El proceso de restauración de una familia se inicia desde el momento en que el luchador decide abrir su corazón a Dios, y a partir de ahí dejar que sea El quien conduzca a una nueva vida. Es por eso que el primer paso recomendado para restaurar una familia es Jesús y yo. Porque es necesario que renazcamos en el espíritu como nuestro Señor Jesús le indicó a Zaqueo, de esta manera vamos dejando atrás aquel hombre viejo o mujer vieja que nos mantenía lejos del camino de santidad al que hemos sido llamados cuando nos creó el Señor y ese abandono se refiere a dejar de hacer lo que no debemos, y procurar hacer lo que sí debemos, conforme el Señor va sanando nuestras heridas y va llenándonos de su amor, es cuando comprendemos que la oración desesperada que en principio hacíamos por nuestro cónyuge para que nos perdonara, para que volviera a casa, para que dejara a tal o cual persona, esa oración se va convirtiendo de una oración obsesiva o angustiada, a una oración confiada y bondadosa en la que pedimos por nuestros pródigos para que el Señor tenga misericordia de ellos, los sane, los salve y los libere. Cuando se van conjuntando los eventos dentro del plan de Dios para la salvación de nuestra familia, es que el señor permite el reencuentro y lo que muchas veces llamamos restauración, que lo es, pero en realidad es un reencuentro que permite dar un paso más hacia la restauración familiar. Reencontrarnos viviendo nuevamente como familia, y en la nueva perspectiva de vida que el Señor nos ha ido mostrando durante nuestra conversión, nos enfrenta a una nueva fase de lucha. Erróneamente se puede asumir que al regresar el esposo, o que la esposa permite nuevamente la convivencia, todo volverá a ser felicidad como cuando nos casamos, asumiendo que Dios ya hizo todo el milagro y que a nosotros solo nos resta cosechar las mieles del milagro, por supuesto que la mano de Dios está presente en ese reencuentro y en todo lo que nos permite vivir día a día dentro de su Voluntad, sin embargo, como dice la escritura: “Todo tiene un tiempo, hay un tiempo para destruir y hay un tiempo para construir”, así que hemos de empezar un proceso lento de reconstrucción de todos aquellos puentes que fueron destruidos por los meses y años de pleitos, pecado y el haber dejado a Jesús afuera de la casa esperando en la puerta. Si has sentido la presencia de Dios en tu vida, más ahora que le has abierto la puerta, podrás ir percibiendo que es Dios quien te va guiando en esta nueva etapa de tu familia, pero hay muchas heridas que sanar, muchos puentes que reconstruir, mucho amor que reencontrar. Has pensado ¿por qué dios te llamó a ti primero a la conversión? Pero dentro de su plan de salvación de tu familia, tú fuiste elegida y mira la misericordia de Dios en ese llamado. Yo lo llamo, un llamado para ser preparados para la prueba, porque la prueba de amor recién está iniciando.

La fase anterior, cuando había separación, era la de la fe en Dios y no lo que veían tus ojos; la de la esperanza en la misericordia y providencia de Dios, y no en lo que el mundo nos presenta. Pues bien, ahora se ha iniciado la fase del amor. Y quisiera resumírtelo en una instrucción tácita del Señor, en el Antiguo Testamento; retomada por Jesús en el evangelio, y recordada por San Pablo en sus epístolas: “pagar mal con bien”. Solo el amor de Dios puede sanar las profundas heridas del pecado. Solo el amor de Dios puede reconstruir los puentes derrumbados por el odio y el rencor. Solo el amor de Dios puede hacer renacer amor humano en los corazones, donde fue arrumbado bajo capas de pecado, odio, rencor y abandono y no hay mayor muestra del amor de Dios que actuar como El actúa con nosotros. ¿Acaso Dios no nos ama a pesar de nuestra continua tendencia hacia el pecado? La misericordia de Dios, tal como nos describe el evangelio de hoy en Mateo 25, 31 46, se manifiesta plenamente en la virtud de la caridad, la reina de las virtudes y fundamento de nuestra iglesia católica. Así como tuvimos que poner nuestra fe y esperanza en Dios, en que sólo Él podría hacer que nuevamente nuestra familia se reencontrara, así también debemos ahora poner en la misericordia de Dios, toda nuestra convicción para trabajar en la recuperación de nuestra familia. Sin embargo, en esta etapa, nosotros jugamos un papel más relevante.

Sí, debemos seguir manteniéndonos hincados ante el Santísimo mucho tiempo, pero ahora estamos llamados a trabajar hombro con hombro con Jesús en nuestro hogar y no es sino con el amor misericordioso de Dios manifestado en la virtud de la caridad, la manera en cómo debemos vivir esta nueva etapa de la familia. No esperes a que tú esposo o esposa te muestre amor, comprensión, respeto en la misma medida que tú le das. Tu esposo apenas está conociendo el amor de Dios por medio de ti, tú conociste el amor de Dios cuando lo aceptaste de nuevo en tu vida, por eso es que debemos pagar mal con bien, amar sin ser amados, comprender sin ser comprendidos, “porque el amor todo lo aguanta, el amor todo lo cree, el amor todo lo espera, el amor todo lo soporta”. Si estás buscando la guía para vivir el paso 3 del plan de Dios en JSMF, lo encontrarás en 1corintios 13,4 8. Solamente cuando comprendemos que debemos amar como Dios ama, tal como San Pablo define a Dios en el amor y al amor en Dios, es cuando podemos saber que vamos caminando en la dirección correcta. ¿Se te hace difícil?, recuerda en cada momento lo que Dios le contestó a Pablo: «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad» 2º carta a los corintios, 12,9. Persevera, tal como nos pidió nuestro Señor Jesús, no te canses de amar, no esperes recompensa en lo que haces por tu familia, pues como nos dijo nuestro Señor Jesús en el sermón de la montaña, así de grande es la recompensa reservada para aquellos que cumplen con la Palabra del Señor. Anímate pues en el nombre del Señor.

Dios nos bendice. Coordinación JSMF.