pero lo único que le dije a mi esposito al irme fue que me dejara la vida en paz, que así como él, yo también tenía derecho a rehacer mi vida y que por favor no me buscara más y me fui de ahí. Caminar hacia mi casa fue como andar sobre el viento, yo ni oía ni veía los carros ni sentía el asfalto bajo mis pies, estaba en una inercia total. Al llegar a mi casa rompí en llanto, mi madre que para ese entonces vivía conmigo me dijo que eso fue lo peor que pude haber hecho, pero yo solo lloraba y lloraba. Duré 3 días enteros sin probar nada de alimento, no puedo explicar con palabras textuales que era lo que le sucedía a mi cuerpo, pero yo me sentía muerta, ni mis hijas podían quitarme esa tristeza tan terrible que me embargaba el alma. Mi corazón me dolía literalmente, yo sentía que algo lo atravesaba y me causaba mucho dolor físico, hasta pensé que me iba a morir de un paro cardíaco o algo parecido.

Hasta ese entonces yo pensaba que era una santa, que mi esposo era el peor canalla del mundo por habérmelas hecho tantas veces, y que yo era una víctima más de sus fechorías. Para ese entonces yo ya conocía de este hermoso grupo, pero por cosas del orgullo no había vuelto a visitar la página, algo en mi interior me decía que debía luchar por mi hogar, y ahí fue cuando volví a la página de JSMF. Leí atentamente cada uno de los pasos para la restauración, y fue cuando una máscara cayó a mis pies, aunque nunca le falté a mi esposo de obra, si cometía adulterio de pensamiento, le falté muchas veces al respeto, lo puse por debajo de muchas otras cosas y lo lastimé con mis palabras.

Empecé leyendo los libros de apoyo de nuestros hermanos separados, hice la novena a la Sangre de Cristo, la coronilla a la Divina Misericordia, el rezo del Santo Rosario, la novena desatanudos. Leer el libro del Desafío del Amor, me ayudó bastante a revisar en qué había fallado como mujer en mi hogar, lloré más de una vez viendo las películas: Cicatrices y Fireproof; hice todo lo que según yo estaba a mi alcance, pero algo me faltaba, no me sentía con la paz y la tranquilidad que yo anhelaba, me sentía amargada, ahí fue cuando me fui para la iglesia de Girón (un pueblito que queda relativamente cerca donde vivo), al Señor de los Milagros y le pagué una promesa de rodillas hasta el Santísimo. Ese día mí corazón dolía mucho más y no aguantaba las lágrimas, me confesé y mi Señor me regaló una promesa muy hermosa y le habló a mi corazón: El me dio dos opciones: una era tomarlo a Él como mi esposo para siempre y la otra era luchar por mi esposo perdido. Yo sin vacilar tomé la segunda opción, la de luchar por ese hogar destruido.

En esta lucha me dieron mucho ánimo los testimonios de mis otros hermanitos restaurados y los testimonios de Charlyne y Bob y creí firmemente que Dios sí restaura y sana los matrimonios rotos y heridos. Un par de veces mi Señor me regaló unas visiones por medio de sueños, muy lindas, que aún guardo en mi ser. En eso mi cambio empezó primeramente por el trato con mi esposo, pues cuando él llamaba a la casa a preguntar por las niñas yo le respondía con dos piedras en las manos y era muy cortante. Eso cambió, ya lo trataba bien, cordialmente y empecé a invitarlo esporádicamente los domingos a almorzar a la casa. Trataba de preparar las cosas que a él más le gustaban, lo invité varias veces a la Santa Misa, y a un retiro muy bonito de oración y liberación, fue algo muy gratificante para nuestras vidas. En una oportunidad yo le manifesté lo que estaba haciendo y le dije que yo estaba parada firme por la restauración de nuestro hogar, que lo iba a esperar el tiempo que fuera necesario y pues él lo tomó muy bien, me dijo que sí, que habían muchas cosas por cambiar aún pero no más.

Parecíamos como novios, él se quedaba los fines de semana en casa y algo que nunca olvidaré es la alegría tan inmensa de mis hijas, sobre todo de Luchis que con sus 4 añitos le decía a su papá: ‘Papito quédate, esta es tu casita, tráete tu ropa para acá, trae tu pijama’, eso en verdad me partía el alma, pero terminaba el fin de semana y otra vez lejos de su hogar. Así trascurrieron los días y los meses y yo ya me estaba empezando a desesperar al no ver ningún progreso ni deseo de volver al hogar, hasta que un día le dije que ya lo nuestro no se iba a dar que era mejor que empezáramos a mirar hacia otro rumbo porque de pronto Dios aún no quería nuestra restauración; y ahí fue cuando me dijo que quería volver al hogar y que estaba pensando trastearse ese fin de semana. Yo me quedé atónita y solo le dije que mejor lo pensara, que yo sentía que él no había cambiado en nada, que cómo podríamos volver a reconstruir otra vez nuestro hogar, en fin, la indecisa era yo, pues sentía mucho temor de volver a cometer los mismos errores garrafales del pasado.

Al día siguiente día se trajo sus cosas poco a poco, primero su ropa y luego sus demás pertenencias. No me lo creía, duré como en shock una semana, en la que después reaccioné y me dije a mi misma, “esta es tu bendición, el Señor te ha devuelto a tu amado esposo”, y por fin me las creí. Hermanitos, el 27 de diciembre del 2012 cumplimos 9 años de matrimonio, renovamos votos, el padre bendijo nuestras argollas, las cuales habíamos perdido y desde ese día 12 de noviembre del 2012, estamos nuevamente juntos.

Han sido meses un poco duros sobre todo para mí, pues la tentación por estar revisándoles sus cosas no deja de atormentarme, pero sé que mi confianza está puesta en el Señor Dios, y si confío en El, sé y estoy segura que mi esposo me será fiel. Lo que ahora quiero para nuestro futuro es compartir cada día que mi Dios me regala al lado de ese hombre maravilloso que tengo como esposo, de mis dos pequeñas princesas, quiero verlas crecer y con la ayuda de mi Señor y mamita María criarlas en el amor a Cristo Jesús. Que ellas tengan el mejor ejemplo de vida en nosotros para que el día de mañana ellas puedan construir un hogar digno de Cristo.

Mi restauración apenas empezó y sé que terminará el día en que cada uno de los dos sea llamado al encuentro con Nuestro Señor, la tarea no es nada fácil, pero quién dijo que lo verdaderamente valioso en esta vida es fácil. Gracias a todos mis hermanitos de JSMF, los testimonios de Nidia, las palabras de aliento de la Sra. Flor, de Francisco, Javier, María Mejía, fueron un bálsamo en medio de una encrucijada por el desierto, pero que al final terminó con un hermoso oasis lleno de amor, de valores y de recuerdos gratos que llevaré para siempre en mi existencia, gracias a ti Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, a ti Madrecita linda que estás en el cielo, a mis angelitos que velaron por mí y me levantaron tantas veces cuando pensé tirar la toalla, a los que todavía quedan esperando por su milagro, crean que así será, el día menos pensado como sucedió conmigo, ¡el día menos esperado!.

Lo único que se puede esperar de mi Dios es amor, porque Él nos ama inmensamente y quiere que todos sus hijos sean felices, aunque tengamos que pasar primero por un calvario, la verdad vale la pena. Gracias mil gracias. Quiero compartirles unas hermosas promesas bíblicas que mi Señor me dio en momentos de angustia y desesperación que sirvieron para aumentar y afianzar mi propósito de luchadora:

Isaías 41 10: “No temas, que contigo estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera.”

” 11: “¡Oh! Se avergonzarán y confundirán todos los abrasados en ira contra ti. Serán como nada y perecerán los que buscan querella.”

12 “Los buscarás y no los hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los que te hacen la guerra.”

Lucas 3 4 “Como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas;”

5 “Todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.”

1 Timoteo 3 2 “Es, pues, necesario que el que preside sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, 3 ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, 4 que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad.