Juan 2: Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús; 2 y también Jesús fue invitado, con sus discípulos, a la boda. 3 Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. 4 Y Jesús le dijo: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto? Todavía no ha llegado mi hora. 5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que Él os diga. 6 Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de la purificación de los judíos; en cada una cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde. 8 Entonces les dijo: Sacad ahora un poco y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, y como no sabía de dónde era (pero los que servían, que habían sacado el agua, lo sabían), el maestresala llamó al novio, 10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el vino bueno, y cuando ya han tomado bastante, entonces el inferior; pero tú has guardado hasta ahora el vino bueno. 11 Este principio de sus señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en El.

Estoy segura queridos hermanos, que este pasaje es uno de sus preferidos, así como es uno de los míos, pues implica muchas, pero muchas cosas hermosas. En principio, Jesús es invitado a una boda y asiste, de esta manera honró, de hecho, las bodas entre el hombre y la mujer, recalcando, implícitamente, que es algo bello, querido por el Creador y por Él bendecido.

Segundo, estaba ahí María, la cual le dice a su hijo ‘ya no tienen vino’. Es decir, expresa su preocupación por esa situación, esperando una intervención que la resuelva. Más precisamente, según algunos exégetas, mamita espera un signo extraordinario, dado que Jesús no disponía de vino. La opción de María, que habría podido tal vez conseguir en otra parte el vino necesario, manifiesta la valentía de su fe, porque hasta ese momento, Jesús no había realizado ningún milagro, ni en Nazaret ni en la vida pública. Nuestra madre querida una vez más dando ejemplo de fe y para alegría y fortuna nuestra, como siempre, interviniendo, abogando por nosotros ¡y nada más y nada menos que en una boda! Esto es, segundo punto, a favor nuestro. Posteriormente, cuando Jesús contesta: “Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti?”, desea poner la cooperación de María en el plano de la salvación que, comprometiendo su fe y su esperanza, exige la superación de su papel natural de madre. Mucho más fuerte es la motivación formulada por Jesús: “Todavía no ha llegado mi hora.” Aun así, realiza el milagro. Esto nos dice que la confianza de María en su hijo es premiada. Jesús, al que ella ha dejado totalmente la iniciativa, hace el milagro, reconociendo la valentía y la docilidad de su madre. En ese momento nuestra madre hace una exhortación: “Haced lo que Él os diga.” Aquí nos incita a demostrar una confianza sin vacilación, aun cuando no se entienda el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide, además de que nos invita a la obediencia. Esto es hermanos, confianza y obediencia. Es entonces cuando Jesús dice: ‘Llenad las tinajas de agua’. Y las llenaron hasta el borde. Vemos que los hombres a los cuales Jesús les pide que llenen las vasijas en ningún momento se niegan, sino que inmediatamente lo hacen, Dios quiere que seamos obedientes y que las cosas deban de hacerse inmediatamente. Así, también la obediencia de los sirvientes contribuye a proporcionar vino en abundancia. Ahora yo te pregunto querido hermano: ¿Confías plenamente en que tu matrimonio será restaurado? ¿Estas siendo obediente a la voz del Señor? ¿De verdad crees que Jesús necesitaba que los sirvientes llenaran las tinajas de agua? ¡Claro que no!! El Todopoderoso podía haber aparecido el vino en las tinajas sin necesidad de nada. Sin embargo, Él quiere que pongamos de nuestra parte, que trabajemos en lo que necesitamos. ¿Estás llenando tus tinajas de agua? ¿Estas llenándolas con el agua del amor, del perdón, de la oración, de la fe, de la obediencia, de tu verdadera conversión? a pesar de que Jesús le dice a su madre ‘todavía no ha llegado mi hora’ realiza el primer milagro, y ahí se manifiestan la grandeza de la fe de la madre y la fuerza de su oración. Con esto nuestro padre nos quiere decir: “ora con fe” es decir ¡ora con fe, creyendo que los cielos se abren para ti cuando elevas tu oración, pues la oración de todos los luchadores tiene ¡poder! y finalmente hermanos lo más increíblemente hermoso, convierte el agua en vino, pero no en cualquier vino, ¡no! en el mejor vino, en el más fino. Tanto así que el maestresala exaltó su exquisitez. Pues hermano, prepárate. Ora, cree, se obediente, espera y tu matrimonio se restaurará. Pero no tendrás un matrimonio como el de antes, o como cualquier otro. Tu matrimonio será mucho, mil veces mejor que el que tenías, que el que estas esperando. Tenemos como Padre al Dios Todopoderoso, el no hace milagros a medias. Nunca, nunca le ganaremos al Señor a dar. Tenemos de nuestro lado a nuestra madre que fue capaz de arrancar el primer milagro ¡y precisamente en una boda! cuando el vino se había acabado. Ese mismo vino que se acabó en nuestro matrimonio, ese vino de amor, de fidelidad, de atención, de donación. Ese vino que convertimos en hiel, en violencia, en infidelidad, en desaliento y que acabó destruyendo nuestra familia. No temas hermano querido, Dios transformará tu agua en vino, así lo debes de creer, pues en los momentos más difíciles debemos aferrarnos a las promesas que el señor nos ha dado y de esta manera salir victoriosos de en medio de la tribulación o temporal que haya venido. Aleluya por nuestra madre, que intercede y aboga por sus hijos. Aleluya por nuestro Padre que nos ama y que tiene el poder de convertir lo más sucio, lo más triste, lo más detestable en un suceso en el cual finalmente daremos ¡gloria! porque hermanos ¡El señor sacará del lodo las piedras de tu vida y las convertirá en perlas! en el mejor vino, en el vino que quizá nunca hayas probado. Amén. Miembro de JSMF.