Este es mi tercer relato dentro del proceso de restauración personal. Los dos anteriores:

  • La Santísima Virgen de Guadalupe Intercesora
  • Nada es casualidad

En un momento de confusión y tristeza muy grande, cuando no solo la separación y la crisis matrimonial eran la constante en mi vida, también me acompañaba una difícil situación familiar muy dolorosa.  Para mi NO era claro, si mi madre y mis hermanos habíamos empezado a caminar en el Señor varios años atrás, por qué estábamos rotos, distanciados?, por que si todos conocíamos al Señor y no habíamos peleado unos con otros, por que tanta desunión y dolor?. Un día visité una psicóloga católica y al preguntarle si todos los acontecimientos que estaba viviendo eran normales, ella respondió: NO y debes dejarte guiar por un sacerdote. Para este entonces mi vida era un NUDO. Mi familia de sangre rota, no tenia amigos, mis hermanos en problemas cada uno,  problemas con mis hijos, problemas con mi esposo, etc. Llevaba ya varios años de haber iniciado mi proceso de conversión y entrega al Señor, pero todos los días algo nuevo se sumaba al dolor y confusión. Un día fui al Santísimo y dije NO puedo mas, y fui con mi confesor, quien me guió un hermoso proceso de sanación a través de la Eucaristía, el Santo Rosario y Visitas al Santísimo. Debía en cada encuentro Alabar a Dios aun en mi dolor y darle gracias por lo que me estaba permitiendo vivir, debía Adorarlo y estrechar con el Señor mi relación, debía abandonar en sus manos mis problemas y angustias y pedir con todo mi corazón sanará mi vida, mi historia, y me restaurara como mujer, madre, hija, esposa, servidora, como todo lo que soy. También debía pedir misericordia, reparar por los pecados de cada uno de los miembros de mi familia y pedirle a Dios por la situación particular de cada uno de ellos. En cada reunión con mi confesor, siempre me daba citas bíblicas y Salmos que me alentaban.

Dure 3 años en este precioso proceso de sanación, acudiendo con mucha frecuencia a la Eucaristía y al sacramento de la reconciliación, siendo muy obediente a lo que mi confesor me guiaba y pidiendo al Señor en cada Eucaristía sanara, restaurara mi historia y mi vida y reparando también por todos mis pecados y los pecados en mi familia.

Durante todos estos años, cada vez sentía opresión y angustia corría al Santísimo y salía renovada. Recitaba con mucha frecuencia la oración de Santa Teresa:

Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;

Fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Al finalizar el proceso vino el efecto dominó, el desenlace de la situación familiar y una lluvia de bendiciones para mi y mi familia. Enumero solo algunas de muchas bendiciones que recibimos:

1-  La bendición de volver a tener familia y reunirme de nuevo con mis padres y hermanos.

2- El perdón de mis padres y renovación de votos matrimoniales después de mas de 25 años separados y divorciados

3- El inicio de la conversión de mi padre

4- La bendición económica para mi familia y la Providencia Divina

5- El apoyo de mi esposo en diferentes situaciones difíciles para mi familia.

Tal vez hubiéramos imaginado otro final feliz de toda esta película, debo anotar que mi padre NO regresó a la familia con ramo de flores, serenata y de rodillas pidiendo perdón. La salud de mi padre era algo delicada, en este momento está cuadrapléjico y totalmente dependiente y mi madre con una enfermedad neurológica degenerativa. Mis padres ambos disminuidos en su salud, pero el Señor les dio una nueva oportunidad como esposos y familia y les dio una oportunidad de dejar atrás el pasado, perdonarse y vivir en paz sus últimos años de vida.  Los modos de Dios son diferentes a los modos humanos. La bendición de Dios es mas grande y hoy damos la Gloria a Dios como familia ante este milagro hermoso de restauración familiar.

Le pido a Dios todos los días la fortaleza para continuar en mi lucha por la restauración de mi matrimonio, y que podamos ser testimonio de su Amor e infinita Misericordia.