Soy Guatemalteco, viví en infidelidad durante dos años y medio, estuve por dejar a mi esposa y familia por una mujer que el enemigo supo cómo enquistarla en mi corazón. Hice pasar por tormentos indescriptibles de dolor a mi esposa e hijos y yo mismo sufrí al estar preso de ese sentimiento que creí amor. Si sufrimos mucho, no podía dejar ese sentimiento, fui a un retiro con mi esposa y aun así volví a buscar a aquella mujer.
Mi esposa se encontró con JSMF y realizó todo lo que se le aconsejó en este bendito ministerio de ayunó más de 40 días, dobló las rodillas infinidad de veces, buscó la confesión y se alimentó con la Eucaristía, cambió su vida y su forma de ser conmigo y al final todo eso unida a Cristo fuertemente y a JSMF se logró que yo dijera un BASTA YA a esa relación de infidelidad.

Tuve que vivir un desierto para realizar una lucha contra ese sentimiento de pecado, no puedo describirles las noches de terror que pase con la voz del enemigo asediándome con sus mentiras, lloré a mares, rece el rosario muchas veces, Cristo me hablaba dándome fuerzas, duró esa batalla en mi desierto unos 15 días. Concluyó mi desierto con una confesión donde vi los ojos de Cristo en los ojos del sacerdote fue maravilloso, cumplí mi penitencia y el viernes de dolores en Semana Santa junto a mi esposa rezamos un rosario donde a cada décima entregaba a Cristo todos mis pecados, lujuria, mentiras, orgullo, vanidades, insultos, etc. Me flagelaba la espalda a cada décima y morí junto con Cristo el viernes a las 3 de la tarde, seguí en oración y penitencia toda la semana para resucitar con Cristo el domingo de Resurrección y ocurrió el milagro, sané ese sentimiento, Dios con su Misericordia sanó mi corazón de ese sentimiento.

Hoy Cristo ha renovado con un ¡vino nuevo nuestro amor! con mi esposa, el sacramento del matrimonio con la promesa hecha frente al Padre fue nuestra gran fortaleza, Cristo junto a mi esposa y a JSMF lograron sacarme del lodo del pecado. Les digo a todos los desesperados y desesperadas, mi esposa ¡creyó lo imposible!, para ¡Cristo no hay nada imposible!, no se rindan nunca, luchen, luchen, luchen, yo me rendí ante la lucha de mi bella y santa esposa, y ahora ¡soy inmensamente feliz a su lado!, vivo agradecido y mi mundo es mi esposa.