Autor: Padre Michael Ryan Grace, L.C

Un simple ejercicio que puede ayudar mucho para vivir una comunicación sana y positiva. Basta que cada pareja, de vez en cuando, tome el pulso de su comunicación emocional contestando a las siguientes preguntas: 1.¿Cuáles son las cosas que me gustan de ti? 2.¿Cuáles son las cosas que no me gustan de ti (cosas que me “molestan”)? 3.¿Qué es lo que creo que te gusta de mí? 4. ¿Qué es lo que creo que no te gusta de mí? ¿En qué cosas creo que te molesto? Sugiero que cada uno conteste por su parte y, después, intercambien lo que han escrito. En primer lugar, este ejercicio les dará la ocasión para decir de forma tranquila y oportuna lo que no les gusta, lo que les molesta. Cuando esto se hace con amor, con deseo de superación y con cierta frecuencia, muchas cosas se allanan y se evita la acumulación de “venenos”. No se trata de soñar con un matrimonio perfecto, donde nunca hay problemas. Siempre habrá piedrecillas en los zapatos. Pero se puede reducir bastante el número de los problemas. De lo contrario, los problemas se ven enormes o se acumulan tantos que toda la vida se oscurece. Haciendo frecuentemente este pequeño ejercicio descubrirán que, entre las 10 cosas que “molestan”, ocho son fácilmente eliminables. Las otras dos pueden ser más complejas. Pero ya sería una ganancia caminar con 8 piedrecitas menos en el zapato. No se trata de pensar en matrimonios perfectos donde no hay que hacer esfuerzos y sacrificios ni sufrir el uno por el otro. Pero sí creo que hay cosas que fácilmente se pueden corregir volviendo la vida más feliz y evitando problemas mayores. Además, con una vida más feliz, los esposos pueden dedicarse con más empeño a cumplir la gran misión que les corresponde como matrimonio. Al intercambiarse las respuestas sobre lo que “creen” que gusta o disgusta al otro pueden verificar si realmente se conocen bien o si hay malentendidos escondidos. A veces, creemos conocer a la personas que están cerca de nosotros y no es siempre verdad. Al menos es lo que nos dan a entender las personas que aportaron los siguientes casos. Yo conocí un marido que creía que todo andaba perfectamente bien porque él se consideraba un hombre trabajador. Pero había muchas otras facetas que olvidaba y que disgustaban a su esposa. Una mujer se consideraba una excelente esposa porque era buena madre, hacendosa, etc. pero su marido tenía muchos resentimientos por ciertas actitudes de ella respecto a sus familiares y al buen uso del dinero. A continuación se pone un cuadro que puede ayudar a entender cómo podría funcionar este intercambio de gustos y disgustos. Esperamos que resulte un buen remedio para las goteras. No hay una receta mágica para las dificultades de la vida, pero sí hay maneras en que la carga puede ser más ligera. En el matrimonio, en concreto, un pequeño cambio, una mejoría aparentemente insignificante puede cambiar el clima que rodea la pareja. Yo conocí el caso de una pareja que había perdido el hábito de despedirse con cariño en la mañana y saludarse con afecto cuando se volvían a encontrar por la tarde. Después de una renovación matrimonial se propusieron revitalizar esos dos momentos del día. Muchas otras cosas buenas sucedieron en consecuencia de ello, y toda la familia sintió el cambio. Esto se debe también a que la vida está formada por la repetición de actos. El efecto producido por el mejoramiento de uno solo se potencia precisamente por su repetición. Ahora bien, todo lo que se repite tiene el peligro de volverse rutinario, en el sentido de perder su gusto, su alma. La primera vez nos deja un impacto fuerte. Después, no nos impresiona más. Por eso, es necesario identificar aquellos aspectos de la vida matrimonial que nunca deben perder su capacidad de impactar. Una vez identificados, la pareja debe poner medios para devolverles continuamente su vitalidad. Esto se hace por medio del diálogo, de sorpresas agradables, de cambios de ambiente, etc. A veces, necesitamos una inyección de energías espirituales. No olvidemos que el amor tiene su fuerza más grande en el alma. Si ésta es débil, nuestro amor peligra. Para concluir quisiera transcribir una cita que refleja excelentemente bien el espíritu con que un matrimonio debe luchar por una buena comunicación. “El amor feliz se manifiesta no como un estado de gracia original, del que no queda más que gozar toda la vida, sino como una construcción continua. Teniendo como base el sentimiento, hay que reforzarlo con una inteligente comprensión y con decididos esfuerzos para resistir a las tentaciones del camino, para vencer sus dificultades y sus obstáculos, sobre todo para ascender, con el sacrificio parcial de su egoísmo y el don de sí mismo al consorte, hacia las cimas luminosas de un entendimiento bueno y cordial, de afecto profundo, de una alegría y de una dicha común, incluso el amor feliz sabe de crisis. Tiene sus momentos de adormecimiento, sus cansancios, sus desfallecimientos ocasionales, sus enfermedades. Los esposos saben que la vida y el amor son un largo cortejo de salud y de enfermedad, de gustos y de renuncias, de roces y de acuerdos, de éxitos y de fracasos, de esperanzas y de inquietudes, de felicidad y de sufrimientos. Pero haber trabajado y sufrido juntos, haber caminado largo tiempo emparejados por la ruta de los años, haber adquirido con los años una filosofía más sana de la vida, todo esto da a su amor de hoy una serenidad, una sencillez, una profundidad que es el fruto de la sabiduría. No se hallan desengañados de su amor: a lo largo de los días, él fue en el fondo, y a pesar de todo, su mejor riqueza.